En Taiwán, se cierne una posible guerra de rapiña imperialista

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Entre el viernes 5 y el domingo 7 de agosto, las tensiones entre China y Taiwán pasaron a acciones militares de parte y parte; el gobierno de Pekín ordenó ejercicios militares en el estrecho de Taiwán, al parecer simulando una posible invasión a la Isla, en retaliación por la presencia de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de representantes del gobierno de los Estados Unidos, a la isla, y quien en otras ocasiones ha expresado, tanto a título personal, como en nombre del gobierno yanqui, su apoyo a la independencia total de la Isla de Taiwán.

Los simulacros involucraron algunas de las armas más nuevas y sofisticadas de China, incluidos cazas furtivos J-20 y misiles hipersónicos DF-17, y que algunos misiles podrían dispararse sobre la isla, una medida que sería extremadamente provocativa. Los ejercicios no tienen precedentes ya que se espera que los misiles convencionales del EPL vuelen sobre la isla de Taiwán por primera vez. Las fuerzas del EPL entrarán en áreas dentro de las 12 millas náuticas de la isla y la llamada línea media dejará de existir.

Así lo reportaron en varias cadenas de noticias en la internet, mientras que por su parte, Taiwán desplegó fuerza antiaérea y tropas como respuesta a las acciones de provocación de Pekín, contando además con el apoyo de las fuerzas militares del gobierno yanqui, que mantiene más de 5 bases militares en tierra y mar en varios países cercanos a China; además los crecientes y provocadores movimientos bélicos de fuerzas yanquis en el mar meridional de China.

Según varios analistas, Estados Unidos está implementando la estrategia contra el imperialismo chino aumentando su influencia en la región pacífica mediante acuerdos comerciales con los vecinos de China y aumentando su “ayuda” militar a esos países, amenazados por el expansionismo chino, algo así como una guerra fría entre dos potencias. Las operaciones militares yanquis han ido escalando alrededor de las fronteras del imperio chino, y todo apunta a que las tensiones sean cada vez más fuertes, siendo así, otro frente de disputa interimperialista que amenaza con una reacción que sería devastadora para la humanidad, ya que cualquiera de esos países poderosos tiene la posibilidad de llevar a un nivel de confrontación militar que victimice no solo a pueblos de naciones oprimidas, sino acciones militares que tengan como blanco directo a regiones de países más poderosos. No es descabellado, insistir en que la posibilidad de una tercera guerra mundial está pendiendo de un hilo; los imperialistas y sus gobiernos y socios lacayos están urgidos de un nuevo reparto del mundo, y lo que menos les importa es preservar la vida de los pueblos y la conservación de la naturaleza.

En esa perspectiva, es que se debe enmarcar lo que está pasando en Taiwán. De la misma manera que los yanquis se le meten al “patio trasero” de los rusos a través de Ucrania, a los chinos les pisan los talones a través de la isla de Taiwán, aprovechando las divergencias entre la Isla y el gobierno central de China, un conflicto histórico, ya que la isla se ha caracterizado por una trayectoria de inestabilidad y ambigüedad política; en 1895, Japón tomó el control sobre la isla luego de su triunfo en la primera guerra chino-japonesa; para luego tener que ceder su control tras ser Japón derrotado en la primera Guerra Mundial, y pasar nuevamente el control sobre la isla a manos de China con el consentimiento de los aliados de Estados Unidos y el Reino Unido. Inestabilidad que se mantuvo en la isla, incluso con el triunfo de la revolución proletaria en China, ya que Taiwán se convirtió en el refugio de la burguesía derrotada en 1949, los jefes del Kuomintang, convirtieron a Taiwán en su fortín y declararon a la isla como la real república china.

Las contradicciones entre la China continental y Taiwán son de diferente carácter luego de que la nueva burguesía retomó el poder tras la muerte de Mao Tse Tung. Durante el período de la China socialista, los comunistas no renunciaron a la posibilidad de que el pueblo de la isla pudiera llegar a formar parte de esa portentosa transformación revolucionaria, una meta que desafortunadamente no pudieron lograr en harás de emprender la construcción de la nueva China y en medio de grandes confrontaciones en la arena internacional como la guerra de Corea que inició en 1950 y donde tuvo que intervenir China; así como los movimientos militares del imperialismo yanqui en respaldo a los reaccionarios enclavados en Taiwán.

Con la restauración del capitalismo, luego de 1976, las tensiones entre Pekín y Taipéi, fueron tomando nuevos ribetes, destacándose la dominación de gran potencia China sobre el pueblo de Taiwán, tomando fuerza la frase célebre de “un país, dos sistemas” mostrando la catadura reaccionaria del nuevo poder como bien lo expresó Deng Xiaoping: La mayor parte de China debe continuar bajo el socialismo, pero se permitirá la existencia del sistema capitalista en algunas áreas como Hong Kong y Taiwán. Abriendo un grupo de ciudades del continente dejaremos entrar algún capital extranjero, el cual servirá como suplemento a la economía socialista y ayudará a promover el desarrollo de las fuerzas productivas socialistas.

https://www.marxists.org/espanol/deng/1984/junio22.htm

China es ahora un país no solo capitalista hasta la médula, sino una potencia imperialista; y Taiwán es un contendor de peso en la economía mundial, calificada como “una isla tecnológica”, allí operan 400 empresas de alta tecnología y China es uno de sus principales consumidores, siendo por ejemplo el principal cliente de chips de alta gama; Todo el mundo tiene en sus consumidores, productos “made in Taiwan”, y esa joya es un botín que los gringos no quieren dejarle al imperio chino. Además, porque la posición estratégica en términos comerciales es crucial, siendo “el estrecho de Malaca por donde transita el 60% del tráfico marítimo del mundo”.

Las hordas asesinas imperialistas se coluden en el Pacífico poniendo en evidencia que el mundo es un campo minado donde pueden oprimir el botón para desencadenar guerras reaccionarias, que fácilmente pueden escalar hasta una guerra mundial imperialista; y para ello, solo hay una posible y objetiva salida hacia el porvenir de la humanidad, impedir a toda costa el inicio de esas guerras, y de desencadenarse, poner todas las energías en transformarlas en guerras revolucionarias, pues para la humanidad, solo es viable la destrucción violenta del Estado reaccionario y la edificación del camino ya mostrado por Rusia y China: El socialismo.

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