Triunfo de la insurrección armada en Rusia: ¡Todo el poder a los soviets! Parte 1

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La ciencia marxista auguró la caída del sistema capitalista a manos del levantamiento obrero, la destrucción del “Estado moderno” y la instauración de la dictadura del proletariado, como única forma y vía para permitir el tránsito de la humanidad hacía una nueva sociedad comunista. En 1917 en Rusia tal pronóstico tomó forma en los soviets de obreros campesinos y soldados.

La experiencia práctica del naciente movimiento obrero europeo, la forma de derrumbamiento violento del viejo sistema tuvo su historia y desarrollo, pasando de las huelgas económicas y políticas a la lucha de barricadas y grandes levantamientos e insurrecciones como ocurrió en toda Europa en el año 1848, con cuya fuerza el movimiento obrero hizo tambalear las monarquías, hasta llegar a la forma más acabada mediante la insurrección en la Comuna de Paris en 1871.

Marx como buen teórico y científico del movimiento obrero sentó las bases de los principios que rigen la insurrección, principios extraídos del combate y derrotas del movimiento obrero europeo. Tal forma de lucha fue la que heredaron los bolcheviques quien con Lenin a la cabeza, fueron quienes estudiaron seriamente las brillantes enseñanzas sintetizadas por Marx y las aplicaron a las condiciones rusas: un país con un desarrollo capitalista industrial considerable, pero que visto en relación a sus congéneres europeos, se encontraba décadas atrás en desarrollo, por cuanto presentaba rezagos feudales que se manifestaban en el régimen político zarista, aunque un marcado desarrollo capitalista que décadas atrás de la revolución venía disgregando la comunidad campesina y diferenciando las clases sociales en el campo, es decir, entre campesinos pobres y campesinos ricos o “kulaks”. Rusia era además un país imperialista que subyugaba a varias naciones débiles y se disputaba en la escena política y económica su dominio junto a otros países poderosos, como el imperio Austrohúngaro, el imperio Otomano (Turquía), y Alemania. En Asia su principal rival era Japón.

La agudización extrema de las contradicciones económicas, sociales y políticas ocasionaron la insurrección obrera de 1905, la cual demostró ser la única forma viable de derrotar al zarismo; su fracaso se debió tanto a condiciones objetivas como a las vacilaciones de los mencheviques y la división del partido en dos alas, es decir, debilidades en las condiciones subjetivas de la revolución. Aun así dejó la experiencia de los Soviets como órganos del nuevo poder popular para derrotar y sustituir el viejo Estado autocrático, una forma práctica de desarrollar la dictadura del proletariado.

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Aprendiendo de la derrota de la revolución de 1905 los bolcheviques comprendieron la importancia de desarrollar trabajo revolucionario en las filas del ejército zarista, a fin de facilitar el paso de sus bases obreras y campesinas en el momento decisivo al lado de la revolución, o de no ser posible, neutralizarlas y desmoralizarlas; aprendieron además a no vacilar frente a una crisis revolucionaria y pasar a la ofensiva con la insurrección una vez las condiciones estuvieran dadas, es decir, una vez las masas se insurreccionan, tomar las armas con firmeza y actuar con rapidez y audacia.

Los bolcheviques continuaron a su vez el trabajo en los centros industriales, la forma más eficaz para garantizar la parálisis de la producción, con ello la parálisis de toda la sociedad; de igual manera comprendieron la necesidad de crear las milicias obreras, las cuales en 1905 habían salido al escenario; dichas milicias deberían encargarse de tomar el control en las fábricas y realizar las acciones armadas que garantizaran no solo derrumbar el viejo poder, sino garantizar y defender el nuevo poder popular; además los bolcheviques comprendieron la importante necesidad de desarrollar el trabajo en el campo, apoyarse en la alianza obrero campesina como única forma de garantizar una victoria segura.

La primera guerra mundial agudizó todas las contradicciones de clase en el mundo, puso a la humanidad en un callejón sin salida que facilitó el trabajo de los bolcheviques, quienes en el mismo estallido de la guerra, no solo se opusieron a ella, sino que desplazaron parte de sus fuerzas para hacer trabajo revolucionario desde las mismas trincheras y primeras líneas de fuego, a fin de transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria.

El año 1917 fue un año de intensa actividad revolucionaria en los frentes de guerra, caracterizado por el desgaste material y moral de todos los ejércitos imperialistas en guerra; se derrumbaban las alianzas internacionales de los bandos imperialistas, cada quien procuraba salir bien librado de la carnicería, incluso a costa de sus tratados y alianzas.

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La autocracia zarista, tambaleaba y se veía inmersa en una profunda crisis a todos los niveles, incapaz de gobernar y de mantener cohesionados a su corte de burócratas y funcionarios, se desmoronaba poco a poco. El descontento por los millones de hombres mutilados, asesinados, de viudas y niños huérfanos, que con la hambruna y extensas jornadas de trabajo que oscilaban entre 14, 16 o más horas acumuló el descontento necesario para desatar la revolución de febrero en 1917, la cual inició con una serie de huelgas económicas y políticas desarrolladas por las trabajadoras fabriles que ganaron rápidamente la simpatía de los soldados y marinos, siendo vilmente reprimidas por las balas asesinas de los destacamentos fieles al zarismo en las calles, con decenas de muertos. La represión aceleró el levantamiento popular que derrumbó al Zar en un solo día, rápidamente las masas volvieron a crear y organizar los Soviets en pocos días y se formó un “gobierno provisional” dominado por los jefes de los partidos burgueses y de la pequeña burguesía reformista (mencheviques y socialrevolucionarios) quienes en acuerdo con representantes del zarismo comenzaron a maniobrar para desmovilizar a las masas y a citar a una Asamblea Nacional Constituyente, manteniendo los acuerdos secretos militares y políticos internacionales con el fin de garantizar la continuación de Rusia en la guerra. Los soviets más importantes del país eran el de San Petersburgo y Moscú, en su mayoría, influenciados por los mencheviques.

Las masas padecían la superexplotación y la hambruna, los muertos seguían acumulándose y las masas ya habían dado los primeros pasos en la lucha, en ese escenario las necesidades más sentidas se pudieron agrupar en tres consignas: “Pan, paz y tierra”. Una consigna incapaz de garantizar por el régimen burgués. Los bolcheviques iniciaron así una campaña sistemática de educación y de explicación paciente a las masas sobre la necesidad de que ellas mismas comprendieran la necesidad de hacerse con el poder político y rematar los restos de dominio de las clases dominantes que aún se mantenían en el poder, fue un tiempo de trabajo revolucionario caracterizado y orientado por las “Tesis de Abril” de Lenin; un periodo de equilibrio estratégico entre las fuerzas de la revolución y de la reacción. En aquel periodo, el partido bolchevique ejecutó una intensa campaña propagandística para conquistar la mayoría en los Soviets, orientada en la necesidad de que todo el poder pasara a manos de los soviets para garantizar la paz, el pan y la tierra.

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John Reed, en su magistral obrera Diez días que estremecieron al mundo, relata así aquel periodo:

Los bolcheviques han vuelto a recuperar ese lema tan querido por las masas; ¡Todo el poder para los soviets! Recogieron el simple deseo de trabajadores, soldados y campesinos y, desde ahí, construyeron su programa inmediato. De esa manera, mientras los “defensistas” y socialrevolucionarios se comprometían con la burguesía, los bolcheviques rápidamente cautivaron a las masas rusas. En julio eran perseguidos y odiados, para septiembre los trabajadores y metropolitanos, los marinos de la flota del Báltico y los soldados han sido ganados casi totalmente para su causa.

A mediados de septiembre los lugartenientes más fanáticos al Zar, principalmente mandos del viejo ejército, socorridos por los industriales del país armaron un bloque para dar un golpe de Estado conocido como la korniloviada, denominado así por su instigador el general Kornilov, el autoproclamado dictadorzuelo que pretendió reestablecer el antiguo orden. Muerto de susto, el gobierno provisional corrió a buscar la ayuda de los bolcheviques, quienes ya sabían del peligro que implicaba para la revolución el golpe de Estado de la reacción; por tal motivo se prepararon para resistir y desbaratar la tentativa de golpe de Estado. Los sindicatos del sistema ferroviario y los trabajadores que operaban los trenes se encargaron de sabotear el transporte de los destacamentos encargados de dar el golpe de Estado, y una vez algunos destacamentos militares golpistas lograron llegar a la capital, los mismos soldados se negaron a disparar sobre los obreros y las masas sublevadas, lo que dio fin al golpe de Estado: una victoria para la revolución y para los bolcheviques.

Desde mediados de septiembre dentro del partido ya se había comenzado a discutir seriamente el problema de la insurrección armada pues el gobierno provisional también había perseguido a los bolcheviques e ilegalizado sus imprentas, además a mediados de 1917 selló con una masacre una multitudinaria marcha que sacudió todo el país, el mismo gobierno provisional puso sobre la mesa de discusión la necesidad de derrocarlo por la fuerza de las armas, por la vía de la insurrección.

Otro hecho que aceleró la caída y aumento la impotencia del gobierno provisional fue la negativa a firmar una paz separada con Alemania; traicionando el compromiso de sacar a Rusia de la guerra, una vez llegado al poder, el gobierno de Kerensky emprendió una ofensiva militar de gran envergadura contra Alemania; cómo era de esperarse dicha ofensiva fracasó por varias razones, entre ellas, la baja moral y desgaste en las tropas, falta de avituallamiento y munición, falta de unos objetivos claros y de una conciencia común dentro del ejército sobre la necesidad de dicha ofensiva; la catástrofe fue tan grande, que aumentó vertiginosamente la indignación dentro de los soldados, quienes comenzaron a agitar en masa las consignas bolcheviques: “¡Pan, paz y tierra!” y “¡todo el poder a los soviets!”. El problema de la paz se agudizó aún más por la noticia acerca de que los países aliados estaban buscando una paz separada con Alemania a expensas de Rusia, lo que significaba que de concretarse, Rusia debería enfrentarse sola contra el imperialismo, siendo éste el peor de los escenarios posibles.

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En la medida en que las clases poseedoras perdían paulatinamente su poder a manos de la imparable marcha de la revolución, el gobierno provisional llegó a plantearse la derrota a manos de los alemanes, permitiéndoles que tomarán control sobre Petrogrado, hecho que obligó a los bolcheviques a actuar contra reloj para salvar al país y la revolución no solo de la reacción interna, sino del mismo imperialismo alemán. Aun así, emprender y organizar la insurrección era una tarea titánica y audaz, requería de una labor organizadora inmensa frente a la cual no había sitio para vacilar. La fecha de la insurrección fue meticulosamente planeada haciéndola coincidir con un nuevo Congreso de los Soviets de toda Rusia. Lenin, el jefe de la revolución aseguró:

El 6 de noviembre sería demasiado pronto. Es necesario que la insurrección se apoye en toda Rusia. Ahora bien, el 6 no habrán llegado aún todos los delegados al Congreso. Por otra parte, el 8 de noviembre sería demasiado tarde. En esa fecha, estará organizado el Congreso y es difícil para una gran asamblea constituida tomar medidas rápidas y decisivas. Es el 7 cuando debemos proceder, o sea, el día de la apertura del Congreso, a fin de poderle decir: «Aquí está el poder. ¿Qué vas a hacer con él?»

Precisamente los soviets no habían tenido aún su congreso, la dualidad de poderes entre las clases dominantes agrupadas en el gobierno provisional y las masas agrupadas en los soviets llegaba a su fin, los bolcheviques planeaban tomar el poder mediante la insurrección e inmediatamente entregárselo al congreso de los soviets en el preciso momento que estos sesionaban, una medida astuta y audaz para asegurar el poder y que las masas organizadas en los soviets (que existían a las principales del país) le dieran una patada a la burguesía y la destronaran del poder. Efectivamente así ocurrió.

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