Prepararse para el inevitable estallido social

Prepararse para el inevitable estallido social 1

En medio de la asquerosa farsa electoral, de los escándalos y mutuas acusaciones de las campañas de los candidatos a ocupar la Casa de Nariño, no dejan de llover las críticas, recriminaciones y calumnias de los intelectuales burgueses y, sobre todo, de las voces del oportunismo contra los comunistas, por negarse a seguir la corriente y rechazar el engaño orquestado por los parásitos explotadores, para tratar de mantener el orden establecido velando la profunda crisis económica, social y política en que se hunde el país.

Por todos los medios, los defensores de la explotación asalariada y de la mentirosa y mutilada democracia burguesa se empeñan en convencer al pueblo de que votando puede cambiar su situación y de que es mejor contener su descontento ante la perspectiva de la violencia y el “horror” de un nuevo levantamiento popular o una guerra civil. Una perspectiva que aterra a la burguesía porque inevitablemente acabaría con sus privilegios, y asusta a la democracia pequeñoburguesa y el oportunismo que, ignorantes de la dirección histórica de la sociedad, sueñan con volver al capitalismo naciente, empeño reaccionario de retornar la rueda de la historia como si ello fuera posible.

De la mano con ese peligroso engaño, silencian los preparativos de una nueva escalada de guerra contra el pueblo 1 , para la cual han añadido tanquetas aprovisionadas con proyectiles Venom –estrenadas en el 2021–, 145 tanques de guerra M1117–ASV suministrados al régimen por el gobierno del demócrata Biden representante de los imperialistas yanquis; ha aprobado estímulos materiales para moralizar y ganar la confianza de las humilladas y desprestigiadas tropas de la policía y el ejército, ajustando la cadena de mando para garantizar su fidelidad al sector mafioso y paramilitar; venta de fusiles a la “gente de bien” para reforzar el armamento de las mesnadas paramilitares en las ciudades… en fin, mientras la burguesía se arma hasta los dientes para enfrentar y aplastar con la violencia reaccionaria la inconformidad social, todos los politiqueros llaman a la cordura en la vana pretensión de “controlar” la rebelión popular conduciéndola por el cauce de la institucionalidad burguesa, como si fuera posible impedir el estallido que enfrentará nuevamente los polos antagónicos de la sociedad colombiana: el pueblo trabajador y la clases parásitas explotadoras y su Estado.

En una situación así, los comunistas tienen la obligación de decir toda la verdad así sus posiciones no sean “populares” y causen escozor incluso en sectores revolucionarios, dirigentes y compañeros luchadores que han sido seducidos por el embrujo de las elecciones y siembran sus esperanzas en que un gobierno de Petro puede cambiar la situación del pueblo. Y decir toda la verdad es advertir a los activistas revolucionarios y jefes naturales de la clase obrera y de los hermanos campesinos, que deben prepararse para que el inevitable nuevo estallido social o levantamiento popular avance a una insurrección que destrone a sus enemigos y establezca un nuevo gobierno suyo, único que puede resolver la angustiosa situación creada por la explotación mundial imperialista.

Es obligación decir que sea quien quede en la presidencia no podrá resolver el problema de la explotación asalariada y la dominación semicolonial imperialista, causas profundas de la crisis de la sociedad colombiana. Ni siquiera Petro, así quisiera, podrá llevar a cabo las promesas reformistas de su campaña, porque cualquier medida a favor del pueblo se estrella contra el muro de la sacrosanta propiedad privada sobre los grandes medios de producción, que necesitan y deben ser expropiados a los capitalistas y entregados como propiedad social al pueblo.

Un problema que solamente puede resolverse por medio de una revolución violenta, que se proponga destruir todo el poder político de la burguesía, los terratenientes y los imperialistas. En palabras del Programa para la Revolución en ColombiaDestruir con la violencia revolucionaria de las masas, el Estado opresor y explotador, destruirlo con todo su ejército –militar y paramilitar–, con toda su policía, con todo su aparato gubernamental de politiqueros y funcionarios, con todos sus jueces y carceleros, con todos sus curas, brujos y pastores.

La revolución violenta, la guerra popular, la insurrección, no es un deseo voluntarioso o un invento de los comunistas, sino una necesidad histórica que se abre paso por sí misma, como han demostrado las guerras de resistencia, las guerras populares, las insurrecciones, las huelgas políticas y los levantamientos populares en todo el mundo durante los últimos años, y en Colombia desde el 2019, como consecuencia de la agudización de todas las contradicciones del sistema capitalista imperialista moribundo.

Si los choques violentos entre las clases son inevitables y la revolución es la tendencia del movimiento, es obligación de los comunistas y revolucionarios estudiar y comprender las nuevas formas de organización y de lucha ideadas por las masas, que contribuyen al avance revolucionario para hacerlas conscientes y generalizarlas entre el pueblo, con el propósito de que los próximos combates, estallidos o levantamientos populares, avancen lo más posible en la perspectiva de la insurrección y la revolución socialista.

Por tanto, el proletariado consciente y los revolucionarios necesitan tomar con firmeza las tareas inaplazables que destaca el momento, si de verdad aspiran a marchar a la vanguardia dirigiendo a las masas y ansían cambiar de raíz la sociedad. Tales tareas ya fueron planteadas por Revolución Obrera 2 y resumidas en el Programa Inmediato 3 propuesto en mayo del año pasado en medio del levantamiento popular, pero ahora adquieren una mayor importancia.

Construir el Partido Comunista Revolucionario, como destacamento organizado de vanguardia de la clase obrera, es la tarea más importante e imprescindible, pues sin él no puede triunfar la insurrección ni la revolución socialista; por cuanto la clase obrera y los campesinos una y otra vez serán engañados, desviados del camino y verán burladas sus aspiraciones por los enemigos y los reformistas, falsos amigos del pueblo.

Construir ese Partido exige hoy más que nunca la unidad de los comunistas que deben proponerse trabajar mancomunadamente en las tareas de preparación de las masas para la insurrección, marchar a un Congreso de fundación del Partido y a la realización de la Conferencia Internacional unificada de los marxistas leninistas maoístas.

Concretar la alianza obrera campesina, por cuanto esta es la fuerza principal de la Revolución, que debe atraer a la lucha a todas las fuerzas partidarias de cambiar el sistema capitalista basado en la explotación del trabajo por un nuevo sistema socialista basado en la cooperación de los trabajadores.

Una tarea que en el transcurso de la lucha se ha venido forjando, uniendo la minga campesina e indígena al bloqueo de las principales vías, a la destrucción de los odiados peajes y al paro, a las manifestaciones y combates en las ciudades. Alianza que se ha manifestado en las Asambleas Populares y constituyen a la vez las formas embrionarias del nuevo poder popular.

Las Asambleas son la forma de ir construyendo desde ahora el gobierno del nuevo Estado donde los obreros y campesinos sean los dueños del poder construido de abajo hacia arriba, legislativo y ejecutivo al mismo tiempo, elector de sus representantes por democracia directa de los trabajadores, con funcionarios asalariados como los obreros.

Garantizar el armamento general del pueblo para que el nuevo poder político de los obreros y campesinos pueda hacer realidad la abolición de la explotación, expropiar a los expropiadores, socializar los grandes medios de producción y la liberación del país del yugo imperialista. Los obreros y campesinos armados deben ser los dueños y administradores de toda la producción social.

En tal sentido, los Grupos de Choque o Primeras Líneas, así como las Guardias, Milicias Obreras y Populares creadas por las masas, han demostrado su eficacia para enfrentar con éxito las fuerzas asesinas estatales y paramilitares, pero se hace necesario prepararlas y organizarlas mejor, y generalizarlas, ya no solo para enfrentar la violencia reaccionaria con la violencia revolucionaria de las masas, sino con el propósito de derrotar y destruir el aparato armado de los enemigos mediante la insurrección.

A su vez, no basta con prepararse para el combate directo a las hordas armadas del enemigo, se debe completar esta tarea con un intenso trabajo de agitación y propaganda en las filas de las fuerzas militares enemigas para desmoralizarlas, aislar a los mandos superiores y hacer que una parte de sus efectivos se pasen al lado del pueblo sometiéndose a las decisiones de las Asambleas Populares.

La Unión Obrera Comunista (mlm) llama a sus cuadros y militantes, a los demás comunistas, a los revolucionarios, a los dirigentes y activistas del pueblo trabajador a acometer sin demora estas grandes tareas que determinarán el rumbo de la sociedad colombiana en los próximos combates y en el inevitable estallido social que se avecina. Prepararse y preparar a las masas para pasar del estallido social a la insurrección y a la revolución, ha dejado de ser una previsión para convertirse en una tarea de orden práctico.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
13 de junio de 2022

Citas

1 Según la ONG [Indepaz], durante el gobierno de Duque, desde el 7 de agosto de 2018 al 4 de junio de 2022, la guerra contra el pueblo ha cobrado la vida de 930 luchadores populares, 245 excombatientes de las Farc, y perpetrado 261 masacres que dejaron 1.144 víctimas.

2 ¡El pueblo debe prepararse para gobernar!

3 ¡Por un Gobierno de los Obreros y Campesinos, no de los Explotadores!

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