Día Internacional de la Mujer Indígena: un llamado a la lucha y organización

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Hoy, 5 de septiembre de cada año, se conmemora el Día Internacional de la Mujer Indígena, fecha que se instauró en 1983 en el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América realizado en Tiahuanacu, Bolivia. Hoy se recuerda la lucha de millones de mujeres que, a través de los años resistieron y en muchos casos, vencieron la brutal embestida de las potencias conquistadoras en diferentes partes del mundo. Este día, especialmente se conmemora la lucha liderada por Bartolina Sisa, una valiente guerrera aymara, “pueblo indígena originario de América del Sur que habita la meseta andina del lago Titicaca desde tiempos precolombinos, extendiéndose entre el noroeste de Argentina, el occidente de Bolivia, el norte Grande de Chile y el sureste del Perú.”, siendo mayoría en lo que hoy se conoce como Bolivia.

Una breve historia sobre Bartolina Sisa

Bartolina Sisa, que nació el 25 de agosto de 1750 en la provincia Loayza del departamento de La Paz, fue una gigante en la lucha contra los invasores españoles, que llegaron a América Latina a apropiarse de los recursos naturales (oro, plata…), a imponer sus costumbres, religión, idioma, mediante el uso de la fuerza, de las violaciones sexuales, esclavitud, de la violencia brutal y desmedida, de las enfermedades foráneas, aprovechando su ventaja tecnológica en el desarrollo del armamento de fuego y uso de perros adiestrados y caballería, lo que les permitió al final, someter a los pueblos indígenas a sus designios. Sin embargo, la resistencia indígena fue grandiosa, valerosa, fueron pueblos que no se doblegaron dócilmente ante el poderío de los invasores y Bartolina Sisa fue una gran dirigente en muchas de esas sublevaciones. Fue una mujer que viajó a diferentes territorios gracias a que sus padres vivían del comercio de la coca y de la tela. Se independizó a los 19 años de sus padres y conoció muchos pueblos, comunidades, minas, cocales y con ello vio con sus propios ojos la humillación y sometimiento del que eran víctimas las comunidades indígenas.

Bartolina sabía montar caballo, manejaba el kurawa (onda) y el fusil. Fue compañera sentimental de Julián Apaza (Túpac Katari -nombre de guerra-), también comerciante de coca y que estuvo dos años en el trabajo forzado en la mita en las minas de oro de Oruro. Ambos, fueron nombrados Virreina y Virrey respectivamente del Inca. Con esa autoridad, Bartolina organizó campamentos militares durante la sublevación en El Alto, en Chacaltaya; en Killi Killi; en el Calvario; en el valle de Potopoto y en las alturas de Pampahasi. En 1781, Bartolina fue apresada, traicionada por algunos de sus acompañantes que habían entrado en contacto con los españoles y que finalmente la entregan con la promesa de ser indultados, lo que finalmente no sucedió. En prisión es torturada para que diera información sobre los indígenas sublevados, pero ella no revela ningún dato. Túpac Katari intenta infructuosamente liberarla, incluso, trató de intercambiarla por un cura y hasta por él mismo, pero los españoles se negaron a hacerlo. Finalmente, Túpac también fue capturado, gracias a la traición del primo de Bartolina que era su hombre de confianza.

Las clases dominantes no tienen piedad con los rebeldes que se oponen a sus designios y organizan la sublevación popular. El 14 de noviembre, Túpac Katari fue descuartizado en público y Bartolina Sisa fue obligada a presenciar ese brutal hecho que ocurrió en la plaza de Peñas. El 5 de septiembre de 1782, Bartolina fue atada a la cola de un caballo y arrastrada, hasta que finalmente murió. (Con información de https://podion.org/es/protagonistas/Mujeres/quin-fue-bartolina-sisa-y-por-qu-se-le-recuerda-en-esta-fecha).

La mujer indígena en Colombia

En Colombia, la mujer indígena es constantemente víctima de todo tipo de violencia y racismo por parte del Estado burgués-terrateniente, de los grupos armados que ejecutan la guerra contra el pueblo, de la discriminación educativa, laboral, en salud, de sectores atrasados de la sociedad que los menosprecia y también en algunos casos, de agresiones intrafamiliares. Basta recordar, entre otras, cómo fueron violadas y asesinadas por ejemplo, Yuliana Samboní; la niña embera violada por siete militares en Puerto Rico, Risaralda; o la niña wiwa de 13 años asesinada por militares del Batallón La Popa y pasada por guerrillera… para el Estado, la mujer indígena sólo existe para ser objeto de violaciones sexuales, destierro, despojo y asesinato.

Destacamos la valentía de las mujeres indígenas que aportan a la economía de sus hogares con la elaboración de todo tipo de artesanías; de la mujer indígena cabeza de familia que saca adelante a sus hijos cuando sus compañeros son asesinados en medio de la brutal guerra con que las clases dominantes someten al pueblo colombiano; de esas mujeres que por medio de la palabra transmiten el conocimiento invaluable de los pueblos indígenas de generación en generación.

Levantamos las reivindicaciones de los pueblos indígenas, que sólo por medio de la lucha directa podrán conquistar por ejemplo, la paz que les garantice vivir en sus territorios; una educación que incluya su cultura y dialecto para transmitirlo por generaciones; una formación para el trabajo manual e intelectual en contra de la discriminación que condena, sobre todo a las mujeres indígenas, a vivir de las limosnas que reciben en los semáforos de las grandes urbes mientras tocan algún instrumento musical; financiamiento por parte del Estado para que puedan cultivar y comercializar variedad de productos agrícolas que los despojen del monocultivo de sicotrópicos impuesto por los grupos armados debido a la brutal guerra contra el pueblo que padecen; un sistema de salud que incluya sus saberes ancestrales, entre otras que deben ser construidas de la mano de los pueblos indígenas.

Un llamado a la organización consciente

El comunismo revolucionario en Colombia llama a las mujeres indígenas a que se sumen a la importante y necesaria tarea de construir un movimiento revolucionario de las mujeres, lo antes posible, un Movimiento que recoja las reivindicaciones más sentidas de las mujeres y las llame a movilizarse revolucionariamente por su emancipación de las cadenas del capital de la mano de toda la clase obrera. La mujer indígena en su día, que es de lucha, está llamada a considerar seriamente su organización, no sólo gremial, sino en la organización que las llame a luchar, a desatar su iniciativa para enfrentar el capitalismo, fuente de todas las desigualdades y opresiones que a diario tienen que confrontar. Las invitamos a que estudien y lean el Programa para la Revolución en Colombia, a que lo complementen con sus aportes, estamos dispuestos como organización a aprender de ustedes, de sus luchas, de su experiencia, de sus saberes.

Acá están sus hermanos de clase, unamos esfuerzos para transformar la realidad y allegar el día de la victoria del trabajo social, emancipado de las pesadas cadenas que hoy le impone el capital a la mayoría de la sociedad.

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