Las elecciones y la conciencia reformista

Las elecciones y la conciencia reformista 1

Ese reformismo es absolutamente incompatible con el marxismo revolucionario, que está obligado a aprovechar, en todos sus aspectos, la presente situación revolucionaria en Europa para hacer una prédica directa de la revolución, del derrocamiento de los gobiernos burgueses, de la conquista del Poder por el proletariado armado, sin renunciar ni negarse a las reformas, para el desarrollo de la lucha por la revolución y en el curso de la misma. Lenin

Las Asambleas Populares en Colombia sirvieron como un primer ensayo para que las masas comenzaran a experimentar por sí mismas el ejercicio de la democracia popular para resolver los problemas más asfixiantes que agobian su existencia: Asambleas Populares barriales, sectoriales y nacionales para tratar de definir una estrategia para canalizar la rebeldía de las masas y encontrarle una solución a la agobiante realidad. Miles de propuestas se lanzaron en mesas de discusión en un país que se encuentra al borde del colapso económico, social y político. Aun así, sin importar si las propuestas eran serias, bien elaboradas o mediocres, la democracia popular servía para que las masas se ambientarán y expresarán todo lo que sentían, para que en el transcurso mismo de esa nueva experiencia aprendieran a exigir sus reivindicaciones a través de la lucha directa y con independencia de los partidos politiqueros y el Estado. En la necesidad de crear un Nuevo Poder.

Sin embargo, los reformistas al organizar y tratar de dirigir las Asambleas Populares Nacionales, aprovechando la ventaja en recursos e infraestructura sobre pequeñas organizaciones revolucionarias o de masas aún descoordinadas, trataron de maniobrar y canalizar el movimiento para que encausará todas sus filas hacia la cercanas elecciones en Colombia, con un resultado no tan positivo para los reformistas, quienes no pudieron imponer las banderas de las elecciones en las asambleas, pero también de los revolucionarios que no pudieron canalizar las asambleas para derrocar al régimen mafioso.

En el reflujo actual del movimiento, de parte de los reformistas se han podido diferenciar dos posturas que coinciden con su naturaleza y composición social: se pueden diferenciar los burócratas y las bases de las organizaciones de masas. Los burócratas se mueven en la esfera de los acuerdos electorales, las mesas de negociación y concertación con el gobierno del que reciben financiación en muchas ocasiones y aspiran u ocupan alguno que otro puesto en el Estado; al contrario, las bases sí sufren en carne propia las adversidades de la crisis social y política, ven la necesidad de luchar y organizarse para salir a las calles debido a su situación material de miseria y hambre, saben que no bastan las elecciones de cada 4 años para enmendar su situación, que no pueden contar con el factor tiempo de sus ahítos dirigentes, viéndose obligadas a salir a las calles y luchar, realizar marchas y bloqueos pacíficos, denunciar la “negligencia” de los funcionarios del Estado y demás.

La cercanía de esos dirigentes con el aparato de dominación de los explotadores y sus propias aspiraciones personales, hace que las organizaciones de masas por ellos dirigidas se conviertan en correas de fácil transmisión de las ideas reformistas en el movimiento de masas; por tanto, cuanto más grande y fuerte es el movimiento, con mayor profundidad y amplitud se deben refutar y destruir sus ideas nocivas dentro del movimiento popular, siendo esta una de las tareas fundamentales de los comunistas, cuya labor debe orientarse ahora a aislar esa perniciosa influencia.

Sin embargo, dentro de los marxistas existe también su corriente oportunista, y son quienes haciéndose pasar por seguidores de dicha ciencia, pretenden allanarle el camino al reformismo y encausar la lucha por lo que muchos denominan “combinación de todas las formas de lucha”, entre sus argumentos más estructurados encontramos: “el socialdemócrata Petro puede mejorar el panorama y facilitar la lucha popular”. “Derrotar al Uribismo en las urnas es un paso en la marcha de la revolución”. “Ahora la lucha es en las urnas”.

Todo aspecto de la marcha de la revolución, toda táctica para un momento determinado de la lucha, exige el análisis concreto de la situación concreta, encontrando los medios y las formas que permitan con mayor facilidad y sencillez educar a las amplias masas sobre la necesidad de su organización independiente y del derrocamiento del gobierno burgués.

Los bolcheviques en la Rusia zarista (donde no existía la democracia burguesa sino la monarquía) debieron participar de la Duma (especie de parlamento) en un momento en el que las amplias masas campesinas creían y confiaban que podrían encontrar su liberación de la servidumbre mediante la legislación parlamentaría; suceso acaecido después del fracaso de la insurrección en 1905 hasta la revolución de octubre. Los bolcheviques que participaron en la Duma no se caracterizaron por ser los mejores “funcionarios” ilustrados que chillaban desde las tribunas parlamentarias por el “perfeccionamiento del parlamento”, por la legislación y radicación de grandes leyes, sino por usar el parlamento como tribuna para destruir y sepultar el mismo parlamento, para denunciar las maniobras de las clases dominantes y su falsa democracia, para denunciar el zarismo y su títere parlamento.

Los marxistas en Rusia sabían que la lucha del pueblo con independencia del mismo Estado y los partidos de las clases explotadoras, lograría alguna que otra reforma, el despido de algún vil funcionario corrupto cebado por la miseria de las masas o la derogación de alguna ley nociva; conquistas que se hacían por la lucha directa de las masas y su presión, lucha no reglamentada ni controlada por ley o estatuto alguno, sino por directa iniciativa de las masas mediante su ingenio y esfuerzo, lucha que en ciertas condiciones obligaba al Estado a legislar a su favor.

Solo en ese sentido actuaron los bolcheviques y nunca al revés; es decir, pusieron siempre la lucha revolucionaria de las masas como el aspecto decisivo para alcanzar las reivindicaciones populares y utilizar el parlamento para destruirlo desde adentro, y no en el sentido reformista de “luchar” desde el parlamento para que el Estado maniobrara y tratara de regular y legislar cuanto aspecto padeciera y menoscabara los derechos al pueblo ruso.

La necesidad de la independencia y la lucha directa es lo que diferencia el verdadero marxismo del oportunismo de todo cuño; es decir, la lucha por reformas no es un fin en sí mismo, sino un resultado secundario e inevitable de la lucha revolucionaria de las masas, de la marcha ascendente de la revolución. A su vez, aprovechar el parlamento como tribuna para destruirlo y no para perfeccionarlo. Igualmente, persistiendo en educar, hacer conscientes y generalizar las propias formas de organización creadas por iniciativa de las mismas masas, para ejercitar el control de la administración pública y para que ellas conquisten y ejerzan el poder, es otra forma en que se diferencian profundamente la táctica revolucionaria de la reformista.

Ahora bien, retornando al ejemplo de Colombia, cuanto la sociedad vive dominada por una forma especial de Estado burgués a través de un régimen mafioso y paramilitar, en donde el desprestigio de todas las instituciones del Estado es generalizado, en donde el abstencionismo electoral es un hecho histórico y una actitud política del pueblo frente al Estado y no una aseveración voluntariosa, el problema de las elecciones debe enfocarse en concretar el camino más corto y fácil para elevar la conciencia de las masas populares en la necesidad de destruir esa máquina de dominación; es decir, de cómo transformar la abstención electoral en actuación política consciente revolucionaria: “De la abstención al boicot electoral”.

La realidad mundial muestra que la tendencia principal y lucha de los trabajadores en el mundo es hacia las huelgas políticas, en la lucha directa en las calles por mejoras y derogación de leyes nocivas, preludios de grandes insurrecciones populares y revoluciones en el mundo.

También la realidad mundial es testigo de cómo cada vez que ha subido un gobierno socialdemócrata al poder, fruto de la maniobra de los reformistas aunado por la necesidad de las clases dominantes de “apagar las llamas de la rebelión”, los intereses y anhelos de las amplias masas populares que se levantaron en lucha han sido burlados y frustrados: México, con AMLO como presidente, no dejó de ser el mismo Estado manejado por la mafia; los países del mal llamado “socialismo del siglo XXI” no escaparon a la crisis mundial del sistema y la situación de miseria y hambre generalizada en esos países no es distinta a la de sus vecinos llamados “neoliberales”, según su jerga; en Colombia si Petro llega a la presidencia, la mafia no va a perder el poder, ni va a desmovilizar sus ejércitos, como tampoco van a dejar el negocio de los psicotrópicos, ni la guerra que este produce se va a cambiar por paz.

La descomposición misma del sistema y la monopolización de todos los aspectos de la vida social a través del poder económico y del Estado, han condicionado tanto la misma política estatal para que sus gobernantes no tengan algún tipo de maniobra o de “viraje radical” desde el interior del mismo Estado. Hoy más que nunca es palpable como los políticos y gobernantes de turno son marionetas de la banca, el sistema financiero y los grandes capitalistas, donde cualquier socialdemócrata que llegue allá, por muy voluntarioso y capacidades que tenga, no dejará de ser su marioneta; cuando más un administrador de los negocios comunes de los capitalistas.

La conciencia reformista es una nociva influencia dentro del movimiento de masas que retarda la revolución y prolonga la vida del sistema.

“Los partidarios de reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo, mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de estas o aquellas clases dominantes. Y, para vencer la resistencia de estas clases, solo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, educar y organizar para la lucha a las fuerzas que pueden – y por su situación social, deben – formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo”. Lenin

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