El “Pacto Histórico” No le Sirve al Movimiento Sindical

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En estos momentos de campaña electorera los politiqueros de la izquierda oficial se inventaron un nuevo “Pacto Histórico” que según ellos se propone “cambios profundos a la estructura de poder del estado”, “vida y trabajo digno”, entre otras aspiraciones; que supuestamente alcanzarán conquistando la mayoría en el parlamento y la presidencia de la república. Lo que presentan ahora como “pacto histórico” es un acuerdo entre liberales, socialdemócratas y falsos revolucionarios; es un acuerdo electoral entre sectores de la burguesía y la pequeña burguesía, solo que ahora se presenta como alternativa al régimen uribista, como ya se denunció enRevolución Obrera.

Según ellos desde el Estado actual se puede hacer una transformación radical en beneficio del pueblo colombiano, cuando en realidad llevan más de medio siglo diciendo y haciendo lo mismo, y lo único que han logrado es engañar a los trabajadores, contribuyendo con ello a postrar el movimiento sindical a los designios de los capitalistas.

Con ese engaño las sedes sindicales se convirtieron hace años en centros de la politiquería burguesa y de campañas electoreras, desnaturalizando las organizaciones obreras. Se convirtió en algo normal la vergonzosa práctica de que las centrales sindicales y los grandes sindicatos destinen los fondos para financiar campañas politiqueras (para la reelección del asesino Juan Manuel Santos la CUT aportó 100 millones de pesos, solo por poner un ejemplo) mientras no hay dinero para la lucha independiente y la solidaridad con los trabajadores en lucha o despedidos, se les niega el apoyo o solo se acompañan para guardar la formalidad.

Por desgracia, la dirección predominante en el movimiento sindical todavía encuentra respaldo en las juntas directivas de organizaciones que han tenido una importante tradición de lucha, pero ahora se suman a la politiquería burguesa difundiendo la mentira de que el trabajo digno, el fin de la violencia contra el pueblo, etc. se van a lograr en el parlamento burgués y siendo parte del Estado burgués, olvidando que todo lo que han conquistado los trabajadores ha sido mediante la lucha directa, con la huelga y la movilización revolucionaria en las calles.

Se suman al engaño cuando le ocultan a las bases que las decisiones de los gobernantes, independiente del color que se pinten e incluso de las posibles buenas intenciones personales que tengan, obedecen a las órdenes impartidas por el imperialismo a través de organismos como la OCDE, el FMI, el BM y de los grandes capitalistas monopolistas colombianos. El engaño consiste en desmovilizar a los trabajadores para luchar desde abajo contribuyendo en la preparación de un real Paro General Indefinido donde se paralice la producción en todo el país, para darles donde les duele a los capitalistas… abandonando el camino de la lucha para llevar a los asalariados detrás de politiqueros enemigos del pueblo como Roy Barreras y Armando Benedetti.

Engañan cuando desvían la atención y los esfuerzos de los explotados y oprimidos de la necesidad de organizar una dirección desde abajo y con independencia de clase, no desde el burócrata Comité Nacional de Paro que se autonombró dirección, justamente para apagar la lucha y no confrontar al régimen mediante el Paro, sino apostándole todo a los debates inservibles de la bancada de oposición en el parlamento, mientras que son los de abajo quienes aguantan hambre en esta pandemia: hambre que ronda en los hogares de los miles de trabajadores despedidos que han sido abandonados a su suerte por esas burocracias, hambre que ronda en las viviendas de los millones de desempleados y refugiados en las ventas ambulantes, hambre que solo padece el pueblo más de abajo… hambre que no conocen esos dirigentes burócratas, cebados con las migajas que les dejan caer los capitalistas a cambio de sus favores.

Pero el engaño mayor consiste en sembrar ilusiones en que desde el Estado burgués, terrateniente y proimperialista se alcanzará la democracia para el pueblo, la igualdad, la paz y la liberación de la dominación imperialista. Es ocultar que la desgracia del pueblo colombiano no es de ahora cuando el gobierno se encuentra en manos de la mafia como dicen los defensores del “pacto histórico”, sino que durante toda su existencia el Estado burgués en Colombia ha sido una máquina al servicio exclusivo de los intereses de los explotadores nacionales y extranjeros; un Estado que cuenta con su pilar central, las fuerzas militares y paramilitares encargadas de defender a sangre y fuego los privilegios de los capitalistas y ahogar en sangre todo intento de rebeldía de las masas populares, como enseña la historia de masacres como las bananeras en 1928 y el asesinato sistemático de luchadores populares desde antes.

Por supuesto que los trabajadores deben participar en política; pero no en la política burguesa como proponen los defensores del “pacto histórico” sino en la política obrera, empezando por hacer que las organizaciones sindicales se conviertan en escuelas de socialismo; es decir, se conviertan en parte inseparable de la lucha general de la clase obrera por su emancipación definitiva; mejor dicho los sindicatos deben ser escuelas para organizar, preparar y entrenar a los asalariados para la lucha por destruir el poder del Estado burgués y construir el poder de los obreros y campesinos.

Los verdaderos dirigentes obreros deben comprender que hoy nuestra clase esta huérfana de un verdadero partido que se proponga dirigir la revolución social y política que destruya todo el poder del capital. Construir ese partido es la principal necesidad y la tarea política más urgente de los obreros conscientes; una tarea que ningún politiquero hará, así se diga de izquierda, sino que recae en quienes en realidad representan los intereses y aspiraciones de los proletarios.

Pensar y participar en política obrera significa hoy contribuir a forjar ese destacamento de vanguardia de la clase obrera capaz de dirigir la lucha revolucionaria del pueblo para destruir el Estado burgués y sobre sus ruinas construir el nuevo Estado de obreros y campesinos, como enseñó la Comuna de París. Donde todos los funcionarios sean removibles en cualquier momento por el pueblo en asambleas populares, donde los salarios de esos funcionarios sean iguales al de un obrero común y donde las nuevas instituciones estatales sean legislativas y ejecutivas al mismo tiempo. Un nuevo Estado que garantice con la democracia directa y la fuerza del pueblo armado que la producción social sirva realmente a la sociedad, no como hoy en el capitalismo donde unos pocos holgazanes se apropian de todo lo producido.

Los verdaderos dirigentes de la clase obrera están llamados a luchar porque las organizaciones sindicales se conviertan realmente en centros de lucha y en escuelas de socialismo científico que contribuyan a la formación de los trabajadores para que comprendan que no basta reconocer la lucha de clases, sino en comprender que esta lucha de clases es antagónica, y por lo tanto no permite ninguna conciliación con el enemigo de clase; por consiguiente exige organizar la lucha con independencia de los partidos burgueses y del Estado, no marchar a la cola de los politiqueros liberales y socialdemócratas que hoy desde el “pacto histórico” solo engañan al pueblo trabajador proponiendo miserables remiendos a este inmundo sistema de hambre, terror y muerte que debe ser sepultado para siempre.

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