Memorias de un Obrero de Base Sobre el Sindicalismo Burgués

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Trabajé en una gran fábrica por varios años. Me vinculé por la convicción revolucionaria de que encontraría en aquel lugar la mejor trinchera para construir las células de Partido tan necesarias para superar la impotencia política de los comunistas revolucionarios en Colombia. Allí conocí un gran activista sindical, que un año antes lo había visto en una manifestación del Primero de Mayo con la bandera de su organización. Era uno de los fundadores del sindicato. Más tarde me enteré que tenía formación política por parte del MOIR, una organización oportunista que enseña a los trabajadores a cuidar la producción nacional burguesa, a concertar con los enemigos y a velar por la propiedad privada y el poder de los capitalistas. Pero además tenía una influencia más de izquierda por parte de su suegro, quien era un viejo luchador campesino del sur del país, afín a las ideas del comunismo.

El peso de las ideas socialdemócratas de conciliación y concertación, el desprecio que estas infunden en las masas y en sus organizaciones, la exaltación a la actividad del individuo en las organizaciones sindicales y la forma burguesa que condenó a este tipo de organizaciones obreras a que fuesen meras personerías jurídicas, reforzaron en este dirigente ideas erróneas contra la organización y sus compañeros.

El activista al que me refiero, vio que la empresa había arruinado la salud de la mayoría de trabajadores, que los abogados cobraban hasta un 30% y más por conseguir el reconocimiento de las enfermedades profesionales de los obreros; entendió que podía luchar él mismo por aforar trabajadores con problemas de salud y sacarle partido a esto como un negocio propio.

El compañero tuvo la idea de que lo que había aprendido en materia de defensa legal y de reconocimiento de enfermedades profesionales era su mérito, que no partía de la ayuda de sus camaradas, que como masa de trabajadores tuvieron la valentía de formar el sindicato. No valoró que los derechos de las organizaciones sindicales y los tiempos para que sus directivos hicieran actividad era algo peleado con sangre por el movimiento obrero. Entonces creyó que era su conocimiento, su tiempo y capacidad, no el mérito de la organización que lo resguardó de la voracidad del capital y luchó por destacarlo como dirigente.

Por ello, después de conocer las ideas de la independencia de clase de los sindicatos, de las ideas del comunismo revolucionario respecto a las masas, que pregona ser fieles y desinteresados sirvientes de éstas, no altaneros capataces e interesados vividores, más bien optó por mirar por encima del hombro a sus compañeros y hacer negocio con sus tragedias. Buscó alianzas con conocidas organizaciones politiqueras como el Polo Democrático y otras de la pequeña burguesía interesadas en cabalgar sobre los hombros de los obreros.

El dirigente descontaba al sindicato el tiempo y los viáticos para interceder por los trabajadores frente al Ministerio de Trabajo y demás organismos del Estado, a su vez que también lo hacía con el compañero favorecido cuando obtenía resultados en sus gestiones. Como una vulgar copia de los abogados, él practicaba algo parecido, era el caudillo del sindicato y a su vez un fiero luchador contra cualquier otro obrero que quisiera destacarse como dirigente.

Pero este no es un caso fortuito. Innumerables casos se han presentado donde magníficos dirigentes obreros terminan aspirando o convirtiéndose en abogados burgueses para sacar provecho de los trabajadores, sin las incomodidades de enfrentar jornadas laborales duras y salarios miserables ¿Por qué no lo podía hacer entonces este activista?

El sindicalismo independiente de nuevo tipo dice que los trabajadores son la más grande fuerza existente y solo ellos movilizados nos darán la victoria, porque parte del principio de que las masas son las hacedoras de la historia, que el trabajo de la clase obrera es la principal fuente de toda riqueza y que el proletariado es la más importante y revolucionaria fuerza social. Por ello las organizaciones y dirigentes que adoptan esta posición concentran su trabajo en elevar el nivel de conciencia de los trabajadores y fortalecer su organización. El sindicalismo burgués por el contrario, aprovecha la desmovilización e ignorancia de la base oprimida, para monopolizar su dirección y aprovecharse del poder que da esta condición; practica que es el individuo el centro de la organización y que hay que salvarse a sí mismo pasando por encima de los camaradas.

El sindicalismo revolucionario habla de ser primeros en los sacrificios y últimos en los beneficios, porque parte de que las masas son el factor decisivo y a ellas se deben los dirigentes. El sindicalismo burgués hace ver que lo decisivo son los individuos, que la clase social más importante es la burguesía y que por ello lo mejor es conciliar y concertar con ella, hacer carrera de político burgués en su Estado opresor y vivir cómodamente como una copia de parásito social, sacando adelante las aspiraciones individuales.

Los resultados prácticos de estos caminos saltan a ojos vista: se impuso el sindicalismo burgués y el movimiento sindical agoniza, reduciéndose a su mínima expresión, no haciendo nada eficaz para evitar el desangre de más de 3000 miembros de este movimiento asesinados en las últimas décadas y sus más valiosas conquistas que costaron años de lucha sacrificada se perdieron.

En estos momentos el compañero de que hablo, tan pronto el grupo capitalista que fue su patrón pudo aislarlo y hacer impotente la lucha de resistencia de los obreros, le aplicó el mismo látigo que a sus semejantes de contrato temporal, término fijo y los que no tenían fuero sindical, quienes también pasaron por esa empresa, por lo que no le sirvió de nada lo que había aprendido del sindicalismo burgués para defenderse solo y salvarse a sí mismo. Todos entonces perdieron; nadie se ha podido salvar y en curso viene una nueva reforma que pretende acabar con la estabilidad laboral reforzada que impide el despido por incapacidad laboral permanente producto del trabajo.

Quienes antes se creían protegidos por la legislación laboral y los derechos constitucionales de la burguesía, hoy están peligrando ante la profundización de las reformas en su contra. La organización sindical que se refundó producto del intento de unidad entre los trabajadores sin estabilidad con los viejos vinculados directamente, se debate en seguir dependiendo de los juristas y de los buenos oficios de concertar con sus voraces administradores, o abrazar sin reservas el camino de la lucha de clases.

Pero existe una brillante perspectiva compañeros, y es que mientras haya opresión habrá resistencia. Los obreros deben entender por experiencia propia que si los viejos y enfermos obreros no luchan de la mano de los jóvenes y sanos trabajadores, uniéndose firmemente, sacrificándose entre sí, abriendo la organización sindical para todos, entonces están perdidos. Porque ni el Ministerio del Trabajo, ni las normas laborales internacionales, ni la política dizque humana y social de los pulpos económicos para quienes trabajan, los podrá salvar del despido.

Los obreros son una misma clase y por esto deben luchar unidos, no solo en la empresa (los contratados directamente y los que no, los sindicalizados y no sindicalizados), sino hermanados con obreros de otras fábricas, ramas de la producción e incluso de la mano del pueblo colombiano por la huelga política de masas y por la revolución socialista. Y esto lo deben hacer porque tienen idénticos enemigos, que los atacan desde el gobierno, desde el Ministerio, desde las administraciones de las fábricas, etc. Y porque los obreros también comparten idénticos objetivos de lucha, que son sus reivindicaciones inmediatas y futuras de acabar con la opresión y explotación.

Esta es una historia que es muy común y de ella debe aprenderse para enderezar la actuación de las organizaciones sindicales por el camino de la lucha de clases, de la defensa de los intereses particulares pero también generales de los trabajadores, proclamando la independencia de clase, abrazando sin reservas la lucha directa, poniendo la organización sin celo alguno, al servicio desinteresado de todos los trabajadores y uniéndola al pueblo colombiano que lucha por la preparación de la huelga política de masas a nivel nacional, que busca parar la ofensiva de las clases dominantes y dar un nuevo respiro al movimiento obrero, para seguir luchando por la emancipación definitiva.

Un obrero de base.

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