Para dar fin a la violencia contra la mujer hay que abolir la explotación

Para dar fin a la violencia contra la mujer hay que abolir la explotación 1

Como casi todas las fechas importantes de la lucha de las masas, los estamentos burgueses, como la ONU, se abrogan el que son ellos los que amablemente las decretan, cuando ha sido por lo fuerza de los mismos hechos que se ven obligados a adoptarlas y declararlas días mundiales. Así fue con el Primero de Mayo, Día Internacional de la Clase Obrera, declarado por la II Internacional Comunista; el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, adoptado por un congreso de mujeres socialistas, y el 25 de noviembre, Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer, impulsado por un congreso de mujeres latinoamericanas, realizado en Bogotá en 1981, para recordar el vil asesinato cometido por la dictadura de Rafael Trujillo contra las tres hermanas Mirabal, revolucionarias de República Dominicana.

Cada 25 de noviembre el movimiento femenino y todas las fuerzas progresistas y revolucionarias han realizado importantes jornadas de denuncia contra la violencia hacia las mujeres, perpetradas por sus parejas, familiares, patronos, y los Estados, así se autodenominen muy democráticos.

Así mismo, cada año las diferentes organizaciones y colectivos exigen mayores políticas públicas, educación, inversión y medidas para luchar contra una plaga que se acrecienta llevando a las mujeres a no sentirse seguras en ninguna parte y a que de conjunto la sociedad sea degradada y limitada para avanzar y progresar, cuando la mitad de esa sociedad, que por ahora garantiza la continuidad de la especie, está siendo asesinada, violada, humillada, superexplotada, minimizada y aplastada.

Los diferentes tipos de violencia sufridas por las mujeres, desde la violencia intrafamiliar, la sexual, la perpetrada por los capitalistas y su Estado, tienen un mismo origen y se sustentan en él: la propiedad privada. Aquella que cuando surgió en la sociedad convirtió a las mujeres en propiedad de los hombres, aquella sobre la que se sustenta el sistema capitalista, quien somete a la inmensa mayoría de la población a la explotación para beneficiar a una minoría, dispensando miseria, degradación moral y violencia contra aquellos que osan luchar contra esas desigualdades, como ocurrió a las hermanas Mirabal, torturadas a manos del Estado por atreverse a levantar la voz.

Con ese panorama, no basta con exigir al Estado de los capitalistas políticas de protección para las mujeres, mientras desde sus medios de comunicación reproducen a diario su ideología de mercantilizarlas; mientras esa máquina de opresión defiende la actual familia como una unidad económica que reproduce a su interior la sociedad burguesa, donde el obrero se comporta como el patrón ordenando y disponiendo sus esclavos, en este caso su esposa e hijos; mientras ese instrumento garantiza la superexplotación de la fuerza laboral de las mujeres pagándoles menos que a los hombres por trabajo igual y no reconociendo como trabajo las tareas del hogar; y mientras la dictadura de los capitalistas persigue, criminaliza, judicializa y asesina a las mujeres que se atreven a luchar. Por más medidas que implementen, serán mera formalidad, y cuando más, paliativos que no resolverán de raíz la violencia contra las mujeres, porque el sistema es la violencia en todos los órdenes.

La lucha por impedir la violencia contra la mujer debe servir y necesariamente estar ligada a la lucha por abolir la propiedad privada; lo que significa la participación de las mujeres, como parte de la clase obrera y de los campesinos, en la revolución por el Socialismo y el Comunismo. Significa organizar cada vez más destacamentos de mujeres para vincularlas a la lucha de clases y no tanto a la lucha de género, para prepararse y armarse ideológica, política y militarmente para enfrentar al enemigo, salvaguarda de toda la violencia generada contra ellas: el Estado burgués; sin que ello signifique renunciar a luchar contra los hombres del pueblo que reproducen esa violencia del enemigo con sus hermanas de clase.

La violencia contra la mujer debe ser enfrentada con la violencia revolucionaria contra los centenarios enemigos del pueblo, que son también los centenarios enemigos de las mujeres, contra los centenarios enemigos del progreso de la humanidad, contra el sistema capitalista misógino, explotador y criminal.

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