NI SANTOS, NI URIBE. NI EL ESTADO NI LOS POLITIQUEROS, ¡SOLO EL PUEBLO SALVA AL PUEBLO!

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¡Habrase visto, los corruptos marchando contra la corrupción! ¡Qué descaro el de Uribe! Ahora levanta las banderas del pueblo quien repudia la corrupción, levanta las banderas de los desplazados que reclaman tierras, cuando en realidad fue un verdugo para las masas, un garante del desplazamiento forzado, un corrupto que junto con su familia desfalcó a la salud pública a través de la desaparecida EPS SaludCoop, arremetió contra los recicladores populares arrebatándoles la basura, protagonizó escándalos como el de Agro Ingreso Seguro, sometió al pueblo al terror persiguiendo sus organizaciones y asesinando dirigentes populares, avanzó en la privatización de la educación, rebajó los salarios, aumentó la jornada laboral…

Pero no es asombroso que ahora se vea a Uribe con megáfono en mano, rasgándose las vestiduras contra la corrupción, porque para las clases dominantes la honestidad no existe, un día pueden hacer sus más oscuras movidas y al otro día denunciar a quienes fueran sus compinches. Estas son las contradicciones entre la burguesía, allí no hay amigos, solo intereses, que cuando se ven amenazados, se defienden hasta vendiéndole el alma al diablo si es preciso. Así funciona el Estado de los ricos, un día se asocian para oprimir, explotar y hasta desaparecer a las masas como sucedió con los falsos positivos y otro, cuando sus intereses ya no coinciden, se muestran los dientes, intentando posar del lado del pueblo para involucrarlo en sus contradicciones.

Es así como se intenta desviar el camino que las masas han emprendido contra las reformas, leyes y medidas que día tras día, pisotean a la clase obrera y al campesinado. Es así como también los compadres de Santos que respaldan la paz burguesa, enredan a las masas para llevarlas a apoyar una paz que no es suya, mientras el gobierno continúa azotando a la mayoría, con el sometimiento y la dominación política y económica que sofoca al pueblo, obligándolo a lanzarse a las calles a protestar contra tanta miseria y oprobio.

Por fortuna, las masas en Colombia no han caído en este juego de los explotadores y verdugos, pues la inmensa mayoría aborrece tanto a Uribe como a Santos; y si en la manifestación uribista se vio apoyo por parte de algunos sectores de las masas fue, por un lado, porque su militancia acudió disciplinadamente y con ellos sus trabajadores, que se ven obligados a participar por la presión de sus jefes y patrones; por otro lado, porque también las masas están cansadas de la corrupción pero no tienen claro con quiénes deben unirse; es decir, estar contra la corrupción no es estar del lado de Uribe, todo lo contrario, es denunciar sus nexos con el paramilitarismo y con los grandes monopolios beneficiarios de las tierras usurpadas por la guerra contra el pueblo. Estar contra la corrupción es desenmascarar no solo a Uribe, sino a todo el Estado que también él gobernó durante ocho años, como defensor acérrimo de los capitalistas y ladrón del erario. Estar contra la corrupción, justamente es estar contra Uribe, Santos y todos los truculentos que se han montado en el Estado burgués a ejecutar la dictadura de los ricos contra el pueblo y por ahí derecho a desfalcar todo lo que las masas pagan con su trabajo a través de impuestos.

Lo cierto es que las masas siguen imponiendo el camino correcto, continúan en su lucha como lo hacen los maestros en Cauca por mejores condiciones de salud, los indígenas que resisten al fuego del Ejército, los recicladores populares de Bogotá que exigen cumplimiento de los acuerdos pactados desde la anterior administración, los trabajadores estatales con presentación de pliegos, las madres comunitarias del ICBF que con su huelga dieron un gran ejemplo de firmeza y combatividad.

Por ello, luchar con tesón porque el movimiento de masas no sea utilizado por uribistas ni santistas, o por el Estado burgués que destila corrupción, es una tarea que debe hacerse consciente e insistentemente; porque ni Uribe, ni Santos como representantes de dos sectores de la burguesía, pueden representar los intereses de los trabajadores, pues ambos están untados de la sangre y el sudor del pueblo; ni el Estado, ni los politiqueros pueden tampoco hacerlo, ¡porque el Estado es de las clases dominantes y está diseñado para favorecer sus negocios!

Solo el pueblo puede ser consecuente con las justas consignas contra la corrupción, por la restitución de las tierras de los campesinos, por condiciones de trabajo dignas, por alza de salarios; solo el pueblo, que subsiste bajo este sistema haciéndolo con honestidad y hábitos de trabajo, puede levantar esas banderas de lucha; solo el pueblo que conoce el movimiento de las sociedad desde sus mismas entrañas y que con su trabajo mueve a la sociedad entera, puede conquistar las consignas que hoy el monstruo Uribe pretende enarbolar; solo el pueblo organizado y combatiente es capaz de concretar las consignas que hacen parte de las condiciones y fuerzas necesarias para desterrar la plaga del capitalismo imperialista que está acabando con la sociedad.

Todo esto implica, ¡organizar el paro desde abajo! Ya las bases de diversas organizaciones lo empiezan a plantear, la tarea ahora, es unirse en torno a los objetivos comunes de un verdadero paro, que se prepara no como las “jornadas de protesta” del Comando Nacional Unitario, sino organizando la huelga; es decir, uniendo las fuerzas principales que son los obreros, los campesinos y las masas en lucha; reuniendo a esas masas en encuentros por regiones, donde se destaquen los puntos a exigir y los representantes, todo esto bajo el método conocido por los obreros: el centralismo democrático, donde las decisiones no se dejan a consenso, se votan y se cumplen porque son el deseo y el mandato de las masas. Y además de impulsar esos encuentros obreros, campesinos y populares, trabajar desde allí mismo, por encuentros de tipo nacional, para dirigir las actividades preparatorias del paro, o lo que el más exacto de la Huelga Política de Masas, para arrancarle a los burgueses con la lucha las reivindicaciones económicas, sociales y políticas inmediatas, que le permitan al pueblo recuperar y acumular fuerzas para la transformación radical de la sociedad.

Por lo tanto, el llamado a quienes están por un verdadero paro, es a la unidad, es a la adopción del estilo de dirección y trabajo de los obreros, que es muy diferente al de los dirigentes de las centrales, quienes reducen el paro a jornadas de movilización para sentarse en las mesas de traición con el gobierno; al de los charlatanes que no aceptan la decisión de las asambleas de masas, cuando son ellas las protagonistas; al de los aventureros que no reconocen la necesidad de acumular fuerzas, ánimo y experiencia para la lucha; al de los pacifistas que, confiados en las mentiras del gobierno, creen que la burguesía le dará al pueblo lo que necesita por las buenas.

Trabajar por un verdadero paro, significa unir y generalizar las luchas de las masas, no apagarlas; significa organizar la dirección del paro ¡ya! Con encuentros o asambleas que decidan y orienten el qué hacer, para unir y organizar definitivamente las dispersas luchas del pueblo y ¡cerrar filas en torno a los intereses de los explotados oprimidos en contra de los explotadores y opresores!

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