El Paro Nacional Panelero y la Crisis de la Agricultura en Colombia

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Del 28 de junio al 5 de julio se desarrolló el Paro Nacional Panelero que tuvo su epicentro en el corregimiento de Cite del municipio de Barbosa en el departamento de Santander. Contó con la participación de campesinos pobres y medios de alrededor de 20 municipios de los departamentos de Santander y Boyacá establecidos a lo largo de la Hoya del río Suárez. Un importante paro exigiendo solución a la crisis que vienen atravesando desde hace años, debido al bajo precio de la panela en relación a los sobrecostos en la producción, que les genera pérdidas de alrededor de 1.500 por cada kilo producido, a lo cual se suma los altos precios de los insumos necesarios para el cultivo, las plagas y el contrabando.

También, se ven amenazados por la importación de etanol, que según los voceros del paro ya copa el 30% del mercado nacional, llevando a que la caña (base de la producción de etanol) se destine por los grandes ingenios en la producción de azúcar y termine en los derretideros convertida en panela de azúcar contaminante y de mala calidad; aunado a esta situación ya se encuentra en manos del presidente la Ley 156 de 2018 o llamada por los campesinos “Ley Paloma” —en alusión a la reaccionaria senadora Paloma Valencia autora del proyecto de ley— la cual contiene varios artículos que afectan irremediablemente a los paneleros; entre ellos el que permite a los grandes ingenios la producción de panela, además el que reglamenta los beneficios de la ley (en cuanto a créditos y exención de impuestos) exigiendo a los campesinos producir alrededor de 1,5 toneladas de caña pura, algo imposible para los pequeños y medianos campesinos a diferencia de los burgueses dueños de los ingenios azucareros.

Tras ocho días de bloqueos y manifestaciones, el Paro fue levantado con la promesa del gobierno de refinanciar los créditos mediante la intervención del Banco Agrario, inversión en una campaña promocional para incentivar el consumo de la panela y solicitar al Congreso la revisión del artículo 2 de la Ley 156 que permite la importación de productos que no tienen el membrete de panela, y otras promesas más que no sacarán al sector de la crisis sino la agravarán.

Las movilizaciones y paros de los pobres campo son correctas y deben ser apoyadas por el proletariado por cuanto buscan reducir el impacto de las medidas antipopulares de los grandes capitalistas representados en el gobierno, y seguramente con la lucha común de obreros y campesinos en un Gran Paro Nacional Indefinido se conquistará la condonación de las deudas de los campesinos pobres y medios, mejoras en la asistencia técnica y el mercadeo. Pero sobre todo, la lucha mancomunada de los trabajadores del campo y la ciudad contribuye a forjar la alianza obrero-campesina, fuerza principal de la revolución que solucionará de fondo sus problemas.

En efecto, los hermanos campesinos en general y los paneleros en particular, deben saber que sus problemas solo podrán solucionarse con la revolución que expropie a los actuales expropiadores, socializando la gran producción industrial y agroindustrial, nacionalizando la tierra y entregando en usufructo una parte de ella a quienes quieran seguir trabajándola de manera individual, que recibirán todo el apoyo del nuevo Estado para mejorar sus condiciones materiales y espirituales.

Necesitan saber que el desarrollo del capitalismo en el campo es el que viene agravando la situación de los campesinos pobres y medios, pues se trata de un problema estructural del agro capitalista, agigantado en Colombia por tratarse de un país oprimido por los imperialistas. La crisis del sector panelero evidencia uno de los efectos del desarrollo del capital en el agro: la decadencia de la pequeña producción campesina en relación directa con el predominio de la gran industria capitalista en el campo, favorecido ahora además con la “Ley de la Panela”. Este aspecto fue descrito por Lenin con toda claridad: “al azotar la pequeña producción, el capital lleva al aumento de la productividad del trabajo y a la creación de una situación de monopolio para los consorcios de los grandes capitalistas”. (Lenin, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, 1913).

Por eso, los hermanos campesinos deben alejarse de sus falsos amigos que siguen considerando el problema del campo en Colombia como una consecuencia de la semifeudalidad; o plantean como solución, caso del MOIR y como lo hizo Petro en la pasada campaña presidencial, que se deben desarrollar las relaciones capitalistas en el campo, cuando justamente son estas relaciones las causantes de la crisis permanente de la agricultura y la ruina de los campesinos.

Como explica correctamente el Programa Para la Revolución en Colombia: la crisis de la agricultura es una manifestación de las contradicciones profundas de la agricultura capitalista y de las condiciones en las cuales se ha desarrollado: por la vía reaccionaria y sometida a los intereses del imperialismo.

El desarrollo de una agricultura racional en Colombia es impedido por la propiedad privada –grande o pequeña– sobre la tierra; por el aumento constante del precio de la tierra que impide o limita la propia vinculación del capital; por la explotación del campo a cuenta de la ciudad pues a ella van a parar el aumento de la renta territorial, de los intereses sobre deudas y el de los impuestos.

Por consiguiente, solo suprimiendo la propiedad privada sobre la tierra y las relaciones capitalistas de producción soportadas sobre ella, se podrá superar la crisis de la agricultura y la desigualdad del campo frente a la ciudad.

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