Las cifras de la guerra y la hipocresía burguesa

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Gran despliegue de cifras han salido a relucir para ganar el respaldo popular a la firma del acuerdo entre las Farc y el Estado.

Lo que más se promociona por estos días es que la firma del acuerdo de La Habana permitirá el florecimiento de la inversión, la disminución del desempleo y la prosperidad del país, cuando es la corrupción del Estado, los negocios de los monopolios económicos y el terrorismo de Estado los que ganarán con la paz de los ricos.

Así se ha registrado en Centroamérica, también en Europa oriental e incluso en África. Una vez sofocada la resistencia armada de los grupos guerrilleros, los monopolios económicos respaldados con toda la fuerza del Estado, entran con toda la seguridad a destruir la naturaleza y devorar la fuerza de trabajo.

Los cotorros del pacifismo sacan a relucir cifras del reciente libro «¿Cuánto nos cuesta la guerra?», de Juliana Castellanos, quien asegura que en la última década, Colombia ha invertido en la guerra alrededor de 220 billones de pesos, lo que se podría acabar con el acuerdo de paz con las Farc y el respaldo al plebiscito.

Pero esta inversión de la burguesía y el imperialismo, so pretexto de la guerra contra las guerrillas, fortaleció su aparato de dominación en Colombia hasta hacerlo uno de los más poderosos de la región, con lo cual garantizan sus intereses económicos y políticos inmediatos y futuros.

Pero incluso Estados que no tienen guerra interna, han sido obligados por el imperialismo a comprar enorme arsenal militar y están en bancarrota por ese motivo, como algunos países de la Unión Europea. No se crea entonces que desapareciendo la guerrilla desaparece el gigantesco gasto militar. Este es una imposición del imperialismo para garantizar la dictadura de clase de los explotadores y los multimillonarios negocios de los monopolios dedicados a vender seguridad a sus Estados lacayos como el colombiano.

Así que es una ilusión que el dinero de la guerra venga a alimentar lo social, cuando es la industria militar una de las más fructíferas de toda la economía imperialista y esas hienas están al acecho creando y promoviendo guerras para incentivar el consumo armamentista de los Estados; además están en un frenesí por preparar la guerra mundial, impulsados por la misma crisis económica mundial. Los Estados serviles como el que oprime al pueblo colombiano, están comprometidos en multimillonarias inversiones en espionaje y armamento de punta, dizque para proteger sus fronteras nacionales de los bloques competidores como el Ruso-Chino que asecha desde Nicaragua, Venezuela y hasta Ecuador… Así que lo que le espera al mundo y en particular a este aguerrido pueblo, es más guerra reaccionaria.

De otro lado, los 25,3 billones de pesos que se invertirán en los próximos 10 años tras los acuerdos de La Habana, serán principalmente para fortalecer la dominación política y el poder económico de unos cuantos explotadores, no para mejorar la calidad de vida y el bienestar a las familias obreras y campesinas. Ese romanticismo de los reformistas y pacifistas, es un engaño para los oprimidos.

Como otro asunto adicional que dice del antagonismo de los intereses entre los explotadores y los explotados, en Colombia la inversión de capital en la tierra ha concentrado al máximo la propiedad, rebajado los salarios en el campo y aumentando la devastación ambiental tras la imposición de la “locomotora minero energética”, la silvicultura, la ganadería y la agroindustria en el campo. La mayor inversión de capital de las grandes mineras, petroleras y pulpos económicos capitalistas nacionales como el GEA, Sarmiento Angulo, Santodomingo, entre otros, no será inversión social para las comunidades y mejorar los salarios. Donde llega y se impone el capital, hay devastación de la naturaleza, miseria y superexplotación.

Además, por el lado del Estado, las proyecciones de inversión en la paz por el orden de los 2,5 billones de pesos anuales, se los comerá principalmente la corrupción que corroe esta institución, donde son los grandes monopolios contratantes de los proyectos los que se llevarán la tajada del león. Esa es la verdad por dura que suene para los esperanzados y sinceros pacifistas.

La paz de los ricos lo que sí traerá con seguridad será el crecimiento de los negocios anuales de los ricos por más de de 5.800 millones de dólares, que es el equivalente a 2% del PIB. Por esta tajada es que todos los expropiadores respaldan el acuerdo y ponen la aplastante fuerza del Estado para sacar adelante este prometedor negocio.

Lo anterior excluye de beneficio alguno a los millones de campesinos despojados, en cambio sí legitima la propiedad para los no más de 2300 capitalistas monopolistas que poseen la mayor cuantía de capital y tierras del país.

La guerra reaccionaria en Colombia desde mediados de los años 80’s del siglo pasado, ha sido cara pero no inútil para las clases dominantes, así los pacifistas como León Valencia digan lo contrario. El botín lo tienen en sus manos los principales financiadores de este genocidio. El gasto de la dominación de clase de los capitalistas lo paga toda la sociedad, lo cual es un negocio redondo para la burguesía y esto seguirá mientras se mantenga su dictadura. Por esto es que a la guerra reaccionaria se le debe oponer la guerra revolucionaria, por la revolución socialista y la Dictadura de clase del Proletariado, que expropie a los expropiadores y garantice la dominación de clase de la inmensa mayoría trabajadora sobre la ínfima minoría de zánganos capitalistas.

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