La firma de la paz – Negocios capitalistas y superexplotación de obreros agrícolas

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De acuerdo con las cuentas que ha dado a conocer el gobierno, en lo que va corrido del proceso de paz con las Farc, fueron derrochados más de 26.000 millones de pesos1. Pero son apenas las bicocas que la burguesía invierte para que sus negocios crezcan un 2 por ciento adicional, según lo presupuestado, cuando se desmilitaricen las zonas en guerra e inicie la explotación a gran escala de las riquezas que allí habitan.

La paz de los ricos es un negocio que favorecerá a algunos expropiadores, no a los más de 7 millones de expropiados, quienes hoy por hoy, como lo ha denunciado este periódico, deben realizar tomas en las principales ciudades del país para llamar la atención ante el ataque del gobierno, que les niega hasta pertenecer a la lista de víctimas, con lo cual pueden acceder a un mínimo auxilio.

De otro lado, un crecimiento del 2% en la producción del país en los próximos años, luego de firmado el acuerdo y de un 32% en 35 años, no sacará al sistema capitalista de la crisis económica en que está sumido. Es más, con la continuidad de la misma a nivel internacional, el precio de las materias primas continuará por debajo de su valor, mientras el saqueo a los recursos naturales se hará a gran escala. Tampoco se mitigará la crisis social que acosa al pueblo con los presupuestos de la burguesía de devolver 7 millones de personas al campo una vez se firme la paz, culmine la guerra, se quiten las vacunas y demás impedimentos que evitan que el gran capital incursione por completo en el 100% del territorio a explotar. Por el contrario, la no devolución de las tierras prósperas de los desplazados y más capital en el campo, agravará la situación social. Serán mano de obra barata y abundante para las necesidades del capitalismo en el agro y el saqueo del suelo en las grandes explotaciones que hay proyectadas, lo que multiplicará la superexplotación, la contaminación, la enfermedad y la miseria que ya predomina en la gran explotación agrícola y minera del país.

Es falso que las negociaciones garanticen «un modelo de desarrollo económico que sea más equitativo e incluyente». Todo lo contrario. Cuando el capital incursiona sin las trabas de la pequeña propiedad en el agro, sus leyes de desarrollo llevan aparejado a que continúe la crisis permanente de la agricultura, por ser Colombia un país oprimido y dependiente del imperialismo, por los riesgos naturales que implica producir la agricultura moderna, por los bajos salarios del proletariado agrícola, entre otros. De otro lado, los «menores niveles de violencia en las zonas rurales» que espera la burguesía, se trasladarán a una guerra de clases más intensa entre explotados y explotadores. Ya la situación de los corteros de caña y los cosecheros de café, nos advierte de cómo será este enfrentamiento, donde la clase obrera agrícola es sometida a más terrible superexplotación, pero también su movimiento es así de revolucionario y radical en justa respuesta a la opresión.

La prosperidad será para los ricos en la medida que tendrán donde más invertir su capital, como ya lo hacen monopolios del talante del Grupo Económico Antioqueño en los Montes de María, cultivando maderas finas y extrayendo materia prima para la producción de cemento o Ardila Lulle con la industria de la caña de azúcar en el Valle del cauca.

Sólo suprimiendo la propiedad privada sobre la tierra y las relaciones capitalistas de producción soportadas sobre ella, se podrá superar la crisis de la agricultura y la desigualdad del campo frente a la ciudad. El reparto capitalista de las tierras de los desplazados, no soluciona el problema como se ha demostrado, por esto la única salida a la situación actual es la que propone el Programa Socialista para la revolución en Colombia, empuñado por la Unión Obrera Comunista (marxista-leninista-maoísta)2.


  1. El dato fue revelado en su momento mediante un informe de la Presidencia de la República que obedece a un derecho de petición instaurado por el vicepresidente ejecutivo de Confenalpadres. 

  2. Programa para la Revolución en Colombia 

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