La firma de la paz beneficia a los ricos

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Desde hace 3 años se ha publicitado ampliamente por los medios burgueses el nuevo proceso de paz entre el gobierno de Santos y la cúpula de las FARC. En época de elecciones intensificaron aún más la propaganda pacifista prometiendo paz para todo el pueblo, tratando de ocultar que la sociedad en Colombia se encuentra dividida en clases sociales, en la que una minoría de ricos vive en el paraíso de las comodidades a costa de moler en el yugo del capital a la clase obrera, que es la mayoría de la población en Colombia.

Pero lo más grave del engaño pacifista consiste en que los victimarios, -las clases dominantes explotadoras y socias del imperialismo- responsables de la guerra reaccionaria, protagonistas de los peores crímenes contra el pueblo trabajador que deja más de 250.000 muertos, cuenten con el respaldo cómplices de partidos, organizaciones y movimientos, incluidas las cúpulas guerrilleras, para ilusionar a los oprimidos con la paz de los ricos. Como lo anunciara Santos el 23 de septiembre en La Habana, estrechando la mano de Timochenko que: «La paz es posible y está más cerca que nunca».

¡Qué gran mentira hablar de la posibilidad de una paz cercana para los de abajo!, precisamente cuando los obreros y campesinos sufren los peores rigores de la crisis capitalista, la legalización de su despojo es un hecho y están en marcha nuevas reformas contra el salario, la estabilidad laboral, la pensión, la salud y demás. Cuando los ricos viven en un paraíso de opulencia y los de abajo viven todos los días un infierno de penurias, especialmente los 6 millones de desplazados, donde se reconoce por parte del mismo gobierno que no habrá fondos suficientes para indemnizarlos a todos, donde prácticamente ha sido un fracaso la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, ya que a los reclamantes no les devuelven su propiedad, sino plomo; es decir se les da muerte, mientras hacer efectivo el cobro de las limosnas prometidas en subsidios, es como apostarle a una lotería.

En realidad con las reformas que se acuerden en La Habana, según los temas en discusión: (Política de Desarrollo Agrario, Participación Política, Solución del Problema de las Drogas ilícitas, la Política de Victimas) se aspira legalizar el despojo de los pobres del campo en función de darle impulso al desarrollo del capitalismo en el campo. Precisamente esa es la clave para entender que dichos acuerdos son un intento más para parar temporalmente la guerra reaccionaria entre las clases dominantes, causada por la disputa de riquezas que brinda la renta extraordinaria de las grandes explotaciones mineras, la agroindustria de biocombustibles y los cultivos de coca y amapola. Pero mientras siga existiendo la propiedad privada y la explotación del trabajo asalariado, la guerra por la ganancia será pan de cada día.

El interés de las clases dominantes en Colombia y del imperialismo es precisamente apaciguar la lucha obrera, campesina y popular, exacerbada por la crisis económica y social del capitalismo. Se pretende doblegar la voluntad rebelión de los oprimidos para facilitar el saqueo y la explotación. La cúpula de las FARC sirve a este interés de los opresores. Su participación en el Estado burgués, fortalecerá la maquinaria de opresión y explotación que somete a los obreros y campesinos.

¿Será posible una paz cercana para el pueblo trabajador por la voluntad de los ricos? ¡No!, porque cuando el sistema de salud pública agoniza, cuando cada año se rebaja más el salario y se aumenta astronómicamente el de la burocracia estatal; cuando la crisis del agro colombiano no tiene solución alguna, bajo el sistema de producción capitalista y se intensifica el terrorismo de Estado como respuesta a la protesta popular, es cuando se agudiza más la guerra entre las clases sociales. Por dichas razones en necesario rechazar la farsa de la paz y fortalecer la confianza en el poder que da la unidad y organización de la lucha de las masas obreras y campesinas. Es importante recalcar en la necesidad de la lucha directa de masas en sus diferentes formas con independencia de clase y del Estado burgués.

Hoy más que nunca es necesario que el pueblo se una en una sola lucha, en una sola voz y en un solo puño que eche atrás la arremetida antiobrera y antipopular del gobierno de Santos, pues el pueblo requiere urgentes y grandes soluciones a sus problemas.

Este es un paso muy importante para acumular fuerzas, conquistar victorias y prepararse para la guerra popular. Las tareas estratégicas del movimiento obrero no están al margen del actual ascenso de la lucha de masas. Los preparativos de la auténtica Guerra Popular en Colombia, están íntimamente unidos a la lucha revolucionaria de las masas, cuya manifestación más importante hoy son las huelgas políticas, algunas de las cuales ya han sido regionales, desembocando en grandes bloqueos y enfrentamientos, y en el futuro, deberán incluso llegar a desatar insurrecciones, para lo cual hay que estar preparados y avanzar en la construcción del Partido de la clase obrera, que es el dispositivo estratégico principal para dirigir una auténtica Guerra Popular.

¡La paz de los ricos es guerra contra el pueblo! ¡Adelante con la preparación del Congreso del Partido de la clase obrera en Colombia!

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