EN TIEMPOS DE PAZ BURGUESA, OPRIMEN Y MATAN EN SAN JOSÉ DE APARTADÓ

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Los campesinos de diferentes veredas de San José de Apartadó están siendo aterrorizados por el grupo paramilitar llamado Autodefensas Gaitanistas de Colombia, mejor conocido como el grupo mafioso «Clán Úsuga», caracterizado por tener acuerdos permanentes con el Ejército Nacional. El Estado burgués, terrateniente y pro imperialista, hoy administrado por el gobierno de Santos, ha sido cómplice de toda la opresión que ejerce ese grupo contra los campesinos de dicha región, pues es claro que en la zona conviven los paramilitares con tropas del Ejército burgués.

Son varias las acciones criminales que dicho grupo, con la anuencia del Ejército, ha hecho contra el pueblo de San José de Apartadó: listas con nombres de campesinos amenazados de muerte, desplazamientos forzados (como le sucedió a los habitantes de la vereda La Hoz); han torturado y asesinado campesinos después de entrar a sus viviendas a buscarlos e identificarlos, masacrando incluso a machetazos a sus víctimas; violan la privacidad de las familias al realizar campamentos dentro de las viviendas, robándose la comida y los elementos personales y de aseo de los campesinos…

Las masas en estos momentos se encuentran en medio de las balas poniendo los muertos y los desplazados, pero esto no será todo el tiempo. La clase obrera puede levantarse de manera independiente y revolucionaria contra esta guerra reaccionaria para acabarla, pero para ello necesita de su organización política de vanguardia, de su Partido político, que es la única organización capaz de transformar la lucha de clases del pueblo en una auténtica Guerra Popular. Una Guerra que contendrá el ataque infame de los enemigos, quienes victiman a los trabajadores. La paz de los ricos, es guerra contra el pueblo, por ello el acuerdo en La Habana, no garantiza el cese de la opresión contra los obreros y campesinos.

Por parte de los explotadores se mantendrá la política sistemática del terrorismo de Estado, mientras haya que someter al pueblo oprimido y éste no logre resistir de manera consciente y organizada. La actitud del Estado de los ricos, hoy en cabeza del gobierno de Santos, es de continuar con estos planes para garantizar la gigantesca inversión de capital en la tierra. La política criminal del terrorismo de Estado existe para garantizar la expropiación de las mejores tierras y someter la resistencia a los proyectos mineros que destruyen la naturaleza o de los nuevos dueños expropiadores.

Se ratifica una vez más que es una política de Estado implantar el terror sobre los oprimidos en diferentes rincones del país; es decir, ejecutar de manera violenta la dictadura de clase de la minoría capitalista, sobre la inmensa mayoría del pueblo trabajador.

La paz del gobierno de Santos, es sinónimo de abandono a los más oprimidos y explotados del país; de terror y muerte sobre los obreros y campesinos que están en medio de los planes capitalistas. Esa paz es sinónimo de terror de las fuerzas armadas de la burguesía y los grupos mafiosos y paramilitares que como una sola fuerza de clase, ejecutan al pueblo desarmado.

Las masas no aguantan más tanta muerte y opresión, se rebelan por medio de importantes luchas, pero aún dispersas y desorganizadas. Están aprendiendo que para combatir el terrorismo de Estado hay que unirse para las vías de hecho y organizarse de forma independiente (del Estado, de los politiqueros, de los reaccionarios), destacando sus reivindicaciones en una plataforma de lucha del pueblo colombiano y exigiéndolas por medio de la lucha directa. Con cada acto criminal de parte del Estado de los terratenientes y burgueses, las masas descubren el verdadero carácter de la paz Santista, que es: garantías e impunidad para los verdugos del pueblo y muerte y garrote para el pueblo desarmado.

El movimiento revolucionario debe aprovechar el calor de esta lucha, para vincularse consciente y organizadamente a las masas e ir construyendo el Partido Político que tanto necesita la clase obrera en Colombia; ese destacamento que centralice y dirija la lucha de los millones de inconformes del país, que oriente y agite sobre la destrucción violenta del Estado de los explotadores para construir sobre sus ruinas un Estado tipo Comuna de París, ya construido en países socialistas como Rusia y China, cuya democracia se erige sobre el armamento general de pueblo, única garantía que tendrá la sociedad, entre otras cosas, para que exista paz en Colombia.

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