El Proletariado No Apoya la Legalización del Despojo Disfrazado de «Reforma Agraria Integral»

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Santos vs Uribe

Nota de la Redacción:

Incluimos en esta ocasión las comunicaciones cruzadas entre varios revolucionarios alrededor del acuerdo firmado por las FARC y el gobierno de Santos en La Habana. Comunicaciones que contribuyen a esclarecer algunos asuntos polémicos; especialmente, la pretensión de los imperialistas y gobernantes de encasillar y polarizar al pueblo entre pacifistas (la gente «progresista» y de «izquierda») y guerreristas (la gente «conservadora» y «reaccionaria»); es decir, entre santistas y uribistas. Tal polarización es una maniobra, esa sí reaccionaria, por cuanto pretende manipular al pueblo para que tercie entre dos de sus peores enemigos, ambos asesinos, representantes de los explotadores, socios y lacayos del imperialismo.

Acogiendo la sugerencia de los compañeros involucrados en la polémica, reproducimos textualmente sus opiniones y comentarios; solo omitimos algunas expresiones del trato coloquial entre ellos.


Nota del Compañero Libardo a Sebastián

Buenas noches compañero:

Cuando leí el artículo de Revolución Obrera «Sobre la Cuestión de la Guerra y la Paz en Colombia», en el Editorial del No. 453, quedé sorprendido de la exactitud del análisis de la lucha de clases. Este artículo se lo envié a varios de esos intelectuales que en alguna ocasión el proletariado les dio la oportunidad de participar en sus filas, pero mire usted lo que me escribe uno de ellos y ahora le participo.
(…)

Opiniones del Compañero Feliciano

Hola amigo…!

Leí el artículo de RO sobre «La Guerra y La Paz» y me llamó mucho la atención que termine haciendo un llamado a la «alianza y unidad con quienes estén en contra de la Paz social»; me dio la impresión que se hace realidad el adagio popular según el cual «los extremos se juntan» Esto sería como pensar que los camaradas de RO se van a unir con el Uribismo o al menos en este punto de convergencia política.

En cuanto al «Acuerdo de Paz» es una expectativa y lo que se conoce sobre el tema es muy fragmentario y meramente enunciativo, por decir de alguna manera no conocemos sino los titulares, porque aún no se ha firmado ni se han dado a conocer textos definitivos, excepto el acuerdo de cese bilateral al fuego y hostilidades. Tal vez por este motivo en el escrito no se hace alusión a ningún punto en concreto del que se espera sea el «acuerdo de Paz»

Con esta salvedad, creo que hay varias afirmaciones que comparto con RO, como por ejemplo que la guerra en Colombia tiene su origen en la lucha por la tierra, no como tal, sino por su rentabilidad en la explotación agrícola y minero-energética. Esta es una verdad que se cumple en Colombia y en cualquier parte del mundo: la tierra vale por lo que renta, no solamente ahora, sino siempre, sin que se descarte que también se da la lucha por la tierra por otras razones que para el caso no es lo más importante o simplemente se derivan de la primera, como la explotación urbanística, conservación del medio ambiente, etc.

Hay un aparte del escrito que me deja con dudas respecto a la visión que se tiene frente a la diferencia entre los gobiernos de Santos y de Uribe, ya que mientras afirma que este es un gobierno mafioso, enseguida afirma que aquel es una alianza con los mafiosos y la guerrilla. Si la diferencia es que el de Santos además de aliarse con la mafia, también se alió con la guerrilla, no encontraría ninguna diferencia porque más adelante se dice que la guerrilla de las FARC «representa a la burguesía de los sicotrópicos» o sea, la misma mafia; o de pronto lo que se pretende decir más bien es que Santos es el representante del Castro-Chavismo en Colombia y entonces ahí tendrían otro criterio de convergencia con el Uribismo.

Continuando en el mismo orden de ideas del articulista, se afirma que el gobierno de Santos «corrupto, anti-obrero y anti-popular» (estamos de acuerdo), para legalizar el despojo de tierras -cuyas cifras trae de la UOC (m.l.m.)- lanza la política de la restitución de tierras y el Acuerdo de Paz. Sobre la primera dice que no ha habido ni habrá restitución de tierras, puesto que lo que se pretende es «industrializar el campo» ya que en 6 años de gobierno no se ha visto la restitución. En este punto también estoy de acuerdo pero parcialmente, puesto que los avances de la llamada restitución no son muy significativos, pero no puede desconocerse que se han dado pasos importantes como el nombramiento de los jueces especiales para dirimir únicamente las controversias originadas en esta nueva Ley, los procesos que ya se han fallado a favor de los reclamantes que no son muchos por la existencia de dificultades (por razones de seguridad, las pruebas de anteriores propietarios, la desaparición de archivos notariales, la existencia de oportunistas que pretenden pescar en río revuelto, etc.), la conformación de grupos armados anti-restitución, la muerte de varios líderes de la restitución a manos de estos grupos, entre otras circunstancias. Es que el proceso de despojo, que no es de ahora sino que arranca en la época de la llamada violencia liberal-conservadora (vale anotar, antes del surgimiento de las FARC EP), no creo que se pueda aliviar con la ley de restitución de la noche a la mañana y por tanto requiere de un largo y difícil camino; o la otra alternativa es que los verdaderos revolucionarios comunistas por fin se decidan a liderar orgánica, política y militarmente la lucha del campesinado por la recuperación de las tierras, y que lo hagan en un tiempo record de siquiera seis años.

La verdad es que las FARC nacieron bajo la tutela del PCC y a poco este partido empieza a subdividirse en múltiples disidencias y facciones políticas que a medida que surgen se auto-proclaman auténticos comunistas y todos, aunque proclaman la lucha por el socialismo, han promulgado programas políticos diferentes, a veces con diferencias de filigrana, mientras que sigue rampante y en aumento el despojo de tierras, la desigualdad social, la explotación asalariada, el fortalecimiento del capitalismo con todos sus males. ¿La explicación? Cada una de estas disidencias lo explica con el señalamiento de los errores de la(s) otra(s) y esto a su vez da pie para que se sigan subdividiendo mas y mas. Cada uno se considera la única vanguardia posible, única e irremplazable, portadora de la “auténtica” verdad comunista, mientras los dueños del gran capital con sus desacreditadas colectividades políticas hacen las alianzas necesarias y se ponen de acuerdo sobre LO FUNDAMENTAL con tal efectividad que les permite perpetuarse en el poder. Como todo no es miel y gloria, a veces entran en crisis profundas, surgen contradicciones y disidencias, pero no olvidan que son los dueños del poder y por eso prefieren repartírselo antes que diezmarse mutuamente, con lo que finalmente superan las dificultades y siguen “reinando”; el mejor ejemplo, muy claro y significativo, sin ser el único ni el mas reciente, se conoce como «frente nacional».

Pero hay otra afirmación que a mi parecer no quedó clara en el artículo. Se dice: «Y frente a la cuestión agraria, el programa de la Farc no se propone resolver el principal problema del campo en Colombia cual es la explotación capitalista de la agricultura, sino todo lo contrario: aceptar la inversión de capital nacional y extranjero para impulsar el desarrollo agropecuario empresarial.» Para afirmar a renglón seguido que «esta es la verdadera esencia del acuerdo de Paz en La Habana»

Al hablar del programa de las FARC no es claro si se refieren a su programa político o a algún punto relacionado con las conversaciones de La Habana. Ni tampoco queda claro si el principal problema del campo en Colombia es que la explotación agrícola sea capitalista o no, porque esa es otra discusión; hasta donde me he enterado, desde 1964 las FARC EP adoptaron un programa agrario ratificado y corregido en 1993 que incluye la expropiación a los latifundista a favor de los campesinos sin tierra, titulación, apoyo económico para su explotación y la preservación de empresas agrícolas capitalistas que sean necesarias para el desarrollo social, etc., etc. (http://www.farc-ep.co/pdf/Programa-Agrario-de-los-guerrilleros-FARC-EP.pdf). Es apenas lógico que si ahora se pretende firmar un acuerdo de Paz, las FARC no pueden aspirar a que su programa agrario y mucho menos su programa político sea adoptado por el gobierno, como si se hubieran tomado el Poder. Solamente se aprestan a continuar la lucha para alcanzar sus objetivos, pero sin armas, utilizando las posibilidades de participación democrática que permite el sistema, tal como lo están haciendo los camaradas con el periódico RO (después de su disidencia con el E.P.L. hace más de 30 años, época desde la que nos están prometiendo la construcción del partido) con la diferencia que rechazan la participación en los órganos de elección popular.

En consecuencia con lo anterior, la explotación capitalista de la agricultura es el resultado lógico de que los REVOLUCIONARIOS COMUNISTAS no se hayan tomado el poder, por tanto subsiste la explotación capitalista con sus estructuras políticas, económicas, culturales y sociales contra las cuales las organizaciones revolucionarias tendrán que luchar, llamar a la movilización y a la lucha de masas para alcanzar sus programa político de instauración del modo de producción socialista con miras al comunismo. Es un principio materialista histórico que «el ser social determina la conciencia social» lo que se aplica en este caso y nos permite entender que mientras en Colombia la base económica sea de corte capitalista, así será la superestructura. Por lo tanto, si se mantiene la estructura económica del capitalismo, habrá inversión del capital Nacional y extranjero en el agro y en todas las demás actividades económicas del país. O ¿qué otra situación se puede presentar mientras los verdaderos comunistas no se tomen el poder?

Se dice luego, que la Paz no será posible porque el post conflicto será la continuación de la guerra por afianzar el despojo y el desplazamiento. No dudo que esto ocurrirá. No sé en qué magnitud, pero ocurrirá, porque no estamos en un paraíso o en un país de cucaña como diría Estanislao Zuleta, además porque la desigualdad social y por ende la lucha de clases no desaparecerá con el acuerdo de Paz. Ante esta realidad la actitud revolucionaria comunista debe ser precisamente continuar la lucha, denunciar, preparar a las masas de obreros y campesinos para la lucha por el socialismo, confrontar a la burguesía para avanzar en sus conquistas frente al estado y de paso afianzar su capacidad de lucha. No es revolucionario hacer caso omiso de las promesas del gobierno o de los acuerdos que se alcancen con este y no utilizarlos para exigir su cumplimiento por el prurito de ser un acuerdo o promesa en el que no tomó parte mi organización política. Los mismos camaradas de RO lo dicen: ahora sin las FARC en armas será más expedito el camino para llegar a las más amplias masas de obrero y campesinos, «“amedrantados» para que «los verdaderos revolucionarios» las fortalezcan ideológica y políticamente, las preparen para las luchas que se avecinan; seguramente los camaradas de RO van a jugar un importante y destacado protagonismo en estas luchas. No se si al unísono, la guerrillerada reinsertada a la vida civil le den la espalda a estas masas, se olvidarán de ellas y se engolosinarán con la vida parlamentaria o por el contrario seguirán recibiendo orientación de su partido para continuar la lucha por la toma del poder.

Al parecer, en la mesa de La Habana se han acordado compromisos estatales para la restructuración de organismo y políticas que podrían mejorar las condiciones de existencia de la población más pobre del país, los cuales quedarían blindados con la inclusión al bloque de constitucionalidad; esto significa que obligatoriamente deben ser desarrollados y por ende hay que exigir su desarrollo. Es claro que se trata de cambios o reformas que no van a destruir ningún fundamento básico del orden económico burgués, pero que tendrán elementos de carácter democrático que van a herir o al menos no van a ser del pleno beneplácito de los ostentadores del poder o parte de ellos; pero por ello no podemos dejar de exigir su cumplimiento. ¿Será que se puede? O por el contrario los verdaderos revolucionarios deberán seguir la orientación de unirse con todos aquellos que se opongan a que se hagan las reformas que se acuerden en La Habana?

Quedo atento…

Comentarios de Sebastián sobre las Opiniones de Feliciano

Apreciado compañero Libardo:

Es un hecho que el compañero Feliciano se enojó por el artículo de RO, cuestión que no me extraña; en primer lugar, porque existe un sincero anhelo de paz en la mayoría del pueblo y muy especialmente entre la pequeña burguesía, impotente para dirigir la lucha revolucionaria del pueblo y siempre expectante de los arriba, sobre todo, con esa fe supersticiosa en el Estado que ya advertían Marx y Engels en sus primeros trabajos; en segundo lugar, porque el compañero, víctima de una perversa maniobra de la reacción, se va contra un periódico del proletariado que se pronunció sin pelos en la lengua sobre cuál es la base de los acuerdos de La Habana, denunciando su esencia reaccionaria: legalización del despojo de los pobres del campo; y el carácter farsante del acuerdo que hacen aparecer como el fin de la guerra y la conquista de la paz para el pueblo.

El compañero piensa con los deseos y eso le ocasiona ofuscación para no advertir la trampa de los enemigos y enojo porque el proletariado revolucionario no cabe en la anteojera que le puso la reacción; esto le impide ir a la esencia del fenómeno y lo lleva a repetir las calumnias y mentiras de quienes engañan al pueblo trabajador. Y solo para contribuir a que el compañero y demás intelectuales revolucionarios, que hoy marchan a la cola de los imperialistas y de la oligarquía colombiana, cobren la cordura, vale la pena escribir estas notas sobre sus opiniones, con la esperanza de que quienes han caído en la trampa de la reacción, una vez conozcan el acuerdo final que publicaron por estos días, sabrán reconocer sus desatinos.

Como usted dice, el artículo de RO es contundente porque toma como base para plantear el problema de la guerra y la paz el análisis de clase del fenómeno, no las declaraciones, ni las buenas intenciones, ni los discursos hipócritas de los políticos y gobernantes.

Este es primer problema ¿Cuál es carácter de la guerra actual y, por tanto, cuál es la esencia del acuerdo de La Habana?

Pues bien, el compañero Feliciano, al igual que la mayoría de analistas evade el problema, como si estuviéramos hablando de la guerra que iniciaron las clases dominantes en el período llamado de La Violencia, y que ocasionó el surgimiento de las FARC, como respuesta justa de los campesinos a la guerra reaccionaria cuya causa económica era la renta extraordinaria del café; evaden que ese enfrentamiento entre burgueses y terratenientes culminó en el acuerdo de paz sellado: en el terreno político con el Frente Nacional, donde los representantes de las clases dominantes, promotoras y beneficiarias de la guerra, se turnaban la presidencia; y en el terreno económico, con la creación del Fondo Nacional del Café, el instrumento para repartirse la renta extraordinaria entre toda la burguesía. Tal acuerdo, no significó sin embargo la paz sino la continuidad de la guerra contra el pueblo, mediante el asesinato de los principales dirigentes campesinos que encabezaron la resistencia y la más feroz persecución contra los campesinos que no cayeron en la farsa de la paz que se inventaron las clases dominantes. Fue posterior a los bombardeos “pacificadores” a Marquetalia en el sur Tolima en 1964, cuando surgieron las FARC.

Pero la guerra que se vive en Colombia desde 1980 no es la misma que dio vida a las FARC, como tampoco esa guerrilla es la misma. Perdido el horizonte revolucionario, los jefes de las guerrillas en Colombia se convirtieron en aliados de los capitalistas nacionales y extranjeros mediante la extorsión o “impuesto de guerra”, el cuidado de sus propiedades y explotaciones, e incursionaron incluso en el cultivo y posteriormente en el procesamiento y tráfico de coca y heroína. En el caso de las FARC en particular, de campesinos víctimas y perseguidos por la reacción, se transformaron en parte de los victimarios de los campesinos y agentes de la nueva guerra contra el pueblo, no ya por la renta extraordinaria del café, sino por la que brinda la explotación capitalista de las riquezas naturales minero-energéticas y las plantaciones de palma, coca, amapola… Una guerra injusta que ni los más recalcitrantes se atreven a desconocer ha ocasionado el despojo de más de 10 millones de hectáreas y desplazado alrededor de 7 millones de pobres del campo. Evadir estos hechos no es de revolucionarios.

Y si ese es el carácter de la guerra actual, las negociaciones y acuerdos que se han presentado desde los años 90 hasta la fecha, han tenido como base, no los problemas de los pobres del campo como quieren hacer aparecer, sino el reparto de esas explotaciones que dejan una renta extraordinaria. Por eso, independiente de la letra menuda del acuerdo de La Habana y antes de que lo publicaran ya se sabía la base del mismo: LEGALIZAR EL DESPOJO; como ya se ve claramente y se había denunciado en RO desde hace mucho tiempo.

Con el rimbombante nombre de Reforma Rural Integral, solo 3 millones de hectáreas (entre tierras compradas, baldíos, etc.) serán entregadas a los campesinos, una parte de ellas a los combatientes de las FARC; el proletariado agrícola, también víctima de la guerra, no existe en el acuerdo de La Habana. Eso es todo; casi la totalidad de los 10 millones de hectáreas despojadas será entregada, o legalizada como ya lo están haciendo, a los capitalistas nacionales y extranjeros para las llamadas Zonas de Interés de Desarrollo Rural Económico y Social – ZIDRES que, aunque no están siquiera mencionadas en el acuerdo de La Habana, son complementarias de la política de tierras que el gobierno viene adelantando. Por consiguiente, la Reforma Rural Integral con su palabrería sobre acceso a la tierra, protección, vivienda, salud, género, etc. y sus formas de Proyectos Asociativos, Zonas de Reversa Campesina, etc., etc. son, junto con las ZIDRES, tuerca y tornillo del plan burgués imperialista para dar un nuevo impulso al desarrollo del capitalismo en el campo por la vía reaccionaria; donde los pobres del campo son amarrados a la tierra para surtir de mano de obra barata las grandes explotaciones agroindustriales de los grupos monopolistas nacionales y extranjeros, principales beneficiarios de la guerra contra el pueblo.

¿Debe la clase obrera y el pueblo trabajador en general apoyar ese acuerdo reaccionario, defendido por imperialistas, burgueses y terratenientes (incluido el sector mafioso y paramilitar que representa el uribismo) y respaldado por los oportunistas (falsos comunistas) y todos los reformistas?

Ya para todo el mundo es claro que los reparos del uribismo y su campaña por el no en el Plebiscito solo buscan renegociar algunos puntos secundarios del acuerdo de La Habana, como se había denunciado también en RO antes de conocerse el acuerdo final: la cantidad de tierras entregadas a los combatientes de las FARC y las gabelas que el gobierno les otorga a los jefes de esa guerrilla. De ahí que las coincidencias y el acuerdo fundamental del uribismo, no es con el proletariado revolucionario como afirma el compañero Feliciano, sino con los aparentes contradictores del uribismo representados en sus partidos, Liberal, Conservador, de la U, Cambio Radical, Verde… respaldados por los partidos oportunistas y reformistas (incluido el reformismo armado). Ciertamente, los extremos se juntan y hoy, los “radicales” guerrilleros y sus amigos, hacen migas con el imperialismo y las clases dominantes colombianas.

El segundo problema tiene que ver con la manipulación, las mentiras y las calumnias: ¿El acuerdo de La Habana significa el fin de la guerra? ¿Es verdad que con el acuerdo de La Habana se abre el camino hacia una paz duradera?

El compañero Feliciano no cae en el ridículo de quienes le hacen coro a los imperialistas y burgueses sobre las mentiras de la paz. No cae en la idiotez de propagar la farsa de que se acabará la lucha de clases por la firma de un acuerdo entre el gobierno y un grupo guerrillero. Sin embargo, lanza sus anatemas tergiversando lo que ha dicho RO para colocarlo, como lo hacen los enemigos del pueblo, en el campo del uribismo o afín al mismo; triste papel para quien se considera amigo del pueblo de verdad.

El compañero cayó en la trampa urdida por el enemigo porque su razonamiento está impregnado de la fe supersticiosa en el Estado burgués; por eso le parece un exabrupto el desprecio del proletariado por la palabrería de la Ley burguesa y por el apego a los hechos, el único criterio de verdad: engaños en la propia ley de tierras, mentiras de restitución, prosecución del desplazamiento, aplastamiento violento de las protestas de los desplazados, asesinato de reclamantes…

Revolución Obrera por fortuna, expresa una posición revolucionaria e independiente de las clases dominantes y el imperialismo en torno al problema de la guerra y la paz en Colombia, cumpliendo su deber con dignidad. Es decir, hablando con la verdad, advirtiendo de las trampas de los enemigos y las celadas de los «amigos del pueblo». Por tanto, no es honrado adjudicarle sectarismo únicamente porque no está de acuerdo con la ventolera burguesa de moda.

Pero además es criminal engañar al pueblo haciéndole creer que puede haber paz entre explotados y explotadores, entre pobres y ricos, entre oprimidos y opresores. Por eso contribuir a la patraña de macartizar como uribista a quien se oponga a la paz burguesa no es de revolucionarios y el compañero Feliciano debería pensar seriamente en esto.

Tampoco es honrado tergiversar hechos históricos como decir que el periódico RO es una disidencia del E.P.L., y mucho menos aseverar que desde hace más de 30 años los camaradas estén prometiendo la construcción del Partido. La Unión Obrera Comunista (mlm) fue fundada en 1998 y su propósito apenas sí es contribuir a la construcción del Partido de la Clase obrera.

Y a propósito del Partido, la interpretación que tiene el compañero de la historia de esa lucha, no es la de un materialista histórico, si juzgamos su desconocimiento olímpico de la desnaturalización del Partido Comunista (mamerto), considerado por la propia burguesía como el “partido liberal chiquito”, la desnaturalización y desaparición del Partido Comunista (ML) en el 75 como representante del proletariado. Seguramente el compañero Feliciano se contagió de ese falso pluralismo ideológico tan propagado por la socialdemocracia que se le olvidó que en el capitalismo solo pueden existir dos ideologías: la burguesa y la proletaria. Y que, por consiguiente, si un partido no representa los intereses de la clase obrera, solo puede representar los de la burguesía así se disfrace de comunista, de revolucionario o progresista, como lo hacen los oportunistas y reformistas en general.

Finalmente, el compañero hace caer en cuenta que entre las «bondades» del acuerdo de La Habana hay «elementos de carácter democrático que van a herir o al menos no van a ser del pleno beneplácito de los ostentadores del poder o parte de ellos; pero por ello no podemos dejar de exigir su cumplimiento. ¿Será que se puede? O por el contrario los verdaderos revolucionarios deberán seguir la orientación de unirse con todos aquellos que se opongan a que se hagan las reformas que se acuerden en La Habana?».

Y nuevamente recurre a un truco para seguir haciendo aparecer al proletariado revolucionario como sectario. En la primera parte hay una afirmación, luego sigue una pregunta para hacer otra afirmación a manera de pregunta, sugiriendo que RO ha planteado unirse con todos los que se oponen a las reformas que se acuerden en La Habana.

Es un truco perverso porque evade que la esencia del acuerdo y de la «reforma agraria» de La Habana es la legalización del despojo de los pobres del campo, para poner como centro las arandelas, como las promesas de atención a «sectores más vulnerables» o «pobres», «apertura democrática», «participación política», etc. que a la final solo servirán para tratar de maquillar la dictadura criminal de las clases dominantes y prolongar la vida del sistema moribundo. Esto es lo principal, y el primer deber de todo revolucionario honrado es denunciarlo: el proletariado NO APOYA LA LEGALIZACIÓN DEL DESPOJO DISFRAZADO DE «REFORMA AGRARIA INTEGRAL».

Pero seguramente el compañero Feliciano no se refería a la esencia del acuerdo de La Habana sino a algunas medidas que en la letra benefician a algunos trabajadores y «mejoran» las condiciones para la lucha política. Por supuesto que el proletariado debe aprovechar, no para defender esas «reformas» sino para exigir el cumplimiento de la letra, que le permitan desnudar el carácter mentiroso de las mismas y demostrarles a las masas populares la necesidad de destruir la vieja máquina de dominación de los explotadores, para llamarlas a instaurar el nuevo Estado que expropie a los expropiadores y resuelva los problemas que el capitalismo no puede resolver. La diferencia cardinal entre los revolucionarios y los reformistas radica en que para los primeros las reformas son apenas un punto de partida, un pretexto para hacer avanzar a las masas a la posición revolucionaria, mientras para los reformistas se convierten en su programa final.

Por eso ese interés del reformismo en ocultar la trampa de la reacción, en esconder la esencia del acuerdo de La Habana, en hacer aparecer la desmovilización de las FARC como la conquista de la paz, en ubicar a los revolucionarios como uribistas… y en consecuencia, no molestar a los de arriba con la lucha revolucionaria de las masas, sino sumarse a la campaña por el SÍ… mientras tanto, los revolucionarios seguirán insistiendo en la necesidad de unir y generalizar los combates para arrebatar al enemigo las reivindicaciones inmediatas del pueblo, y llamándolo a NO VOTAR el Plebiscito, a no respaldar un acuerdo en contra de los pobres del campo y ajeno al conjunto de los trabajadores.

Para no extender más esta perorata solo quisiera traer a colación una frase que por estos días me llamó la atención, releyendo la biografía de Stalin escrita por de Henri Barbusse, quien describe magistralmente el reformismo:

«El reformismo es tentador. Tiene un aire sensato, prudente, parece ahorrar sangre. Pero los que ven a larga distancia y disciernen los grandes desquites de la lógica y de la aritmética social, los que recogen más ampliamente cada vez la experiencia histórica, saben que por el camino de la resignación oportunista y del vasallaje del reformismo se encuentra la quimera, la celada y, por último, la traición, y que este camino es el camino del fracaso y de la muerte en masa. Cuestión de matices, dicen algunos. ¡No! Cuestión fundamental, cuestión de vida o muerte, porque el minimalismo —llamado también teoría del mal menor— es conservador». (Henri Barbusse, Stalin: un mundo nuevo visto a través de un hombre, 1935).

Espero le haga llegar mis saludos y estas notas al compañero.

Fraternalmente,

Sebastián B.

P.D. Voy a enviar estas notas junto con su mensaje y las opiniones de Feliciano a los camaradas del Comité de Redacción a quienes debe interesar este tipo de polémicas. ¿Está usted de acuerdo?

Del Compañero Libardo a Sebastián

Hola compañero:

Totalmente identificado con sus argumentos. Siempre he dicho que la Unión y RO están hechos de acero.

Le cuento que ya leí el «Acuerdo Final» y confirma todo lo dicho por el periódico. Son 297 páginas de cháchara que llega al ridículo de la meticulosidad de detalles sin importancia, y que se quedará en las declaraciones grandilocuentes en los asuntos de restitución, reparación y no repetición: seguirá la guerra contra el pueblo.

Sobre enviar todo este material a RO, pues le comentó que ya le había enviado al compañero Feliciano este mensaje:

«Buen día…; primero que todo debo darle las gracias por su empeño en haber estudiado el editorial, pues de eso se trata, divulgar las ideas. Sus conceptos los he remitido al correo de RO y aunque por disposición de la Unión solo debatirá como organización a la luz pública únicamente con organizaciones, seguro que será motivo de análisis y los tendrá en cuenta.»

Conociendo los argumentos que usted me hizo llegar, creo que se debe solicitar a los compañeros de RO la posibilidad de publicarlos porque responden a las opiniones e inquietudes de varios revolucionarios.

Un saludo a los demás compañeros.

Libardo.

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