Ucrania, un botón de muestra de las tropelías de los imperialistas

Ucrania, un botón de muestra de las tropelías de los imperialistas 1

Ucrania es un botín más en la disputa internacional que protagonizan los países imperialistas, quienes se coluden como bestias insaciables en busca de extender su poder en el planeta. Esta es una reacción exacerbada por la crisis general del sistema capitalista, donde una de las posibilidades de salida a la crisis es la generación de guerras de rapiña que en la mayoría, sino en todos los casos, están determinadas por la necesidad de arrebatarse entre países imperialistas las zonas de influencia para aumentar el poder de unos en detrimento de otros. En esa perspectiva, una de las posibilidades latentes en todo momento es que cualquiera de esas guerras regionales, puede ser el detonante de una tercera guerra mundial.

Así lo explica un escrito del Portal Revolución Obrera:

«Eso hace que crezcan las posibilidades de grandes guerras regionales y de una tercera guerra mundial, pues es un hecho que las guerras son una de las formas para paliar las crisis, sobre todo porque con ello buscan la destrucción de buena parte de las fuerzas productivas y la redistribución de las mismas. Por ello la industria militar es tal vez la única de los renglones que crece en medio de la crisis económica mundial, los gobiernos, incluso los más empobrecidos destinan una considerable parte de sus presupuestos a la inversión en la industria militar; y los productores, se disputan frenéticamente este mercado, tanto para vender como para ganar aliados en esa posible confrontación de gran magnitud».

Así las cosas, Ucrania se ha convertido en uno más de esos puntos rojos donde la guerra ha entrado a ocupar la forma principal de acción de los imperialistas para debilitar a sus adversarios, un punto más, porque al mirar el globo terráqueo encontraremos otros, donde lamentablemente las consecuencias de una guerra reaccionaria ya se han vuelto “parte del paisaje”, es decir, ya han dejado de ocupar la atención principal de los medios de comunicación, lo que ha permitido que se pierda de vista el mal principal que enfrenta el mundo y sobre todo, los pueblos de todos los continentes: El capitalismo Imperialista.

Yemen, al sur de la península de Arabia y olvidado por el resto del mundo, está devastado por una guerra que ya completa 7 años, y que solo como muestra de la magnitud, las Naciones Unidas reportan que desde entonces cerca de 100 mil niños han muerto a consecuencia de la malnutrición, deficiencia que afecta a más de 14 millones de yemeníes; con un costo en vidas por la guerra, de más de 8000 civiles muertos, entre muchas otras cifras escalofriantes. Un conflicto donde el medio de información BBC reconoce que «El conflicto escaló dramáticamente en marzo de 2015, cuando Arabia Saudita y otros ocho países árabes, mayoritariamente sunitas y apoyados por Estados Unidos, Reino Unido y Francia, lanzaron ataques aéreos contra los hutíes con el objetivo declarado de restaurar el gobierno de Hadi».

Un pueblo azotado por la pobreza y la guerra, que tiene dentro de sus botines para los imperialistas el hecho de que «Estratégicamente, Yemen es importante por su situación en el estrecho de Bab al Mandab, que vincula el mar Rojo con el Golfo de Adén, a través del que pasa gran parte de los barcos petroleros del mundo».

A Siria, los imperialistas la han convertido en una fosa común y un terreno para sus ejercicios militares. Lo que comenzó como una portentosa manifestación del pueblo sirio en 2011 que exigía mejores condiciones de vida para la población y la caída del gobierno que por décadas se ha atornillado en el poder bajo la égida del imperialismo ruso, lo convirtieron los imperialistas en una guerra que ya lleva 11 años y donde se perdió totalmente la perspectiva de las justas banderas del pueblo sirio, a quienes los ejércitos reaccionarios los han castigado con una guerra de rapiña por mantener la hegemonía de los rusos y por arrebatársela por parte de franceses, gringos, alemanes, ingleses, etc.; todos ellos azuzando la guerra y armando a fuerzas en contienda para que se mate pueblo contra pueblo.

En 2021, al cumplirse 10 años de esta guerra, ya los medios de comunicación registraban que «Más de 387.000 personas murieron y la guerra obligó a huir a la mitad de la población existente en 2011 y condenó a la extrema pobreza a seis de cada diez sirios, según la ONU». Hoy, esa cifra sobrepasa, el medio millón de muertos y la destrucción es aterradora. Una acción así, solo puede provenir de una guerra de las más reaccionarias y solo puede dar esos resultados con las garras enclavadas de los imperialistas.

En Afganistán, se vive una tensa y muy relativa calma en la guerra que desencadenó el imperialismo estadounidense utilizando como disculpa los ataques a las torres gemelas en 2001. Veinte años se sació el gobierno yanqui y sus tropas asesinas sobre el pueblo de Afganistán y destruyó la mayoría de sus instalaciones. Y como si fuera poco, ha vivido casi toda su existencia en guerra, hoy bajo el poder asesino de los yanquis, antes bajo la mortífera y asesina máquina invasora del imperialismo ruso, y anteriormente bajo las armas y el poder dominante del imperialismo británico.

Más de 46 mil civiles fueron masacrados en estos últimos años, más de 2,2 millones de desplazados hacia otros países y cerca de 600 mil han huido a otras regiones dentro del mismo país. Para que luego de esta guerra, los propios gringos hicieran un acuerdo bajo la mesa con los talibanes de apoyarlos en el poder, cuando supuestamente los estaban combatiendo.

Situaciones similares de guerras reaccionarias se viven por años, unos disfrazados de conflictos religiosos, étnicos, etc. pero que tienen como artífices principales a los poderosos países imperialistas que los promueven y financian para sus propios intereses de gran poder, conflictos que dejan millones de muertos, destrucción, hambre, desatención a decenas de millones de niños, un panorama sombrío que además se sacia en los territorios de países y naciones oprimidos; pueblos enteros que como en el caso de Etiopía, Myanmar, Irak, Palestina, Haití, Mali, Mozambique, El Congo, Somalia, y muchas otras regiones del planeta, viven en medio de guerras patrocinadas por los poderosos y que en cada una de ellas se destacan intereses de poder económico y geoestratégico para aumentar el poder de los gendarmes del mundo burgués.

Hoy el centro de atención del mundo está en lo que pasa en Ucrania, el botón que puede desencadenar una tercera guerra mundial ha cobrado protagonismo en lo que suceda en esa parte del planeta, pero eso no nos debe permitir olvidar que lo que está pasando allí no es muy distinto a las tropelías de los imperialistas en otras partes del globo. El pueblo de Ucrania hace parte de todos los pueblos del mundo que luchan contra las clases reaccionarias, nacionales y extranjeras, los enemigos de ese pueblo, son los mismos enemigos de los pueblos de Turquía, de Myanmar, de Venezuela y Colombia, que son los mismos enemigos de los pueblos del Reino Unido y de Rusia, de Los Estados Unidos e India.

Hoy más que nunca, debemos exaltar que el enemigo es el sistema, que es el capitalismo la peor lacra que hoy soporta la humanidad. La hermandad de los pueblos debe ser la fuerza propulsora que impulse en todos esos conflictos regionales la táctica correcta: o la revolución impide la Guerra, o la Guerra desata la Revolución. Ese es el camino y esa es la máxima que los revolucionarios deben seguir para avanzar por el camino de la construcción de fuertes Partidos Comunistas Revolucionarios que sean capaces de orientar a sus pueblos en la transformación de esas guerra reaccionarias, en portentosas Guerras Populares que allanen el camino de la sepultura de todo el orden actual y lancen al basura a los Biden, a los Putin, a los Zelenski, a los Erdoğan, Xi Jinping , Bashar al-Ásad, y a toda esa recua de bandidos que administran los negocios de los burgueses y terratenientes en todo el mundo.

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