Seguir el camino de la revolución socialista en Rusia y China para vencer al imperialismo y a la reacción

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Cuando la continuidad y magnitud de la crisis económica mundial del capitalismo demuestra una vez que es un régimen de producción en descomposición; cuando la crisis social que ha generado a la humanidad es insoportable para los oprimidos y explotados; cuando entre los bloques imperialistas, liderados por EE.UU de un lado, y del otro por Rusia y China, están desatando una guerra de proporciones mundiales que ya arde intensamente en Siria; es cuando el proletariado revolucionario debe exaltar con más fuerza la necesidad y vigencia de la Revolución Proletaria Mundial, llamando a la sociedad a seguir el camino de la revolución de Octubre de 1917 en Rusia y de la instauración de la República Popular China el primero de Octubre de 1949, como culmen de la victoria de la Guerra Popular Prolongada que por años disputó el poder al imperialismo y al semifeudalismo en todo el territorio nacional, para iniciar la construcción del socialismo.

Solo el modo de producción socialista puede sacar a la sociedad de todas las lacras en que la sume el sistema imperialista mundial. Durante el siglo XX, en países atrasados y oprimidos como Rusia y China, sendas revoluciones dirigidas por auténticos partidos marxistas leninistas cambiaron la historia para siempre e indicaron a los oprimidos y explotados el camino a seguir para vencer al imperialismo y a sus lacayos.

Hoy, ya pasados 98 años del triunfo de la revolución bolchevique y a 66 años de la instauración de la República Popular China, la clase obrera tiene ante sí el reto de asimilar la valiosa experiencia de estos avances para cumplir su misión histórica de emanciparse y emancipar a toda la humanidad del yugo de la opresión y la explotación. Allí quedó claro que la lucha de clases continúa una vez tomado el poder por la clase obrera; que no se puede abandonar el camino de establecer un nuevo tipo de Estado, tipo Comuna de París, donde los obreros y campesinos lo gobiernen todo, impidiendo con las armas en la mano y con el poder de su organización consciente y movilización de masas, la restauración del sistema capitalista.

Estas y muchas más enseñanzas fueron necesarias para un triunfo inevitable sobre el imperialismo de parte de la clase obrera aliada a sus hermanos campesinos. Hoy China y Rusia son dos centros de opresión y explotación de la clase obrera y de la sociedad mundial. La coalición que conforman para enfrentar la hegemonía del imperialismo yanqui amenaza con una nueva guerra de rapiña imperialista, donde las víctimas son los pueblos del mundo.

Hoy Rusia y China son centros del poder del capital, que restauraron su dominio una vez que el revisionismo tomó las riendas de la revolución, sometiendo la dictadura del proletariado, hasta reemplazarla por una nueva dictadura de los explotadores que le permitió a la nueva burguesía y al imperialismo mundial, saquear todas las riquezas construidas por el socialismo y oxigenarse en su época de agonía, lo cual confirma la justeza de la sentencia de Lenin:

«la lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa si no va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo».

Mientras la revolución bolchevique logró unir a decenas de nacionalidades que antes vivían oprimidas por los monarcas de oriente y unificarlas en la inolvidable Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, hoy los nuevos zares rusos las mantienen sometidas como es el caso del pueblo ucraniano; mientras la revolución de octubre de 1917 logró sacar del atraso a la sociedad, construyendo una enorme industria pesada en medio del cerco imperialista y elevando a la productividad en unas cuantas décadas al nivel que no pudo llegar el capitalismo sino en más de un siglo y en unos pocos países, hoy los capitalistas concentraron y acumularon todo el progreso hecho por la clase obrera en el poder, para que fuese usufructuado por unas pocas manos de bandidos que amenazan al mundo y someten al movimiento revolucionario dentro de sus fronteras.

En China, todo lo que hizo la clase obrera por entregarle la libertad a los campesinos y a los obreros, lo convirtieron los nuevos emperadores chinos, seguidores del revisionismo Teng Siao Pingista, en un régimen inhumano y ruin que mata a la joven clase obrera de superexplotación, que somete al campo a la peor de las humillaciones, incluso comparables con las que sufría durante el yugo colonial imperialista antes de la revolución. La revolución le entregó la tierra y le dio la libertad al campesino, hoy el régimen de explotación chino absorbe los hijos de los obreros y campesinos y los convierte en esclavos asalariados de tiempo completo, envenenándolos con sustancias químicas y agotando hasta la última de sus energías.

En la historia de la humanidad, un régimen de producción no se impone sino después de muchas luchas, revoluciones y contrarevoluciones. Así lo vivió la burguesía para imponer el capitalismo, luchando desde el siglo XV, hasta montarse en la cumbre de la historia en el siglo XIX, así lo hará la clase obrera en el siglo XXI, luego de aprender de las valiosas experiencias de la revolución proletaria del siglo XX. Las clases dominantes y la fuerza de la división social del trabajo y de las ideas que sustentan la opresión y la explotación no se vencen fácilmente, pero la clase obrera es la más numerosa, fuerte y sabia que ha creado toda la historia de la humanidad. Ella sabrá conducir a la humanidad por el camino del progreso, una vez derroque nuevamente el poder político de su enemigo de clase, guiada por su partido político en cada país y de una verdadera Internacional, que como partido mundial garantice el futuro comunista para la sociedad, hoy amenazada hasta en su propia existencia por el imperialismo.

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