LA MUERTE DEL PERIODISTA JAMAL KHASHOGGI

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LA MUERTE DEL PERIODISTA JAMAL KHASHOGGI 1

Otro crimen impune bajo el imperialismo

El pasado 2 de octubre el periodista Jamal Khashoggi entró en el consulado saudita en Estambul y nunca volvió a aparecer, solo más de dos semanas después y entre crecientes críticas de la comunidad internacional, Arabia Saudita confirmó que había sido asesinado en la misma embajada, además cínicamente el gobierno saudita aseguró que su muerte fue resultado de una «operación clandestina» de sus servicios de inteligencia; es decir, de una operación a espaldas del gobierno. Este horrendo crimen alegra enormemente a las archireaccionarias clases dominantes de Arabia Saudita, pues eliminan una piedra que les estorbaba en sus zapatos.

Jamal Khashoggi fue un periodista saudí y columnista de opinión de The Washington Post, autor y exdirector general y redactor jefe del canal de noticias Al-Arab News Channel. También trabajó como redactor del periódico saudí Al Watan, el cual funcionó como una plataforma para los progresistas saudíes, un importante punto de referencia crítico para la gente que detesta al actual régimen.

Por su trabajo como periodista interesado en desenmascarar la corrupción y la podredumbre en Arabia Saudita, Khashoggi tuvo que huir en septiembre de 2017 por amenazas en contra de su vida. Desde el exilio arreció su lucha en contra del régimen y escribió varios artículos periodísticos críticos, en particular del déspota príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammad bin Salman, y de su rey, Salmán bin Abdulaziz, pero quizás lo que le costó la vida a Jamal Khashoggi fue su denuncia por la intervención militar saudí en Yemen, una carnicería de la cual los imperialistas no quieren que se hable. Su denuncia sistemática y mordaz motivó a los servicios de inteligencia saudíes, con directrices de su gobierno y bajo el amparo de Estados Unidos, para que ejecutara aquel cobarde asesinato. En ese crimen, todos están implicados y se beneficiaron, desde el gobierno Turco que es un aliado estratégico de Estados Unidos y mantiene relaciones cordiales con el régimen Saudí, hasta el gobierno de Estados Unidos, quien mantiene un vivo interés porque se prosiga la intervención militar en Yemen. Uno de los objetivos propagandísticos de Estados Unidos y del régimen saudita, es que no se conozca la verdad de aquella guerra reaccionaria, y en ese sentido Jamal Khashoggi era una piedra en el zapato que desbarataba sus planes y por eso debía morir.

La muerte de Jamal Khashoggi es un reflejo testarudo de una verdad conocida de hace rato por los comunistas: la libertad de prensa y de pensamiento bajo el imperialismo, es falsa y mentirosa; los «derechos absolutos» y la imparcialidad con que se ungen los estados son una forma velada para encubrir la dictadura del gran capital y de los monopolios, de los imperialistas y todas las clases reaccionarias, de sus sicarios a sueldo y asesinos profesionales. Por tal motivo los comunistas repudian la falsa «libertad de prensa» y de «pensamiento» de la sociedad burguesa, se niegan rotundamente a hacer coro a la frase burguesa, anarquista y pequeñoburguesa de la libertad absoluta y en general.

Los comunistas le declaran la guerra a aquellas mentiras, por ejemplo, acá en Colombia, los auténticos comunistas se han echado sobre sus hombros la enorme responsabilidad de «crear una prensa libre ‘respecto a la bolsa de oro, del soborno y el condumio’ o cuando éste método falle, a la censura de las clases reaccionarias mediante la coerción, la amenaza y el asesinato». (Manual de Redacción del periódico Revolución Obrera). Si Jamal Khashoggi hizo con sus críticas y denuncias temblar y preocupar al archireaccionario régimen Saudí, qué no podrán hacer los comunistas quienes representan los intereses del proletariado revolucionario y no temen decir la verdad y defenderla con la sangre.

«Los periódicos dirigidos por nuestro partido y toda la propaganda de éste deben ser vivos, claros y agudos y jamás deben hablar entre dientes. Ese es el estilo combativo propio de nosotros, el proletariado revolucionario. Necesitamos este estilo combativo si hemos de enseñar al pueblo a conocer la verdad y ponerlo en pie para la lucha por su propia emancipación. Un cuchillo romo no saca sangre».
Mao Tse-tung

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