La Guerra Comercial Yanqui – China Ahonda las Grietas del Imperialismo

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La Guerra Comercial Yanqui – China Ahonda las Grietas del Imperialismo 1

La guerra comercial entre Estados Unidos y China tiene temblando los sectores más importantes de la economía mundial; las especulaciones sobre el futuro de esta disputa se dan cada hora en los medios digitales, las bolsas de los principales países parecen toboganes y el disparado precio del dólar se adiciona a la situación de inestabilidad económica que mantiene en vilo a los grandes magnates. Es sin duda un buen síntoma para quienes les alegra el crecimiento de las grietas de este sistema económico que se tambalea como un castillo de naipes ante el mínimo soplo de cualquier vetusto representante como lo es el monigote Trump.

El alboroto antichino iniciado por el presidente gringo fue uno más de los aspavientos a los que ya tiene acostumbrado al mundo este individuo, que un día se levanta amenazando con encerrar a los mexicanos tras un muro, otro día diciendo que va a invadir Venezuela, otro que lanzará todo su arsenal contra Corea, y ahora, que va a solucionar la profunda crisis económica yanqui castigando la economía china.

Estados Unidos, una de las mayores economías, es a su vez la que más crisis presenta, con el mayor endeudamiento y con una situación cada día empeorando, como lo muestran las cifras de la balanza comercial de los últimos años, donde se aprecia la enorme diferencia de sus exportaciones frente a las importaciones:

En esas cifras, es precisamente China uno de los principales responsables, como lo muestra el siguiente cuadro:

Allí se puede observar que China cuadruplica sus exportaciones con relación a lo que importa de Estados Unidos; por eso, el presidente Trump, en una salida desesperada, amenaza con aumentar los aranceles del 10% al 25% a varios productos chinos importados.

De igual modo, la respuesta de China no se hizo esperar al imponer aranceles de 15% a 120 artículos de importación como frutas y ocho artículos que incluyen carne de cerdo y otros productos alimenticios que serán sometidos a aranceles del 25%.

Pero como se sabe, una de las características de la economía imperialista es precisamente que destruye las fronteras nacionales, encadenando a todos los países en una sola economía mundial, que hoy atraviesa la más profunda y extensa crisis de toda su historia; todo esto hace que las medidas anunciadas en esta guerra comercial, tratando de paliar la crisis disputándose el mercado mundial, se devuelvan como un bumerang afectando directamente a los grandes magnates del capital que tienen, tanto inversiones en Estados Unidos como en China, y en general en todos los países; al punto que de inmediato, las amenazas del monigote Trump sacudieron a grandes empresas como las japonesas Panasonic y Toshiba, o la británica ARM fabricante de la mayor cantidad de chips del mundo, entre muchas otras.

A nivel tecnológico, la pugna entre Estados Unidos y China es gigantesca, el monstruo chino de tecnología Huawei fue blanco de ataque del gobierno estadounidense, trayendo de inmediato la reacción en cadena de empresas como Google, y los proveedores chinos de materia prima para la producción de tecnología gringa, quienes amenazan a los Estados Unidos con parar el suministro de lo que llaman “tierras raras” que están formadas por 17 minerales o elementos químicos que en su gran mayoría (más del 90%) son suministrados por el país oriental (escandio, itrio, lantano, etc.) necesarios para refinar petróleo, para lámparas de alógeno, para la industria laser, para reactores nucleares entre muchas más aplicaciones. (Ver: China amenazó con dejar a Estados Unidos si tierras raras…).

El infierno de la economía capitalista se caracteriza entre otras por la anarquía de la producción, ya que no está determinada por las necesidades de la sociedad, sino por el apetito insaciable de ganancia; donde el límite lo ponen solamente las capacidades tecnológicas y por ende a toda costa los empresarios no permitirán que se detenga ni la producción ni la comercialización de sus productos; así eso lleve a la crisis a muchos sectores y se lleven por delante la estabilidad de los Estados, ahondando las grietas del sistema en su conjunto.

Pero además, el capital se desplaza a las ramas de la producción y los territorios donde más favorezcan la ganancia; por ello una de las consecuencias de esta disputa chino gringa, lleva a que grandes empresas trasladen buena parte del capital a otra regiones que no estén tan amenazadas por la confrontación, caso por ejemplo las maquilas en México y en general en Centroamérica, así como lo hacen en otros muchos países de Asia.

Como efecto reflejo, la guerra comercial puede además llevar a la especulación aumentando los precios finales a quienes consumen los productos, lo cual afectaría a los trabajadores, y sin duda, eso agrava la crisis social, empeora las condiciones materiales de las masas, pues como siempre, la pretensión de los capitalistas será la de descargar sobre los hombros de quienes todo lo producen, las consecuencias de sus crisis. Esto, no es nuevo, es la misma lógica de siempre; y por ello, al final todo lleva agua al molino de la agudización de las contradicciones y a mejorar las condiciones objetivas para que las ideas revolucionarias prendan con mayor facilidad en las masas. El sistema está agonizando, pudriéndose en la salsa de sus propias contradicciones, y no tiene salvación posible; la mirada hay que ponerla definitivamente en su destrucción y en construir una sociedad donde el trabajo haga pedazos el apetito insaciable de ganancia del capital.

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