La charca del chavismo es tan apestosa como la del revisionismo

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Miles de personas alrededor del mundo apoyan a los revolucionarios de papel, hoy al frente de la administración de algunos estados burgueses. Recién despertadas a la vida política, abundan personas del común seducidas por el brillo de los discursos beligerantes y revolucionarios de nuevos gobernantes, auspiciados tras bambalinas por facciones del mismo poder capitalista. Hoy, cuando el calor de las palabras se disipa bajo la frialdad de las acciones que ejecutan esos representantes de partidos políticos burgueses vestidos de “alternativas revolucionarias”, la mayoría de esas personas quedan confundidas y desconcertadas.

Los reformistas y revisionistas con sus intentos de «mejoras» estéticas y temporales al sistema, han cumplido el papel de esperanzar a muchos oprimidos que bajo este régimen de producción capitalista en descomposición, regido por la propiedad privada y la esclavitud asalariada, puede haber futuro.

Pero también los obreros alrededor del mundo han venido despertando; la situación de evidente colapso del sistema, la hambruna, el desempleo, la superexplotación y la corrupción generalizadas, demuestra que estamos en la época de la agonía del capitalismo y que los trabajadores son los que soportan las peores consecuencias.

Ejemplos cercanos de lo que hace el reformismo burgués en el poder son Venezuela, Argentina y Brasil. Destacamos el primer caso y citamos al Movimiento Venezolano de Trabajadores Comunistas, que con motivo del Segundo Encuentro Nacional de Organizaciones Revolucionarias manifestaron entre otras:

«…El proceso revolucionario ha estado bajo la dirección de sectores de la pequeña burguesía, que en la forma se presentan como socialistas, pero que en su contenido y práctica se ahogan en la burocracia burguesa y pequeñoburguesa como parte de la lógica capitalista. Es así como la socialdemocracia, el reformismo y el oportunismo generan mecanismos para embellecer el capitalismo y alejar al proletariado de su objetivo histórico, que no es otro que la destrucción del sistema capitalista para la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad sin clases.» La crisis económica, política y social venezolana era tan profunda a finales de los ochenta y principios de los noventa, que solo se puede igualar a las consecuencias de la crisis económica mundial que ahora sufre este país oprimido: la corrupción abrumadora del Estado y la enorme crisis social, son algo nuevamente inocultable. Los lánguidos proyectos chavistas solo sirvieron temporalmente para desviar por el camino de la reforma el amplio y violento movimiento de masas de principios de los años noventa.

El chavismo frenó el riesgo de la exacerbación extrema de la lucha de clases que condujera a una insurrección, y desvió el movimiento con reformas desde el Estado burgués, que igual estaban a punto de ser arrebatadas violentamente por las masas. De esa forma, con dádivas sociales, temporales y parciales, la burguesía protegió su propiedad privada, el régimen de producción capitalista siguió intacto y firmemente sometido al imperialismo ¿Significó esto un avance en el aprendizaje de los obreros y campesinos en la lucha por su emancipación? El efecto de la ampliación de las libertades civiles y democráticas fue un hecho en los primeros años; sin embargo, qué tanto sirvieron para preparar la revolución socialista, que expropie radicalmente a los expropiadores, todavía está por verse, por cuanto depende del avance de las fuerzas del proletariado revolucionario y los comunistas.

En los tiempos de bonanza petrolera, bajo el gobierno de Hugo Rafael Chávez Frías, la burguesía no tuvo problemas en conceder algunas reformas ante la amenaza del ímpetu revolucionario del pueblo. Luego, no fue Chávez el que concedió al pueblo, sino que fue éste, haciendo valer sus organizaciones y poniendo sus muertos, quien conquistó esos triunfos y obligó por la fuerza a la burguesía a ceder algo de las ganancias. Y con tal de preservar lo realmente importante para ella, la propiedad privada, no tuvo problema en poner al frente de la administración estatal a un hombre íntimo de la burguesía liberal como Chávez. El colaboracionismo y convivencia con los enemigos, que ha predicado el gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela durante 15 años, ha corrompido, confundido y dividido a los trabajadores. Hoy, la burguesía que se ha fortalecido políticamente, a la sombra del chavismo, está en la capacidad y la necesidad de aplastar las libertades formales, así como cortar de tajo el gasto social para intentar salvar sus negocios afectados por la crisis.

«Las fuerzas revolucionarias con el proletariado a la cabeza deben conquistar la dirección política de las amplias masas, es decir, llevar a cabo la lucha implacable y decidida contra la burguesía pro imperialista y elementos pequeñoburgueses reformistas, con sus diversas expresiones. Esto significa atraer a nuestro lado a la mayoría del pueblo trabajador que hoy padece las consecuencias de la crisis capitalista y de la bancarrota de la socialdemocracia, que ha demostrado su incapacidad política para implementar medidas acertadas para superar la crisis económica, sino por el contrario, ha apostado por el camino de la conciliación y la vacilación.» Dicen los compañeros arriba citados.

Ese camino de conciliación y vacilación pequeñoburguesa que muchos han transitado hasta hoy, conduce a sumarse al lodazal de los enemigos de la revolución. Traidores como Bernstein y Kautsky se revuelcan en la misma charca con quienes rebajan su programa político, de ser portavoces de la revolución social a convertirse en unos reformistas más, por eso reciben el nombre de revisionistas. En el caso de Chávez, éste nunca fue marxista, ni se propuso nada distinto a frenar la revolución con reformas sociales. Fue y siempre estuvo fuera de la filas de los comunistas. Pero su charca, siendo de una especie distinta, es tan apestosa como la de los revisionistas. En buena hora los revolucionarios del mundo han empezado a repudiarlos. ¡Hay que seguir adelante camaradas deslindando campos con el reformismo y el oportunismo!

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