FARC- VIEJO ESTADO DE COLOMBIA. NECROLOGÍA DE UNA FALSA PAZ

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Nuestros camaradas del Partido Comunista del Ecuador Sol Rojo, han publicado un documento sobre las negociaciones de paz que se desarrollan en la Habana. Lo publicamos a continuación, pues hace una correcta valoración de lo que representa esta farsa, y de lo que son las guerrillas en Colombia. Del artículo, solo debemos advertir que nuestros camaradas de Ecuador, no comparten el análisis económico-social de Colombia hecho por la Revista Contradicción y reconocido por la Unión Obrera Comunista (mlm), respecto a que Colombia es un país de economía capitalista y no semifeudal. Con esta aclaración, saludamos este documento, e invitamos a todos nuestros lectores a estudiarlo y difundirlo profusamente.

Puka Inti

Desde Cuba se ha emitido al mundo la noticia sobre los alcances que han tenido las negociaciones entre la guerrilla, el gobierno colombiano y el imperialismo en torno a la «paz», entendida ésta como la desmovilización del aparato militar de las FARC.

«Sé que están preocupados de si somos comunistas. Quiero que quede bien claro, no somos comunistas. Yo no soy Comunista ni tampoco el movimiento, pero no tenemos que decir que somos anti-comunistas por agradar al extranjero». La Habana, Enero 13, 1959.

«Según mi opinión el presidente Obama es un hombre honesto». Raúl Castro

Resulta grotesco y agresivo para los revolucionarios del paneta mirar las imágenes de un agencioso revisionista como Raúl Castro apretujando las manos de Timoleón Jiménez, cándido comandante de las Farc y de Juan Manuel Santos, uno de los representantes del Estado más cruento, represivo, corrupto y pro imperialista de América Latina: Colombia.

FARC- VIEJO ESTADO DE COLOMBIA. NECROLOGÍA DE UNA FALSA PAZ 1

Cuando los comunistas y demás pueblos alentábamos sobre la necesidad de luchar en contra de los regímenes reformistas, sobre todo aquellos que levantaban el discurso del «socialismo del siglo XXI,» la «revolución ciudadana» o el llamado «bolivarianismo», lo hacíamos conscientes de que dichos procesos estaban ajenos a los requerimientos del proletariado, masas y pueblos oprimidos del mundo; que básicamente se ajustaban a sumarios reformistas-restauradores que tratan de dinamizar los viejos Estados que desde hace muchos años viven crisis y bancarrota.

Este salvataje solo podía ser llevado a cabo desde el discurso seudo revolucionario, «antiimperialista,» de todas formas se constituyó en la única manera de poder contar con la participación más dinámica de un aliado estratégico como el revisionismo y el oportunismo para movilizar a las masas en esa aventura socialdemócrata, y desde luego, que profundice el desarme ideológico de las organizaciones populares de tal forma que éstas pierdan su capacidad de respuesta o combate en contra de estos verdaderos engendros del imperialismo.

Sin perder la objetividad, la lucha contra estos seudo procesos “revolucionarios” también se hizo extensiva a las expresiones armadas del reformismo. Y sin lugar a dudas la guerrilla colombiana ha favorecido a esta corriente. Han coludido con Morales, Correa, Ortega, Chávez, Maduro, Dilma Rousseff y otros por impulsar regímenes que se han dado modos por profundizar las condiciones de opresión de las naciones y ahondar en la democracia burgués-terrateniente como un hálito al capitalismo burocrático.

El régimen de Rafael Correa, después de plegar de manera solícita al plan imperialista de combatir a la insurgencia y movilizar a la frontera con Colombia a más de once mil efectivos, de haber dado de baja a muchos guerrilleros, de haberlos capturado y entregado al gobierno colombiano, también se mostró atento a manifestar que

«la lucha armada en Colombia es un fracaso, que es el momento propicio para establecer un diálogo de las partes»:

«Si alguna vez las Farc quiso lograr justicia social por medio de la lucha armada, pues ese objetivo se perdió, es ahora o nunca que las Farc y los demás grupos irregulares colombianos pueden lograr la paz y hacerle un bien a Colombia y al continente entero» (…) «Dios quiera que este proceso de paz que se ha iniciado llegue a un feliz término» 

«Si necesitan de nuevo que Ecuador facilite espacios para esas conversaciones, pues obviamente nos tiene a su disposición»

Hugo Chávez, más allá de su discurso rimbombantemente rojo, «antiimperialista», «revolucionario» no se salía de la huella y del andar restaurador para sostener que:

«Yo creo que la guerrilla colombiana debería considerar seriamente el llamado de algunos de nosotros que hemos hecho con todo respeto. El mundo de hoy no es el mismo mundo de los años 60. Creo que no hay condiciones en Colombia para que ellos en un plazo previsible puedan tomar el poder.»

Quizá Evo Morales fue el que supo simplificar lo cardinal del pensamiento revisionista cuando manifestó:

«no son tiempos para levantar las armas. ¡Qué bueno sería que las FARC de Colombia dejen las armas y, así como nuestros países, [hagan] una revolución democrática y cultural!».

Esto es lo medular de la nueva estrategia imperialista. A partir de las capitulaciones, desmovilizaciones y acuerdos de paz, propiciar la idea de que la lucha armada quedó relegada al pasado, que la vía al «poder» es electoral, pacífica y «democrática». Y no lo duden trabajadores explotados y pueblos oprimidos del mundo, si el imperialismo, la reacción y el revisionismo avala este camino es precisamente porque es el incorrecto para el proletariado, pueblos y naciones oprimidas.

Pero las FARC no llegan solo con el reformismo latinoamericano a este proceso. Devienen de la mano del Papa y su nueva cruzada; del revisionismo cubano y desde luego, del imperialismo, quien en última instancia ha acreditado el proceso de «paz».

El revisionismo cubano que hoy en día es más descarado, más anti revolucionario, más anti comunista y aparejado en su espíritu religioso-papal de vieja data ha sido incidental y determinante en toda esta bancarrota. Se ha convertido en el más sólido catalizador entre el revisionismo armado, el revisionismo desarmado, el viejo estado y el imperialismo. Desde ahí se ha cerrado la pinza para concretar la emboscada política a los revolucionarios y arrastrarlos a vivir las «libertades» que profesa el imperialismo yanqui y la ilusión constitucionalista de la democracia burguesa.

La influencia de Fidel Castro en las FARC ha sido permanente. Se muestra de manera más evidente después de la crisis generada con el secuestro de Ingrid Betancourt por parte de las FARC.

Al respecto Fidel Castro de forma recurrente «llamaba» a las FARC a la liberación de los prisioneros, entre ellos de la candidata a la presidencia de Colombia. I. Betancourt. Precisamente antes que esto suceda y los aparatos represivos de Colombia liberen a la retenida, Castro salió a manifestar que:

«se abría un capítulo de paz para Colombia, proceso que Cuba viene apoyando desde hace más de 20 años como el más conveniente para la unidad y liberación de los pueblos de nuestra América, utilizando nuevas vías en las complejas y especiales circunstancias actuales, después del hundimiento de la URSS».

Es claro como Castro opera como un desmovilizador ideológico alineándose abiertamente al discurso reaccionario e imperialista.

Fidel Castro lo dice, desde hace 20 años que venían trabajando por colaborar con el imperialismo para «rendir» a las FARC, enaltecer la «paz» burguesa y mandar al trasto a la insurgencia colombiana que ajenos a su génesis1 vive los desafueros oportunistas de sus comandantes. Hoy, bajo el paraguas ideológico de Jrushov disponen de las farsas revisionistas del renegado de Kautsky del que se nutren para sostener patrañas como las de ganar la mayoría en el parlamento para exigir al gobierno concesiones para el proletariado, negando la urgencia e insoslayable necesidad de destrucción del viejo Estado como requerimiento insoslayable en la construcción del Nuevo Poder. Por el contrario, termina anidando en la reforma estatal, fortalecer el caduco sistema de gobierno desde donde pretenden arrancar ciertas reivindicaciones a favor de las masas que en nada soluciona los antagonismos de clase.

Pero el momento que viven las FARC bajo la dirección de la comandancia entreguista deviene en todo un proceso arriado históricamente. Además de las limitaciones de su programa, miopía política y sobre todo la ambigüedad ideológica ha prevalecido el foquismo y militarismo pequeño burgués, claro, entendido esto no como una concepción militar sino como una concepción política que se aloja esencialmente en una visión clasista pequeño burguesa de la sociedad y de la guerra, aspecto diametralmente opuesto a la visión y estrategia del proletariado.

¿TRAICIÓN DE LAS FARC? Consideramos que básicamente ha sido la comandancia de las FARC las que han traicionado a sus combatientes y al pueblo. ¿Por qué?, porque los campesinos pobres y el pueblo que han militaron y/o apoyaron dicho proceso lo hicieron porque consideraron que tenían en él una alternativa de lucha en contra del poder estatal, la miseria, el hambre, la desocupación.

La comandancia de las FARC traicionaron a los miles de guerrilleros que murieron convictos de la «revolución» y que fueron arrastrados a hacer el sacrificio supremo en nombre de la «revolución» sin pensar siquiera que dicho proceso no pasaba de ser sino un eufemismo pequeño burgués que tarde o temprano iba a tener el corolario que hoy tiene.

La dirigencia de las FARC capitula. De reformistas armados pasan a reformistas desarmados. De todas maneras siempre tenían de por medio el tema constitucionalista, legal, parlamentario, como panacea, que pretendían utilizarla por varias vías, aún desde la presión armada. Hay que analizar lo que sucedió con la Unión Patriótica en 1985, donde las FARC y otros grupos guerrilleros convergieron en una intención electorera y aún ahí, en los espacios de movilidad burguesa no tuvieron la permeabilidad que esperaban del viejo estado para su burocratismo.

No hay nada extraordinario que resaltar en este proceso, salvo el hecho de que la reacción y el imperialismo se aprovechan de estas «variantes políticas» para querer mostrarle al mundo que la vía armada está agotada, que la vía «pacífica» al «socialismo» y que las transformaciones sociales pueden y deben levantarse desde la tarima política electorera, burocrática.

Sin duda en filas de esta guerrilla habrá combatientes honestos, equivocados ideológicamente, pero honestos, que no estén de acuerdo con el paso que están dando sus comandantes y que con toda seguridad querrán seguir con la lucha armada. Pero la voluntad de lucha no alcanza sin ideología correcta, método y objetivos coherentes con las contradicciones que existen al interior de Colombia. Cualquier esfuerzo vital será intrascendente e innecesario si se da continuidad al error histórico que ha venido arrastrando la comandancia de las FARC por algo más de cinco décadas.

Los guerrilleros que se nieguen a continuar con el desarme y la capitulación nada harán si no le imprimen, a la guerra, un giro que los conduzcan a transitar el camino de la Guerra Popular, que es la guerra del pueblo dirigida por un verdadero Partido Comunista.

El método radical (lucha armada) no es sinónimo de que la propuesta política e ideológica sea radical o transformadora. No porque las FARC hayan sido las guerrillas más viejas y numerosas de América; porque hayan desplegado exitosos combates en contra de las fuerzas represivas de Colombia quiere decir que su programa lo lleve más lejos. De ninguna manera, radicales en el método pero ideológicamente no disparaban sino cañonazos de pólvora mojada, levedades reformistas que no son antagónicas con el viejo estado, tanto así que no ha sido difícil para el viejo estado y para la dirigencia fariana dejar de lado más de cincuenta años de un cruento vertedero de sangre: más de 300 mil muertos, desplazados, pueblos enteros entregados a la ferocidad del aparato estatal, a los paramilitares y todo en nombre de una hipérbole revolucionaria que tiene un epitafio no diferente al de las ratas de MODAVEF en el Perú, el FMLN, FSLN y otras guerrillas que terminaron serviles al imperialismo: perfeccionando la vieja democracia burguesa que se presenta como permeable aun para sus detractores, y como portaestandartes de procesos reformistas y reestructuradores, verdaderos conjuradores de la revolución cierta, aquella dirigida por el proletariado y que no conoce otra meta u objetivo que nos sea el comunismo por medio de Guerra Popular.

¿Qué se viene ahora?

La Paz. Como dice Obama a coro con Raúl Castro: «la paz». Si, es cierto, Paz entre el viejo estado, la comandancia de las FARC y el imperialismo. Esto no quiere decir en absoluto la PAZ para el pueblo. Pero hay que estar claros, es una paz pegada con babas, una paz de escritorio. Y no vengan acá con ese discurso de que la guerrilla desmovilizada desde el Congreso o cualquier otra tarima burguesa va exigir una reforma agraria revolucionaria como «condiciona» la comandancia capituladora. No, eso no existe, eso no va a suceder, porque decir eso es irse contra los más elementales principios del marxismo, no entender o ser demasiado bribón para pensar que el viejo estado burgués-terrateniente va a dar paso a una reforma porque los desmovilizados la propongan o la pregonen o porque a estas alturas de la historia a algún despistado comandante se le ocurre que en pleno siglo XXI la burguesía puede ser revolucionaria y de un plumazo democratizar los medios de producción eliminar la semifeudalidad y como si eso fuese poco emprender con un proceso de liberación nacional. Eso no va a suceder, definitivamente.

La reforma agraria sin el poder en las manos del proletariado que garantice la eliminación de relaciones de producción precarias, semifeudales, no es nada, no lleva a ningún lado, es un espejismo. Es la verdad. El viejo estado acomodará cualquier reforma o «revolución» a la dictadura que se ejercita en el sistema de estado.

«Todavía no ha llegado la paz, aún no hemos firmado el acuerdo…» Timoleón Jiménez.

Es así como entiende la paz la comandancia de las FARC, la simplifica a la «firma» de un documento donde consideran se habrán saturado o dirimido las contradicciones fundamentales que existen en Colombia.

¿Qué pide la comandancia capituladora de las FARC a cambio de la firma? Entre otros, curules para asambleas departamentales y concejos municipales. Reforma agraria. Entrega de armas, esto más allá de que los comandantes traidores hablen de «dejación de armas» que en términos semánticos viene a ser lo mismo. Abordar el tratamiento al tema narcotráfico. Es decir los comandantes se suman al esfuerzo del estado, de la DEA (imperialismo) al control del narcotráfico. Participación política…

Habría que preguntarse ¿qué está dispuesta las FARC a hacer para poder adosarse a la vieja democracia burgués-terrateniente? ¿Qué le entregan al viejo Estado? Mucho, muchísimo: la sangre de miles de combatientes que se creyeron el discurso de la «revolución» bolivariana. Centenares de miles de desaparecidos, torturados, encarcelados, desplazados. Pero no solo eso, sino que debe pedir la libertad de sus combatientes detenidos y a cambio tolerar que Santos también sea «condescendiente» con los paramilitares y deje paulatinamente en libertad a comandantes paramilitares acusados de los crímenes más execrables que se puedan imaginar. Además, la comandancia capituladora tendrá que «lidiar» con los disidentes, entonces la comandancia terminará por convertirse en nido de delatores de aquellos guerrilleros que no creen en el proceso, que elementalmente «desconfían» del régimen narcoparamilitar y desde luego del estado.

No se puede soslayar el desarme de los guerrilleros, eso es decidor. Tienen que entregar las armas. No es lo esencial pero si es importante ya que se propicia el desarme del pueblo en general de tal manera que no puedan desarrollar en el camino la posibilidad de línea ideológica correcta, la estrategia militar proletaria. La reacción sabe bien que ahí las cosas son diferentes en la propuesta revolucionaria. ¿Por qué el tema de las armas es importante y no fundamental? Porque las armas pueden estar en manos de cualquiera, empero diferente es si están en manos de combatientes dirigidos por la ideología correcta.

«El que sea correcta o no la línea ideológica y política lo decide todo. Cuando la línea del Partido es correcta, lo tenemos todo: si no tenemos hombres, los tendremos; si no tenemos fusiles, los conseguiremos, y si no tenemos el Poder, lo conquistaremos. Si la línea es incorrecta, perderemos lo que hemos obtenido». Presidente Mao.

Que las FARC y posiblemente el ELN firmen su desmovilización bajo el discurso de la paz no quiere decir que en Colombia se hayan saldado las contradicciones fundamentales:

¿Nación-imperialismo? En absoluto. El estado colombiano es quizá el más fiel siervo y lacayo del imperialismo yanqui. Y no solo eso, es su garrotero en América del Sur, su instrumento violento.

¿Proletariado-gran burguesía? El régimen de explotación a los trabajadores se mantiene sin cambio alguno. Por el contrario, el proceso de monopolización de los medios de producción va en acenso. Los niveles de explotación del proletariado en Colombia se vuelven cada vez más dramático.

¿Masas-semifeudalidad? La tierra ha sido disputada por el estado, latifundistas, paramilitares, narcotraficantes y las guerrillas, que han encontrado en el control de la tierra, la producción y en el desplazamiento de los campesinos pobres una interesante figura económica para financiar la «revolución» o la violencia paramilitar. Es decir, no se ha avanzado nada en términos que permitan sostener que las condiciones que generan violencia revolucionaria hayan sido eliminadas, por el contrario, se sostienen, evolucionan y la responsabilidad compartida entre la guerrilla y el estado es evidente. Del otro lado, los campesinos pobres, los sin tierra, con pocas o ninguna posibilidad de luchar por la tierra concentrada por los grandes terratenientes (de distinto cuño). No se diga de las relaciones de producción en el campo donde campesinos pobres, guerrilleros de tropa y otros son obligados a trabajar la tierra por sus mandos en condiciones neo esclavistas y feudales. No diferente con los pequeños productores del campo que se veían obligados a «entregar voluntariamente» parte de su producción o «impuesto» a las fuerzas irregulares, recreando de esta manera relaciones de producción extremadamente precarias y peligrosas con sus agresores.

La incidencia que tiene la concreción de acuerdos de paz en América Latina es importante. En el Ecuador el revisionismo apurado se muestra, se pronuncia. El PCMLE declara que la «la lucha política demanda la utilización de todas las formas y medios de acción». Claro, de manera sesgada sostienen que la más importante es la lucha armada pero lo hace desde ese permanente y sostenido esfuerzo electorero del que no se han desembarazado jamás.

El llamado Partido Comunista Ecuatoriano como que desde su revisionismo se muestra más directo:

«El Partido Comunista Ecuatoriano saluda la histórica decisión alcanzada, entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarios de Colombia, FARC-EP para avanzar en la salida política y negociada al conflicto armado colombiano, y felicitamos el decidido y frontal apoyo del Gobierno Cubano como mediador en el proceso de negociaciones».

Estos miserables tienen un discurso más próximo a MOVADEF del Perú.

Y es desde este discurso que acá en el Ecuador, que históricamente ha sido utilizado como la «trastienda» de la guerrilla colombiana, el proceso de capitulación emprendido por la comandancia de las FARC será utilizado una y mil veces para querer deslegitimar la lucha proletaria, popular y campesina. La violencia revolucionaria, la guerra popular será mostrada como extemporánea, como la vía «destinada» a ser derrotada y se levantarán las tarimas de la democracia burguesa, del camino burocrático para desmovilizar a la clase y al pueblo.

«Hay quienes nos ridiculizan calificándonos de partidarios de la teoría de la omnipotencia de la guerra. Sí, somos partidarios de la teoría de la guerra revolucionaria; es no es malo; es bueno, es marxista». Presidente Mao Tse-tung

No habrá paz mientras Colombia sea una semi colonia, semi feudal. No habrá paz mientras haya explotación de una clase a otra. No habrá paz mientras Colombia sea una nación oprimida por el imperialismo. No habrá paz mientas el campesinado pobre no tenga acceso a la propiedad de la tierra que hoy trabaja al servicio de cualquiera de los actores de la guerra violenta en Colombia. Pero tratemos de ser más objetivos aún, no puede haber paz mientras el proletariado y sus aliados no tengan el Poder en sus manos y construyan nuevo estado, nuevo poder. Hablar de paz por encima de lo manifestado es cosa sino de rufianes.

El proletariado y pueblo del Ecuador se solidariza con el proletariado y pueblo de Colombia, históricamente explotado, oprimido y agredido por el imperialismo, la gran burguesía, grandes terratenientes coludidos con el revisionismo y el oportunismo.

El Partido Comunista del Ecuador Sol-Rojo saluda a los maoístas de Colombia y en plena manifestación internacionalista se suma al esfuerzo del proletariado y pueblo de Colombia, a los combatientes traicionados, al pueblo oprimido, por fortalecer las condiciones subjetivas que permitan el pronto desarrollo de la Guerra Popular en Colombia, siempre bajo égida del proletariado y al servicio de la Gran Revolución Proletaria Mundial.

¡A ORGANIZAR LA GUERRA POPULAR EN COLOMBIA BAJO DIRECCIÓN PROLETARIA!

NO BASTA COMBATIR AL IMPERIALISMO, A LA GRAN BURGUESÍA Y A LOS GRANDES TERRATENIENTES, ES IMPORTANTE HACER EXTENSIVA LA GUERRA AL REVISIONISMO Y AL OPORTUNISMO

¡NADA HABREMOS HECHO SI NO DERROTAMOS AL REVISIONISMO!

¡EL PODER NACE DE LA PUNTA DEL FUSIL!

¡VIVA EL MARXISMO-LENINISMO-MAOÍSMO!

¡VIVA LA GUERRA POPULAR EN LA INDIA, TURQUÍA, FILIPINAS Y PERÚ!

A CONQUISTAR EL SOL ROJO DE LA LIBERACIÓN: ¡EL COMUNISMO!


  1. El génesis de las FARC están ligados a los preceptos de Marquetalia y que en alguna medida respondían a la legítima reivindicación de los campesinos pobres y explotados de la segunda mitad del siglo pasado 

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