Enseñanzas que va dejando el pueblo francés. La lucha continúa

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Desde el 17 de noviembre del año pasado, el pueblo francés se ha tomado las calles para exigirle al gobierno de Emanuel Macron poner fin al paquete de medidas que empeoran drásticamente las condiciones de vida de la inmensa mayoría de la población en ese país. Desde entonces, las calles de las principales ciudades francesas han acogido a los miles de manifestantes que salen por oleadas a expresar su repudio a toda la política que tiene como centro la descarga de la crisis general del capitalismo sobre quienes trabajan duramente, mientras resguarda y protege las finanzas de los grandes magnates del capital. La mentirosa idea de que el Estado es un aparato que está para gobernar en beneficio de toda la sociedad, que en él se debaten democráticamente y se toman medidas en beneficio de toda la población; esa gran mentira queda en evidencia con la sostenida política que el gobierno francés implementa y de la cual el resultado salta a la vista, llevando a la inmensa mayoría de los franceses, y sobre todo al proletariado, a ver como sus condiciones de vida empeoran en todos los aspectos, mientras los dueños del capital acrecientan sus ganancias. El Estado francés y el gobierno que lo administra, son reaccionarios hasta la médula y solo pueden ser enfrentados con la movilización directa y en las calles.

Así lo han entendido los cientos de miles que desde noviembre han tomado esa determinación. Se hastiaron de la embaucadora idea de los “buenos oficios” que hacen los parlamentarios mal llamados de izquierda o progresistas, de sus eternas discusiones en el parlamento que solo sirven para darle un barniz pluralista y mentiroso a la dictadura de los ricos en Francia. El pueblo francés ha tomado la determinación de dejar de ser actor pasivo en la política, para ocupar su papel como fuerza social que encuentra en la movilización directa, una de sus condiciones para ser una fuerza poderosa que puede influir directamente en las decisiones que toma el gobierno. El camino de la lucha y la movilización revolucionaria de las masas está pasando como una aplanadora por encima del camino parlamentario y leguleyo de la mal llamada izquierda.

Se puede asegurar con todas las letras que es una movilización revolucionaria, pues aunque no cuente con una fuerte dosis de conciencia en el pueblo francés sobre la profundidad de las contradicciones de clase que se mueven en el fondo de esa lucha, sí es un hecho objetivo que está enfrenando las medidas políticas del Estado en su conjunto y que se ha impuesto el camino de la movilización directa, sin intermediarios. No son desfiles lacónicos, ni verbenas populares, ni marchas con pañuelos blancos lo que se ha tomado los Campos Eliseos, es un mar humano que se ha volcado a expresar su inconformidad con el gobierno y en no pocos casos, con el sistema; pero además, que ha salido con mucha firmeza a mostrar su disposición a luchar abnegadamente sin temores, a asumir el reto de enfrentarse a las fuerzas represivas que resguardan el orden burgués.

Han obligado al gobierno a retroceder en medio de la lucha, esa es otra gran conquista revolucionaria. El 04 de diciembre de 2018, el Primer Ministro Édouard Philippe, decretó una moratoria de 6 meses, es decir que el alza de los combustibles programada a partir del 1 de enero del 2019 sería efectiva hasta el 1 de junio; pero las masas no se detuvieron, al día siguiente, ante la presión en las calles, el presidente anunció que el alza de impuestos a los carburantes no sería incluida en el proyecto de ley para el 2019, renunciando definitivamente a su aplicación. El 10 de diciembre el tirano Macrón se dirigió al país para anunciar la toma de medidas para responder a las expectativas de los manifestantes, como el anuncio de aumento de 100 euros al mes para los trabajadores que ganan el salario mínimo y algunas medidas como la reincorporación de la exención de impuestos a las horas extras, la anulación del alza a las cotizaciones de los jubilados que ganen menos de 2.000 euros al mes y la exención de impuestos de la prima de fin de año en las empresas, etc. Que no se negocia en medio de la lucha, que no se negocia bajo presión, toda esa verborrea de algunos gobiernos como el de Duque en Colombia, son pura basura que el pueblo francés ha sobrepasado obligando al gobierno a decretar, con el pueblo en las calles. Nada de mesas de trabajo, de promesas para el futuro, de buscar salidas supuestamente consensuadas; esa es basura burguesa para quebrar una de las condiciones que le da fuerza real a las banderas de los trabajadores: la fuerza de la movilización y de la Huelga.

Han usado creadoramente los modernos medios de comunicación; en eso han sido también aleccionadores. La misma manera como dio inicio a esa marea de hombres y mujeres, y el contenido de la lucha, fue rápidamente difundido por las redes, logrando en días, incluso en horas, que millones de franceses tomaran como propias las banderas y como si fueran un ejército entrenado, se coordinaron acciones en todo el país. El 29 de mayo de 2018, una motorista de Seine-et-Marne, Priscilla Ludosky, lanzó una petición en línea pidiendo una baja en los precios del combustible, para el 25 de octubre la petición tuvo 226.000 adherentes y a finales de noviembre ya tenía más de un millón. El 10 de octubre de 2018, dos conductores de Seine-et-Marne, Éric Drouet y Bruno Lefevre, lanzaron en Facebook un llamado al «bloqueo nacional contra el aumento de combustible»; y así, las redes sociales se volvieron el vehículo de comunicación al instante de millones, primero, de intercambio de mensajes y luego de tareas coordinadas que desembocaron en una fuerza nacional que bloqueó las arterias principales y desencadenó una gran fuerza de propaganda, denuncia y movilización que desde entonces ha llevado a los confines del planeta el desarrollo de esa poderosa lucha que encabezan los “Chalecos Amarillos”.

Hasta dónde logren sostenerlo y qué camino tome esa lucha que ya está cerca de los 5 meses, es una pregunta difícil de responder; todo depende cuánto logren influir en ese movimiento los comunistas. Lo que sí es una verdad de apuño, es que ya es un rotundo triunfo, representado en medidas concretas, en experiencia de lucha, en dejar por el piso la idea de que las masas son simples borregos o fuerza bruta para molerla en el infierno de las fábricas y la producción. Se ha impuesto sobre los parlamentaristas, la movilización directa, la toma de medidas en medio de la lucha, la posibilidad real que tienen las masas de poner en jaque al poder de la burguesía. La historia, con seguridad ya tiene este episodio en Francia en un lugar de privilegio en el camino revolucionario de las masas y ya no importa tanto el desenlace, al menos para ese balance de esta batalla que ha librado el pueblo francés.

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