El capitalismo imperialista sigue en crisis y desata las fuerzas de la revolución

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El capitalismo imperialista sigue en crisis y desata las fuerzas de la revolución 1

Se ahonda la crisis económica del capitalismo mundial

La situación no es alentadora, al menos para los grandes capitalistas y quienes sueñan con que el sistema puede salir a flote de la enorme crisis económica en que se hunde desde hace una década. La gran crisis del capitalismo mundial es un problema, no solo difícil, sino imposible de superar. Imposible, pues es una crisis de sobreproducción, que es a su vez una de las características intrínsecas del capitalismo: la anarquía de la producción, que hace imposible su planificación, pues no está basada en las necesidades de la sociedad, sino en el insaciable apetito de ganancia y en el conflicto antagónico mundial entre una producción cada vez más social y en una apropiación cada vez más privada concentrada en unos cuantos grandes grupos monopolistas que usufructúan los medios de producción, las materias primas, los territorios y la fuerza de trabajo de la sociedad. La crisis económica saca y revela ante toda la sociedad, la profunda contradicción económica del modo de producción capitalista, entre las fuerzas productivas creadas por el trabajo social rebeladas contra las relaciones sociales de producción capitalista basadas en la esclavitud asalariada, que constriñen su desarrollo.

Riqueza concentrada en un puñado de parásitos y hambre y miseria concentrada en el polo de los productores, donde, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hasta 2017 las cifras de pobreza crecieron de manera vertiginosa, contabilizando 821 millones de personas en condición de hambre, concentradas principalmente en Asia, África y América Latina, pero con índices de crecimiento también en el resto del mundo.

Parasitismo creciente y estrangulación de la sociedad e incluso de los Estados a manos del capital financiero. De acuerdo con las cifras del Fondo Monetario Internacional, la deuda pública de los Estados en el mundo aumentó en un 225% del producto interno bruto mundial hasta el 2016 y no tiene visos de mejoría; una cifra mayor que en el 2009 cuando aterrados tuvieron que reconocer la existencia de la gran crisis del sistema capitalista. Esta deuda pública actual está en la histórica cifra de 164 billones de dólares, siendo los países más endeudados China, Estados Unidos y Japón.

La guerra reaccionaria, una forma de paliar la situación

La crisis del capitalismo mundial es insoluble, y como si fuera arena movediza, cada paso que los supuestos salvadores dan para paliarla, lleva al sistema hacia su definitivo hundimiento; pero además, en lugar de amainar las contradicciones, las agudiza a niveles mucho más elevados. La disputa entre las grandes potencias imperialistas no ha cesado, pues una cosa es lo que dicen en sus declaraciones amistosas y otra muy diferente indican sus preparativos reales para la guerra. Una de ellas es la disputa creciente entre Estados Unidos y China, mientras el primero se afana por establecer severas sanciones económicas al segundo, la China imperialista, además de responderle con sanciones económicas, adelanta acuerdos de libre comercio con cerca de 30 países, de los cuales la mayoría son influenciados fuertemente por los yanquis, negocios que van acompañados de «intercambios» militares que buscan fortalecer el dominio del país asiático coludido política, militar y económicamente con Rusia, otra cabeza de la medusa imperialista.

En los medios de comunicación se destacaron noticias como «cazas de OTAN interceptan tres aviones rusos en el mar Báltico», “Rusia destruye marina de Estados Unidos con sus bombas electrónicas», «Estados Unidos estaciona tanques y artillería dentro de las cuevas de Noruega», «Rusia envía el submarino más grande del mundo al mar Báltico», «Sujóis rusos destruyen 36 misiles que Trump lanzó contra Siria»; todo ello es apenas un botón de muestra del crecimiento de las maniobras y la industria militar y que en lugar de disminuir, crece dramáticamente, como lo certifican diversos estudios e informes cuyas cifras indican que se ha duplicado tanto la producción como el comercio en los últimos años. Según Amnistía Internacional: «– El gasto militar global total aumentó de 1,14 billones de dólares estadounidenses en 2001 a 1,70 billones en 2017, un incremento del 50%. – Desde 2002, las 100 principales empresas armamentísticas han vendido armas por valor de más de 5 billones de dólares estadounidenses. – China, Francia, Rusia, Reino Unido y EEUU son responsables de más del 70% del comercio de armas global. EEUU y Rusia son responsables de más de la mitad de las exportaciones mundiales. (…) El 70% de las ventas de armas está en manos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido. Entre los 10 principales fabricantes se encuentran también Alemania, España e Italia».

Todas las potencias imperialistas se preparan para una eventual confrontación de grandes proporciones. En agosto pasado, Rusia celebró sus «Olimpiadas de Guerra»; una demostración de poderío militar donde participaron 32 países y son una clara provocación a la OTAN a quienes muestran en sus narices la capacidad armamentista y su cercanía militar con otros países en caso de confrontación. A su vez, bajo el nombre de «Trident Juncture 18», un ejercicio militar tuvo lugar entre octubre y noviembre de 2018, que según analistas, para la OTAN es considerado como el mayor en los últimos 20 años y que juntó fuerzas militares de 31 países encabezados por los Estados Unidos. En abierto desafío a Rusia y sus aliados, se trasladaron a sus fronteras en Noruega, Atlántico Norte y Mar Báltico para demostrar su poderío militar a sus principales oponentes en el mundo. Los juegos macabros de estos ejercicios, son complemento de las cientos de demostraciones a través de traslado de tropas y arsenal a todas partes del mundo, la participación directa en las guerras regionales que azuzan, promueven y financian, dejando miles de muertos como el caso de Siria, Yemen, Afganistán, Congo, República Centroafricana, Chad, Malí, Somalia; a las que hay que sumarles la intromisión en conflictos internos y amenazas de intervención a través de ejércitos vecinos como el caso de Venezuela, Turquía, India, etc.

Se agudizan todas las contradicciones mundiales del imperialismo

En la medida que toda la economía mundial es sometida a los designios del capital parásito financiero, todas las contradicciones del capitalismo imperialista se agudizan frenéticamente, siendo de mayor importancia la que enfrenta en la arena internacional al proletariado con la burguesía. Además de los preparativos de guerra imperialista, la orden es descargar el peso de la crisis sobre los hombros de la clase obrera y en general de todos los trabajadores: rebaja generalizada de los salarios, recortes al gasto público social como salud, educación, vivienda, gravar con mayores impuestos las pensiones y la canasta familiar, incrementar el recaudo de dinero asaltando el bolsillo de las masas… Todo ello abre la compuerta de la rebeldía obrera y popular, desencadenando, además de incontables huelgas de importantes sectores fabriles, grandes levantamientos de masas como lo que está ocurriendo en Francia donde el movimiento de los «chalecos amarillos» ha tomado la batuta; una gran movilización política que ha tenido sus similares en varios países como Nicaragua, Palestina, Bélgica, Túnez, Argentina, etc.

Por donde se mire, las masas protagonizaron enormes manifestaciones, huelgas y combates que tienen como blanco común las medidas políticas, económicas y sociales de los gobiernos, que afectan a las grandes masas de obreros y campesinos e incluso a los pequeños propietarios o pequeña burguesía de las ciudades. Todos los días hay levantamientos de estas características, las que además tienen el ingrediente muy importante de no ser resueltas en los asuntos fundamentales, pues la solución va en contravía de las órdenes de los dueños del gran capital. Son contradicciones imposibles de resolver de fondo, y eso es beneficioso para el camino revolucionario que sólo puede ver la solución en la Revolución Proletaria Mundial; contrario a las ilusiones de los reformistas que sueñan con un capitalismo con rostro humano, y que en cada oportunidad está haciéndole el juego a los reaccionarios para ayudarles a inventarse supuestas fórmulas para salvarle el pellejo al moribundo capitalismo.

Es un hecho real que los países imperialistas someten a los países oprimidos al yugo voraz del capital financiero, superexplotan al proletariado, saquean sus territorios, arruinan sus economías, despojan y desplazan a las masas, y eso lo hacen con el beneplácito y complicidad de las clases reaccionarias locales, quienes en su gran mayoría son socias de sus negocios y por ende hacen parte de las clases reaccionarias. No en vano son ejecutores incondicionales de las políticas del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la OMC, la OCDE, etc. Todos a una están unidos y eso hace que el odio y repulsa de los pueblos de los países oprimidos contra todos los imperialistas crezca y cada vez más se extienda hacia los gobiernos locales y hacia las clases reaccionarias nacionales:
«Las formas actuales como unos cuantos países imperialistas explotan, agreden y desangran a los muchos países oprimidos, develan la falsedad de su independencia económica y política, y la artificialidad de su soberanía nacional dejando ver que de las viejas burguesías patrióticas nacionales, solo queda el ‘anti-imperialismo burgués’ como taparrabo para ocultar sus compromisos con el imperialismo y contra el pueblo». [Ver, Situación Actual, Táctica Revolucionaria y Tareas de los Comunistas, de la Unión Obrera Comunista (mlm)].

Tal situación despierta el odio antiimperialista de los pueblos y la lucha de resistencia a las agresiones; una contradicción que hace parte del frente mundial de la Revolución Proletaria, pero que exige ligarla a la lucha contra las clases reaccionarias nativas, lacayas, socias y cómplices de la dominación imperialista, para desarrollar la Guerra Popular que lleve al triunfo la Revolución de Nueva Democracia en los países semifeudales y coloniales o semicoloniales y la Revolución Socialista en los países capitalistas oprimidos. Tal es el ejemplo que están dando los obreros y campesinos de la India dirigidos por el Partido Comunista de la India (maoísta), quienes construyen con sus fusiles el nuevo Poder enfrentando la genocida operación «Cacería Verde» orquestada por el imperialismo, principalmente yanqui, y las clases reaccionarias en ese país.

El imperialismo pone cada vez más en riesgo la vida en el planeta, y no solo porque tiene en sus manos la posibilidad de desatar una nueva guerra mundial, que sería devastadora para la humanidad; sino además porque continúa su práctica de tierra arrasada con la naturaleza, mediante su explotación indiscriminada que oculta con falsas declaraciones de manejo sostenible, como lo certificó la reunión reciente del G20 en Argentina. Allí, como siempre que se reúnen los representantes de los responsables de la destrucción de la naturaleza, el tema del clima fue puesto sobre la mesa; para firmar nuevamente acuerdos hipócritas de compromisos del cuidado con ella; con el ingrediente de que Trump se negó a firmar el acuerdo, en una práctica común en las reuniones internacionales; pero igual resultado habría tenido con la firma o sin ella, porque al final, es solo letra muerta.

Se agrava la crisis social y por ende se fortalece la tendencia principal de la revolución

El mundo está maduro para la revolución. Las condiciones objetivas están dadas para que un nuevo tipo de Estado pueda tomar las riendas de la sociedad y sacar a la humanidad del atolladero en que los reaccionarios la tienen. La crisis del capitalismo es muy evidente, y más aún es claro que las medidas tomadas por los imperialistas y las clases dominantes para paliar la crisis, se convierten en piedras que lanzan al aire para que caigan sobre su cabeza y les dé un nuevo golpe acercándolos a su tumba.

La inmensa masa de obreros y campesinos que deambulan por el mundo en calidad de desplazados o desterrados certifica lo absurdo que es mantener este sistema en pie. Según la Agencia de la ONU para atención a los refugiados – Acnur: «La cifra global de personas refugiadas y desplazadas en todo el mundo se ha incrementado en 2,9 millones, al pasar de los 65,6 millones de 2016 a los 68,5 del año pasado». Y el capitalismo no puede ni le interesa que esta tendencia se revierta; quienes gobiernan ya han demostrado su incapacidad para hacerlo medianamente estable, y la clase obrera tiene toda la capacidad y disposición para tomar las riendas de la construcción de un nuevo mundo.

Los levantamientos cada vez más grandes, más seguidos, más políticos contra las medidas del Estado hacen que el camino revolucionario se fortalezca, y crea las mejores condiciones para que la labor de los comunistas encuentre terreno fértil para su programa revolucionario, para empujar la organización del Partido político del proletariado y para aprovechar toda esa rebeldía de las masas como fuerza poderosa, que ponga su mira en la destrucción del viejo Estado por medio de la Guerra Popular y la construcción del nuevo tipo de Estado basado en la alianza obrero campesina y sustentado en el poder armado de obreros y campesinos.

El mundo sin duda está maduro para la revolución, y eso hace que la tarea por superar la crisis del Movimiento Comunista Internacional tenga gran importancia pues, por más maduro que esté, si no cuenta con la dirección ideológica, política y organizada de los comunistas, la revolución no pasará de ser una consigna.

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