REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN ALEMANIA (1851-1852) – FRIEDRICH ENGELS

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Engels en este trabajo hace el resumen y el análisis de la revolución de 1848 y 1849 en Alemania (profundizando su anterior escrito titulado Las guerras campesinas en Alemania de 1850) desde la posición del materialismo histórico ofreciendo un examen detallado de sus premisas, etapas fundamentales de su desarrollo y las posiciones de las diversas clases y partidos. En él se plantean los principios tácticos de la lucha Revolucionaria del proletariado y se exponen las bases de la doctrina marxista de la insurrección Armada.

REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN EN ALEMANIA (1851-1852) - FRIEDRICH ENGELS 1
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“En nuestros días todo el mundo sabe que donde quiera que hay una conmoción revolucionaria, tiene que estar motivada por alguna demanda social que las instituciones caducas impiden satisfacer. Esta demanda puede no dejarse aún sentir con tanta fuerza ni ser tan general como para asegurar el éxito inmediato; pero cada conato de represión violenta no hace sino acrecentarla y robustecerla hasta que rompe sus cadenas. Por tanto, si hemos sido derrotados, no podemos hacer nada más que volver a empezar desde el comienzo”.

“La pequeña burguesía, grande en jactancia, es completamente incapaz de actuar y muy cobarde para arriesgar algo. El carácter mezquino de sus transacciones comerciales y de sus operaciones de crédito es de lo más apto para imprimir un sello de falta de energía y espíritu emprendedor; por eso era de esperar que estas mismas cualidades marcasen su rumbo político. Efectivamente, la pequeña burguesía incitaba a la insurrección con palabras rimbombantes y gran jactancia de lo que iba a hacer; ansiaba adueñarse del poder tan pronto como la insurrección, en mucho contra su voluntad, estallara; e hizo uso de su poder con el único propósito de reducir a la nada los efectos de la insurrección. Dondequiera que el conflicto armado llevaba a una seria crisis, la pequeña burguesía era presa del mayor pánico por la peligrosa situación que la crisis creaba; era presa de pánico ante el pueblo que había tomado en serio sus jactanciosos llamamientos a las armas; presa de pánico del poder que de ese modo le había caído en las manos; presa de pánico, sobre todo, de las consecuencias que tendría para ella, para sus posiciones sociales y para sus fortunas la política en que se habían metido ellos mismos. ¿No se esperaba de ella que arriesgara «la vida y la propiedad», como acostumbraba a decir, por la causa de la insurrección? ¿No se había visto obligada a tomar posiciones oficiales en la insurrección, por lo que, en caso de derrota, ella corría el peligro de perder su capital? Y en caso de victoria, ¿no estaba ella segura de verse inmediatamente desplazada de sus puestos y ver radicalmente trastocada su política por los proletarios triunfantes que constituían la fuerza principal de su ejército combativo? Colocada así entre los peligros opuestos que la rodeaban por todos lados, la pequeña burguesía no supo aprovechar su poder más que para dejar que las cosas fuesen al azar, en virtud de lo cual se malogró, como es natural, la pequeña oportunidad de éxito que pudo haber y, así, condenar definitivamente la insurrección a la derrota. La política o, mejor dicho, la falta de política de la pequeña burguesía fue la misma por doquier, y, por eso, las insurrecciones de mayo de 1849 en todas las tierras de Alemania estuvieron cortadas por el mismo patrón”.

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