Históricas Enseñanzas de la Comuna de París

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Históricas Enseñanzas de la Comuna de París 1

El 26 de marzo de 1871 fue elegida la comuna de París y proclamada 2 días después, inmediatamente el nuevo gobierno elegido por el pueblo de París, organizó una serie de políticas que consistían en atender las necesidades inmediatas de las masas laboriosas, atacando directamente los intereses del capital y disolviendo el viejo Estado de los explotadores con sus fuerzas armadas. La Comuna que caería el 28 de mayo de 1871 a tan solo 2 meses después de proclamada, fue el primer ensayo social del proletariado revolucionario en atreverse a tomar el poder político en sus manos, en desatar la guerra civil revolucionaria en contra de los expoliadores y clases explotadoras, instaurando una forma incipiente de democracia obrera basada en el armamento general del pueblo, la democratización del régimen social, la elección de los funcionarios por el pueblo con salarios iguales a los de los obreros y su libre remoción por el mismo pueblo en cualquier momento, la completa supresión de su capa de funcionarios y cuotas burocráticas, la separación de la iglesia y el Estado, hechos que demostraron cómo las masas en la práctica resolvían el problema de la dictadura del proletariado predicha y descubierta tiempo atrás por Carlos Marx, una dictadura para las clases opresoras, con el pleno ejercicio democrático de la mayoría de las masas explotadas y oprimidas.

Ya han transcurrido casi 150 años de la proclamación de la Comuna de París, pero aún sus grandes lecciones orientan la praxis de los destacamentos revolucionarios de la clase obrera o de sus auténticos Partidos por sepultar al mayor obstáculo que impide el progreso social —el capitalismo imperialista— ya que tras las experiencias de la dictadura del proletariado en Rusia y China y su temporal derrota, las lecciones de la Comuna son de estudio obligatorio y su compresión y aplicación es decisiva para los comunistas en el mundo.

Sobre la Comuna de París

La Comuna surgió de forma espontánea, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La guerra Franco-Prusiana, es decir lo que hoy se conoce como Francia y Alemania respectivamente, que había iniciado en 1870 sumió en la ruina militar, económica y política a la gran burguesía francesa que perdió aquella guerra. El proletariado y los artesanos comenzaron a manifestar un descontento general en contra del gobierno, culpable de desencadenar la guerra, de ejercer en ella una mediocre y pésima defensa de la “patria”.

En palabras de Marx: “París no podía ser defendido sin armar a su clase obrera, organizándola como una fuerza efectiva y adiestrando a sus hombres en la guerra misma. Pero París en armas era la revolución en armas. El triunfo de París sobre el agresor prusiano habría sido el triunfo del obrero francés sobre el capitalista francés y sus parásitos dentro del Estado. En este conflicto entre el deber nacional y el interés de clase, el Gobierno de Defensa Nacional no vaciló un instante en convertirse en un gobierno de traición nacional”.

Aprovechando que aún el proletariado de París tenía las armas en sus manos, conquistadas por el pueblo francés tras la victoria de la revolución Francesa de 1789, decidió no solo defender París de la humillación luego del triunfo de los “Yunkers” Prusianos, los cuales después de su victoria asegurada con la traición de la gran burguesía francesa, solo les correspondió festejar en un rincón de París, mientras los obreros armados vigilaban todos sus movimientos, para derrocar a la claudicante burguesía parisina e instaurar su propio Estado.

Federico Engels en su nota introductoria al trabajo elaborado por Marx en “La guerra Civil en Francia” sintetiza los antecedentes de la comuna:

“Gracias al desarrollo económico y político de Francia a partir de 1789, la situación en París desde hace cincuenta años ha sido tal que no podía estallar allí ninguna revolución que no asumiese un carácter proletario, es decir, sin que el proletariado, que había pagado la victoria con su sangre, presentase sus propias reivindicaciones después del triunfo conseguido. Estas reivindicaciones eran más o menos faltas de claridad y hasta del todo confusas, conforme al grado de desarrollo de los obreros de París en cada ocasión, pero, en último término, se reducían siempre a la eliminación del antagonismo de clase entre capitalistas y obreros. Claro está, nadie sabía cómo se podía conseguir esto. Pero la reivindicación misma, por vaga que fuese la manera de formularla, encerraba ya una amenaza al orden social existente; los obreros que la planteaban aún estaban armados; por eso, el desarme de los obreros era el primer mandamiento de los burgueses que se hallaban al timón del Estado. De aquí que después de cada revolución ganada por los obreros estalle una nueva lucha, que termina con la derrota de estos”.

Por tal motivo, al sublevarse contra el viejo régimen, el proletariado asumió dos tareas, una nacional y la otra de clase: liberar a Francia de la invasión alemana y liberar del capitalismo a los obreros mediante el socialismo. Esta combinación de las dos tareas constituyó el raso más peculiar de la Comuna.

Thiers, quien ejerció de nuevo jefe del Gobierno en Versalles, tras la derrota ante Prusia se vio obligado a entender que la dominación de las clases poseedoras estaba en vilo mientras los obreros de París tuviesen las armas en sus manos, su intento de desarmarlos enviando tropas de línea con orden de robar a la Guardia Nacional la artillería de su pertenencia el 18 de marzo de 1871, levantó al proletariado de París en un solo hombre para la resistencia y se declaró la guerra entre París y el Gobierno francés, instalado en Versalles, así inicio la Comuna que fue proclamada luego el 26 de marzo.

El proletariado de París estaba dirigido en general por varias sectas socialistas, la principal de ellas fue la que estaba dirigida por Blanqui, un revolucionario y socialista en prisión que practicaba varias concepciones desviadas y métodos errados sobre las tareas de la revolución que contribuyeron en gran medida al fracaso de la Comuna, los blanquistas no solo vacilaron frente a la expropiación del sistema bancario de Francia en manos de la gran burguesía, cosa que hubiera ayudado profundamente a la Comuna, también soslayaron la posibilidad de extender y organizar a las demás ciudades francesas bajo la forma de “Comunas”, además concibieron las tareas políticas y las metas revolucionarias como un asunto “exclusivo” de los altos revolucionarios de gabinete y no como un problema del pueblo en general, el cual había que movilizar y educar sobre la lucha.

“Los miembros de la Comuna estaban divididos en una mayoría integrada por los blanquistas, que habían predominado también en el Comité Central de la Guardia Nacional, y una minoría compuesta por afiliados a la Asociación Internacional de los Trabajadores, entre los que prevalecían los adeptos de la escuela socialista de Proudhon. En aquel tiempo, la gran mayoría de los blanquistas sólo eran socialistas por instinto revolucionario y proletario, sólo unos pocos habían alcanzado una mayor claridad de principios, gracias a Vaillant, que conocía el socialismo científico alemán. Así se explica que la Comuna dejase de hacer, en el terreno económico, muchas cosas que, desde nuestro punto de vista de hoy hubiera debido realizar”. Engels

Fue de esta forma que la París sitiada comenzó a caer bajo los golpes de los Ejércitos de la reacción. El 7 de abril, desde el costado occidental la reacción tomó el paso del Sena en Neuilly, en el frente occidental de París; en cambio el 11 de abril fueron rechazados con grandes pérdidas por el general Eudes, en el frente sur. París estaba sometido a constante bombardeo. En auxilio de las tropas de Thiers, los prusianos liberaron a los soldados retenidos como prisioneros en Sedán y en Metz. La reacción comenzó a superar numéricamente a los comuneros. En el frente sur, el gobierno de Versalles tomó el 3 de mayo el reducto de Moulin Saquet; el día 9 se apoderaron del fuerte de Issy, reducido por completo a escombros por el cañoneo; el 14 tomaron el fuerte de Vanves. En el frente occidental avanzaban paulatinamente, apoderándose de numerosas aldeas y edificios que se extendían hasta el cinturón fortificado de la ciudad llegando, por último, a los puntos principales de la defensa; el 21, gracias a una traición y al descuido de los guardias nacionales destacados allí, consiguieron abrirse paso hacia el interior de la ciudad. Los prusianos, que seguían ocupando los fuertes del Norte y del Este, desde allí ayudaron no solo a cimentar el flanco norte a la reacción francesa y así evitar una eventual retirada de las fuerzas revolucionarias, sino además, violando el armisticio, permitieron el paso de los ejércitos de Thiers para apoderarse de París, un costado poco protegido por los Comuneros quienes se confiaron de los “Tratados entre la Burguesía”.

Ya en la ciudad, la soldadesca de la reacción encontró poca resistencia en los barrios de los burgueses y ricos, pero ésta se hacía cada vez más fuerte y más tenaz a medida que las fuerzas atacantes se acercaban al sector del Este, a los barrios propiamente obreros. Solo hasta después de ocho días de lucha no cayeron en las alturas de Belleville y Ménilmontant los últimos defensores de la Comuna.

De allí se desataría una carnicería sin precedentes a la cual el mismo Engels hizo referencia:

“… y entonces llegó a su apogeo aquella matanza de hombres, mujeres y niños indefensos, que había hecho estragos durante toda la semana con furia creciente. Ya los fusiles de retrocarga no mataban bastante de prisa, y entró en juego la mitrailleuse [ametralladora] para abatir por centenares a los vencidos. (…) Luego, cuando se vio que era imposible matarlos a todos, vinieron las detenciones en masa, comenzaron los fusilamientos de víctimas caprichosamente seleccionadas entre las filas de presos y el traslado de los demás a grandes campos de concentración, para esperar allí la vista de los Consejos de Guerra”.

La Comuna fue derrotada, pero el movimiento obrero asimiló sus enseñanzas a través de sus partidos de vanguardia por medio de la Primera Internacional, en la cual Marx y Engels participaron y contribuyeron activamente racionalizando las enseñanzas de la Comuna de París y desbaratando las teorías erróneas de los socialistas blanquistas y de los seguidores de Proudhon. A menos de 50 años de derrotada la Comuna de París, el proletariado ruso siguiendo sus lecciones y guiado por el Partido Bolchevique logró realizar la Revolución Socialista de Octubre e instaurar un Estado de dictadura Proletaria.

Lenin, ya mucho antes de que los bolcheviques llegarán al poder y recordando las lecciones de la Comuna de París, sentencio lo siguiente:

“No importa que estas dos manas sublevaciones de la clase obrera hayan sido aplastadas. Vendrá una nueva sublevación ante la cual serán las fuerzas de los enemigos del proletariado las que resultaran débiles. Ella dará la victoria completa al proletariado socialista.

Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar políticamente si no rompe las cadenas que lo atan al capital.

Sólo los obreros permanecieron fieles a la Comuna hasta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeña burguesía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácter proletario; otros se apartaron de ella al ver que estaba condenada a una derrota inevitable. Sólo los proletarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni desmayos, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores”.

La Comuna y la Concepción Marxista del Estado

A través de la historia del movimiento comunista internacional las lecciones de la Comuna de París han sido “olvidadas” o desvirtuadas por los oportunistas, desde los revisionistas como Bernstein y Kautsky en Alemania, esperanzados no en destruir el Estado y el poder de los explotadores, sino en perfeccionar el parlamento y la maquinaria del régimen burgués, hasta los oportunistas que renegaron y atacaron las dictaduras proletarias del Siglo XX, como Trotsky y Bujarin en la URSS, quienes fueron los defensores acérrimos de la burocracia, de los “funcionarios irremovibles” y con privilegios por encima de las masas dentro de la dictadura del proletariado; un asunto que fue también soslayado por los bolcheviques y el mismo camarada Stalin, al permitir tal costra de funcionarios que no erradicaron radicalmente como enseñó la Comuna de París; así como mantener un Ejército Profesional separado de las masas; errores que a la postre terminaron permitiendo que los obreros perdieran el poder en la URSS. En la China socialista los “renegados y revisionistas” de la dictadura del proletariado, Liu Shao-chi y Ten Siao-ping, también combatieron interesadamente las “Enseñanzas de la Comuna”, que comenzaron a hacerse populares y de estudio general en las masas como una forma de evitar la restauración del capitalismo en plena Revolución Cultural; las masas rojas en China bajo la guía de Mao Tse-tung destituyeron a los principales funcionarios seguidores del camino capitalista, pero muchos de ellos se camuflaron y evitaron los golpes de los la Revolución Cultural; también en China se cometió el error de permitir que Ejército Popular de Liberación se convirtiera en un “Ejército Profesional” separado de las masas, contrario al camino de la Comuna de establecer el “armamento general del pueblo”. Tal ejército fue el que usaron los revisionistas seguidores del camino capitalista para tomarse el poder y llevar a China a lo que es hoy, un infierno para los trabajadores y un paraíso para la burguesía.

Dentro de los Marxistas Leninistas Maoístas han surgido dos vertientes abiertamente revisionistas que reniegan de la dictadura del proletariado y de las enseñanzas de la Comuna: el revisionismo Prachandista en Nepal y el revisionismo post mlm de la “Nueva Síntesis de Avakian”; quienes no solo reniegan de toda la experiencia histórica del proletariado, sino que atacan la dictadura del proletariado decidiendo abogar por la “democracia pluripartidista” y el “derecho al disentimiento burgués” en la sociedad socialista; posiciones que no caen del cielo sino que tienen un sello de clase, “las de Avakian corresponden al pequeño burgués desesperanzado en la clase de los proletarios y su revolución, pero que encontró en los pequeños burgueses ilustrados los forjadores de un “movimiento revolucionario” y la “salvación de la humanidad” de los horrores del capitalismo imperialista, sin tener que pasar por la odiosa para ellos, Dictadura del Proletariado”.

No solo en los tiempos de Marx y Engels las palabras Dictadura del Proletariado infundían pavor y temor a los filisteos socialdemócratas, sino inclusive hoy aún siguen atemorizando a los oportunistas:

Últimamente las palabras «dictadura del proletariado» han vuelto a sumir en santo terror al filisteo socialdemócrata. Pues bien, caballeros, ¿queréis saber qué faz presenta esta dictadura? Mirad a la Comuna de París: ¡he ahí la dictadura del proletariado!” 

Federico Engels

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