En los 100 Años de la Revolución de Octubre (XIII)

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En los 100 Años de la Revolución de Octubre (XIII) 1

Colectivización de la agricultura

En el año 1929 ocurre un descalabro en la economía mundial capitalista con su mayor crisis conocida hasta la fecha, primera en ser de envergadura mundial y con una profundidad que sacudió los cimientos del sistema. Contrario a aquella realidad, la industria de la URSS, durante los tres años de crisis (1930-1933), creció en más del doble, alcanzando en 1933 el 201 por ciento de su nivel de 1929, la industria de los Estados Unidos descendió, a fines de 1933, hasta el 65 por ciento de su nivel de 1929, la de Inglaterra hasta el 86 por ciento, la de Alemania hasta el 66 por ciento y la de Francia hasta el 77 por ciento. El socialismo en la URSS demostraba ahora ser superior al capital de los países más desarrollados. Aquella crisis vino a agudizar aún más las contradicciones entre los Estados imperialistas, entre los países vencedores y los países vencidos de la primera guerra mundial, entre los Estados imperialistas y los países coloniales y dependientes, entre los obreros y los capitalistas, entre los campesinos y los terratenientes. Todas contradicciones propias del capitalismo.

En tales condiciones, se crea el primer foco de guerra en el oriente, donde el imperialismo japonés al ver la debilidad de Estados Unidos y Francia invade Manchuria de manera furtiva argumentando «incidentes locales» que ellos mismos provocaron, con la idea expresa de anexionarse después a toda China y la parte del extremo oriental del país de los soviets.

Aquella crisis también agudizó las contradicciones de clase en occidente, en especial en Alemania, país económicamente agotado por la guerra, por las contribuciones que se le habían impuesto en provecho de los vencedores anglofranceses y por la crisis económica, y donde la clase obrera vivía agobiada bajo el yugo de su propia burguesía y de la burguesía extranjera anglofrancesa. Evidencia de aquel descontento e indignación revolucionarias el partido comunista alemán en las últimas elecciones al Reichstag celebradas antes del ascenso de los fascistas al Poder obtuvo 6 millones de votos. La burguesía alemana, veía que las libertades democráticoburguesas que aún se conservaban en Alemania podían jugarle una mala pasada, por tal camino para salvarse de una futura revolución decidió acabar con las libertades burguesas, reducir a la nada el Parlamento (el Reichstag) e instaurar una dictadura terrorista de tipo nacionalista burgués, capaz de aplastar a la clase obrera y que encontrase su base de sustentación entre las masas pequeñoburguesas influidas por la idea del desquite. La burguesía alemana de conjunto le entregó el poder al Partido nacional-socialista (nazi), partido que representaba al sector de la burguesía imperialista más reaccionario y más enemigo de la clase obrera y el partido más rabiosamente defensor de la idea del desquite, capaz de arrastrar consigo a las masas de millones de hombres de la pequeña burguesía de sentimientos nacionalistas. Ayudaron a la burguesía en esta empresa los traidores a la clase obrera, los dirigentes de la socialdemocracia alemana, que con su política oportunista allanaron el camino al fascismo.

En esas condiciones, los fascistas alemanes subieron al Poder en 1933 y se crea el segundo foco de guerra en occidente para la URSS. Analizando los acontecimientos de Alemania, el camarada Stalin dijo en su informe ante el XVII Congreso del Partido:

«En el triunfo del fascismo en Alemania no hay que ver solamente un signo de la debilidad de la clase obrera y el fruto de la traición a la clase obrera de la socialdemocracia que desbrozó el camino al fascismo. Hay que ver también en él un signo de la debilidad de la burguesía, un indicio de que ésta no está ya en condiciones de gobernar con los viejos métodos del parlamentarismo y de la democracia burguesa, razón por la cual se ve obligada a recurrir, en política interior, a los métodos terroristas de gobierno…» (Stalin, «Problemas del Leninismo», pág. 545, ed. Rusa).

En la URSS, en el campo se venía desarrollando el movimiento campesino bajo los lineamientos y directrices del partido bolchevique. En tiempos de la Nueva Economía Política de Lenin, el partido había dado cierta libertad de intercambio económico a los campesinos para incentivar el desarrollo agrícola, lo que también favoreció el desarrollo de tendencias capitalistas en el campo, una medida temporal que creo una capa de campesinos ricos –kulaks-, la cual se oponía resueltamente al nuevo paso de la colectivización en la agricultura. Este paso a la colectivización total no se operó mediante la simple afluencia pacífica de las grandes masas campesinas a los koljoses (asociaciones campesinas para el cultivo en común de la tierra), sino a través de una lucha de masas de los campesinos contra los kulaks. La colectivización total significaba el paso a manos de los koljoses de todas las tierras situadas en la demarcación de una aldea, y una parte considerable de estas tierras se hallaban en manos de los kulaks, por cuya razón los campesinos tenían que arrojar a aquellos de las tierras, expropiar a los kulaks, arrebatar a éstos el ganado y las máquinas, exigiendo que el Poder Soviético detuviese a los kulaks y los expulsase de la aldea. La colectivización total significaba, pues, la liquidación de los kulaks. Esto era la política de liquidación de los kulaks como clase, sobre la base de la colectivización total.

Todavía en 1927, los kulaks producían más de 9.828.000 toneladas de trigo, de los cuales lanzaban al mercado unos dos millones de toneladas. Los Koljoses y sovjoses (Granja soviética creada por el estado socialista), en cambio, sólo lograron producir, en 1927, 573.000 toneladas para el mercado. En 1929, gracias al rumbo firme emprendido por el Partido bolchevique hacia el desarrollo de los sovjoses y koljoses y a los éxitos de la industria socialista que había dotado a la aldea de tractores y maquinaria agrícola, los koljoses y sovjoses se convirtieron en una fuerza considerable. Ya en este año, los koljoses y sovjoses produjeron más de 6 millones de toneladas de trigo, de los cuales lanzaron al mercado más de 2 millones de toneladas; es decir, más que los kulaks en el año 1927. En 1930, los koljoses y sovjoses tenían que lanzar, y lanzaron efectivamente, al mercado más de 6 millones y medio de toneladas de trigo, o sea incomparablemente más que los kulaks en 1927.

Esta nueva base arrebató las bases materiales para permitir la existencia de los kulaks en la URSS, en el pasado se aplicaban restricciones legales sobre los kulaks, pero ahora para seguir desarrollando el movimiento koljosiano y el soljosiano, seguir la senda del socialismo en el campo era necesario liquidarlos como clase social, en el sentido de expropiarlos de todos los medios de producción. Así lo señaló el partido bolchevique: «A fines de 1929, cuando ya los koljoses y los sovjoses se fueron desarrollando, el Poder Soviético dio un rápido viraje, abandonando aquella política, para pasar a la política de liquidación, a la política de destrucción de los kulaks como clase. Derogó las leyes sobre los arriendos de tierras y el empleo del trabajo asalariado, privando con ello a los kulaks de tierras y de jornaleros. Abolió la prohibición de expropiar a los kulaks. Permitió a los campesinos incautarse del ganado, las máquinas y los aperos de labranza de los kulaks, en provecho de los koljoses. Se procedió a la expropiación de los kulaks. Estos fueron expropiados ni más ni menos que lo habían sido los capitalistas, en 1918, en el terreno industrial, aunque con la diferencia de que los medios de producción de los kulaks no pasaban a manos del Estado, como allí, sino a manos de los campesinos asociados, a manos de los koljoses.»

Con esta movimiento intrépido y revolucionario el gran país de los soviets mató el anhelo de los capitalistas del mundo de que se restableciera el capitalismo en la URSS desde la masa de millones de campesinos pequeños propietarios, quienes contrarios a su expectativa desfilaron por la senda del socialismo, así lo resumió el camarada Stalin: «Se hunde y se hace añicos la última esperanza de los capitalistas de todos los países, que sueñan con restaurar en la U.R.S.S. el capitalismo: el «sacrosanto principio de la propiedad privada». Los campesinos, a quienes ellos consideran como el material que abona el terreno para el capitalismo, abandonan en masa la tan ensalzada bandera de la «propiedad privada» y pasan a los cauces del colectivismo, a los cauces del socialismo. Se hunde la última esperanza de restauración del capitalismo» («Problemas del Leninismo», pág. 296, ed. rusa).

Pero, a la par con los formidables éxitos conseguidos en la colectivización, pronto comenzaron a revelarse también deficiencias en la actuación práctica de los activistas del Partido, deformaciones de la política del Partido en cuanto al movimiento koljosiano. A pesar de que el Comité Central había precavido a sus militantes que no perdiesen la cabeza ante los éxitos de la colectivización, muchos activistas del Partido comenzaron a forzar artificialmente este movimiento, sin tener en cuenta las condiciones de lugar y tiempo, sin tener en cuenta el grado de preparación de los campesinos para entrar en los koljoses. Medidas tomadas con un matiz izquierdista que ayudaban a entorpecer el desarrollo de las políticas del partido y a entorpecer las políticas de los koljoses. Los kulaks y sus portavoces se aprovechaban de estos excesos para fines de provocación, formulaban propuestas en el sentido de organizar comunas en vez de artels (vieja organización campesina comunitaria), de pasar directamente a la colectivización de las viviendas, del ganado menor y de las aves de corral. Al mismo tiempo, los kulaks hacían agitación para que se matase el ganado antes de entrar en los koljoses, convenciendo a los campesinos de que en el koljos «se lo quitaría, de todos modos». El enemigo de clase especulaba con la idea de que los excesos y los errores cometidos por las organizaciones locales en cuanto a la colectivización irritarían a los campesinos y provocarían sublevaciones contra el Poder Soviético. Resultado de los errores, cometidos por las organizaciones del Partido, y de los actos de franca provocación de los enemigos de clase, fue que en la segunda quincena de febrero de 1930, sobre el fondo de los éxitos generales e indiscutibles conseguidos por la colectivización, se manifestasen en algunas comarcas síntomas peligrosos de un serio descontento por parte de los campesinos. En alguno que otro sitio, los kulaks y sus agentes lograron incluso que los campesinos se dejasen llevar directamente a manifestarse contra el Poder Soviético.

Fue necesaria la corrección en este terreno del trabajo de la lucha de clases con el fin de llevar a término la obra de corrección de los excesos y errores, el Comité Central del P.C. (b) de la URSS decidió atacar nuevamente estos errores, publicando el 15 de marzo de 1930 una disposición «Sobre la lucha contra las deformaciones de la línea del Partido en el movimiento koljosiano». Como resultado de todas estas medidas, el Partido consiguió acabar con los excesos cometidos en una serie de distritos por los activistas locales.

Con los éxitos en el campo, el partido bolchevique en su XVII congreso pasó a una nueva etapa de la reconstrucción de toda la economía nacional sobre la base de una nueva técnica, ya que para ganarle a los elementos capitalistas de la ciudad y del campo había que darles la batalla y dejarlos fuera de combate, no sólo con una nueva organización del trabajo y de la propiedad, sino también con una nueva técnica, con la superioridad de la técnica propia.

Los éxitos del socialismo en el País Soviético llenaban de alegría, no solamente al Partido, a los obreros y a los koljosianos. Llenaban de alegría también a todos los intelectuales soviéticos, a todos los ciudadanos honrados de la URSS, también a los pueblos del mundo que seguían con atención el desarrollo del socialismo en la URSS. Pero la oposición trotskista bujarinistas descendió al terreno de una banda de asesinos y espías en contra de aquel poder. Como los éxitos del socialismo en el País Soviético significaban el triunfo de la política del Partido y la bancarrota definitiva de la política de aquellos señores, éstos, en vez de allanarse a la evidencia y de sumarse a la obra común, comenzaron a vengarse en el Partido y en el pueblo de su propio fracaso, de su propia bancarrota, comenzaron a entorpecer y sabotear la obra de los obreros y los koljosianos, a derrumbar minas, a incendiar fábricas, a cometer actos de sabotaje en los koljoses y en los sovjoses, con el fin de socavar las conquistas de los obreros y koljosianos y de provocar el descontento del pueblo contra el Poder Soviético. Pero, para preservar en esta labor a su mísero grupo contra el peligro de ser desenmascarado y aplastado, los jefes de la oposición se pusieron la careta de hombres fieles al Partido, comenzaron a hacer cada vez mayores reverencias ante éste, a glorificar al Partido y a prosternarse ante él, mientras en la práctica proseguían a escondidas su labor de zapa contra obreros y campesinos. En el XVII Congreso, Bujarin, Rykov y Trotski pronunciaron discursos de arrepentimiento, ensalzando al Partido y poniendo por las nubes sus éxitos. Pero el Congreso percibió el tono insincero y falso de sus discursos, pues lo que el Partido pide a sus afiliados no es que ensalcen y canten loas a sus éxitos, sino que trabajen honradamente en el frente del socialismo, que era precisamente lo que hacía mucho tiempo que no se veía en los bujarinistas. El partido comprendió que, en realidad, los farisaicos discursos de estos señores eran señas cambiadas con sus adeptos no presentes en el Congreso, enseñándoles el camino de la falsía e incitándolos a no deponer las armas.

El 1 de diciembre de 1934, Sergio Mironovich Kirov fue vilmente asesinado en Leningrado, en el Smonly, de un tiro de revólver. El asesino, apresado en el lugar del crimen, resultó ser miembro del grupo contrarrevolucionario clandestino que había sido organizado por algunos de los componentes del grupo zinovievista antisoviético de Leningrado. El asesinato de S. M. Kirov, figura queridísima del Partido y de la clase obrera, provocó la más furiosa cólera y el más profundo dolor entre los trabajadores del País Soviético. En las pesquisas judiciales se comprobó que, en el año de 1933 a 1934, había sido constituido en Leningrado, por algunos antiguos componentes de la oposición zinovievista, un grupo terrorista contrarrevolucionario clandestino, al frente del cual figuraba el llamado «centro de Leningrado». Este grupo se había trazado como objetivo asesinar a los dirigentes del Partido Comunista. Por las declaraciones de los encartados en este grupo contrarrevolucionario, se comprobó que estaban en relación con representantes de Estados capitalistas extranjeros, de quienes habían recibido dinero.

Convictos y confesos, los copartícipes de esta organización fueron condenados por la Sala Militar del Tribunal Supremo de la URSS a la última pena, al fusilamiento. Poco después, se comprobó la existencia de la organización contrarrevolucionaria clandestina llamada «centro de Moscú». El sumario y la vista del proceso pusieron de manifiesto el infame papel desempeñado por Zinoviev, Kamenev, Ievdokimov y otros dirigentes de esta organización en la obra de inculcar a sus correligionarios las ideas terroristas y de preparar el asesinato de los miembros del Comité Central y del Gobierno Soviético. La doblez y la vileza de estos individuos llegaban a tal punto, que Zinoviev —uno de los organizadores e inspiradores del asesinato de S. M. Kirov, que había apremiado al asesino para que perpetrase cuanto antes el crimen— escribió una necrología elogiosísima de Kirov, exigiendo su publicación. Fingiendo, en la vista del proceso, que se arrepentían de sus crímenes, los zinovievistas siguieron dando prueba de falsía hasta en este momento. Ocultaron sus relaciones con Trotski. Ocultaron que, en unión de los trotskistas, se habían vendido a los servicios de espionaje fascistas, ocultaron sus actos de espionaje y sabotaje. Los zinovievistas silenciaron ante el Tribunal sus relaciones con los bujarinistas, la existencia de una banda unificada trotskista-bujarinista de servidores a sueldo del fascismo.

Aquel golpe a los intrigantes y asesinos, saboteadores y espías trotskistas-bujarinistas financiados por los fascistas constituyó un duro golpe esa organización terrorista, ante la cual acudieron en lloriqueo la prensa fascista alemana y la burguesía mundial alegando una supuesta persecución de «revolucionarios auténticos» y «viejos bolcheviques» por Stalin.

El nuevo periodo del desarrollo en la URSS es la preparación para la segunda guerra mundial imperialista y su triunfo a través de grandes batallas como la de Moscú, Leningrado, Stalingrado, Kursk, la liberación de los países bajo la bota fascista y la derrota definitiva de la bestia fascista en Berlín izando la bandera roja de la victoria sobre el Reichstag.

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