En los 100 Años de la Revolución de Octubre (IX)

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En los 100 Años de la Revolución de Octubre (IX) 1

El Partido Bolchevique Durante la Guerra Civil Revolucionaria

El primer periodo de la guerra civil en Rusia arranca con la intervención militar extranjera. Después de la firma de la paz de Brest-Litovsk, del afianzamiento del Poder Soviético y en los momentos en que la guerra seguía en su apogeo en los frentes occidentales, los imperialistas de la Europa occidental y, sobre todo, entre los de la Entente1 corrió una alarma muy grande por la revolución. También los imperialistas de la Entente temían porque la firma de la paz entre Rusia y Alemania acentuara el anhelo de paz en todos los países y en todos los frentes, quebrantando de este modo la causa de la guerra ―la causa de los imperialistas― así que los imperialistas de la Entente se prepararon para lanzarse a la intervención militar contra Rusia, con el fin de derribar el Poder Soviético e instaurar un Poder burgués que restableciera el régimen capitalista dentro del país, anulara el tratado de paz con los alemanes y rehiciera el frente de guerra contra Alemania y Austria.

1. Agrupación de varios países imperialistas aliados militar y económicamente en la primera guerra mundial, entre ellos Inglaterra, Francia y la Rusia zarista.

En Rusia, los enemigos de la Revolución de Octubre gritaban a pleno pulmón que el Poder Soviético no podía echar raíces en Rusia, que estaba condenado a morir, que se hundiría forzosamente al cabo de una, o dos semanas, a la vuelta de un mes, o a lo sumo, de dos o tres meses. Y como el Poder Soviético, a pesar de los exorcismos de sus adversarios, seguía existiendo y afianzándose, los enemigos dentro de Rusia se vieron obligados a reconocer que el nuevo Poder era mucho más fuerte de lo que ellos habían pensado y que para derribarlo era necesario desplegar esfuerzos muy serios y desencadenar una rabiosa lucha de todas las fuerzas de la contrarrevolución, sobre todo, en las regiones de cosacos y de kulaks. Y así, ya en la primera mitad del año 1918, se formaron de un modo definido dos grupos de fuerzas dispuestas a luchar por el derrocamiento del Poder Soviético: en el extranjero, los imperialistas de la Entente, y dentro de Rusia, la contrarrevolución.

Los imperialistas de Inglaterra, Francia, Japón y Estados Unidos comenzaron su intervención militar sin previa declaración de guerra, estos bandoleros “civilizados” extendieron su zarpa y desembarcaron sus tropas en el territorio ruso subrepticiamente, como ladrones. Las tropas anglofrancesas desembarcaron en el norte de Rusia, ocuparon Arjanguelsk y Murmansk, apoyando a la sublevación de guardias blancos organizada en esta región, derribaron el Poder de los Soviets y crearon el llamado «gobierno del Norte de Rusia», gobierno faccioso de guardias blancos.

Las tropas japonesas desembarcaron en Vladivostok, se apoderaron de la provincia marítima, disolvieron los Soviets y apoyaron a los guardias blancos facciosos, que después se encargaron de restaurar el régimen burgués.

En el Cáucaso del Norte, los generales Kornilov, Alexeiev y Denikin, apoyados por los ingleses y los franceses, organizaron un «ejército voluntario» de guardias blancos, desencadenaron una sublevación de cosacos ricos y abrieron la campaña contra los Soviets.

En la región del Don, los generales Krasnov y Mármontov, apoyados secretamente por los imperialistas alemanes (el tratado de paz entre Alemania y Rusia les impedía prestarles un apoyo franco), desencadenaron la sublevación de los cosacos del Don, ocuparon la región bañada por este río y abrieron también la campaña contra los Soviets.

En la región central del Volga y en Siberia los anglofranceses intrigaron para organizar la sublevación del cuerpo de ejército checoslovaco. Este cuerpo de ejército, compuesto por prisioneros de guerra, había sido autorizado por el Gobierno Soviético para regresar a su país por Siberia y el Extremo Oriente. Por el camino, los socialrevolucionarios y los ingleses y franceses le indujeron a sublevarse contra el Poder Soviético. La sublevación de este cuerpo de ejército fue la señal para el alzamiento sedicioso de los «kulaks» del Volga y de Siberia y de los obreros de las fábricas de Votkinsk e Izhevsk influenciados por los socialrevolucionarios. En la región del Volga fue instaurado un gobierno de guardias blancos y socialrevolucionarios, con residencia en Samara. En Omsk, se estableció el gobierno de los guardias blancos de Siberia.

Alemania no tomó ni podía tomar parte en esta campaña de intervención del bloque anglo-francés-japonés-norteamericano, entre otras cosas, por la sencilla razón de que se hallaba en guerra contra este bloque. Pero, a pesar de esto y de la existencia de un tratado de paz entre Alemania y Rusia, ningún bolchevique abrigaba la menor duda de que el gobierno alemán del káiser era un enemigo tan feroz del País Soviético como los intervencionistas ingleses, franceses, japoneses y norteamericanos. Y, en efecto, los imperialistas alemanes hicieron lo posible y lo imposible por aislar, quebrantar y hundir al país de los Soviets. Se unieron con los guardias blancos de la Rada ucraniana-, introdujeron sus tropas en Ucrania, a petición de los guardias blancos, y comenzaron a saquear y oprimir ferozmente al pueblo ucraniano, prohibiéndole mantener el menor contacto con la Rusia Soviética. Separaron de ésta a la Transcaucasia, introdujeron en su territorio, a petición de los nacionalistas georgianos y azerbaidzhanos, tropas alemanas y turcas, empezaron a mandar como amos y señores en Tiflis y en Bakú, y ayudaron por todos los medios, aunque por debajo de cuerda, ciertamente, con armas y provisiones al general Krasnov, sublevado en el Don contra el Poder Soviético.

La Rusia Soviética se vio aislada de las regiones que eran sus fuentes básicas de abastecimiento, de materias primas y de combustibles.

La vida en la Rusia Soviética, durante este periodo, fue terriblemente dura. Escaseaba el pan y escaseaba la carne, pero las increíbles dificultades de este periodo y la lucha desesperada contra ellas revelaron cuán inagotables eran las energías que atesoraba la clase obrera y cuán grande e inconmensurable era la fuerza de la autoridad del Partido bolchevique. Lenin lanzó la consigna de «¡Todo para el frente!», y cientos de miles de obreros y campesinos se enrolaron como voluntarios en el Ejército Rojo y se fueron al frente. Cerca de la mitad del total de afiliados al Partido y a las Juventudes Comunistas marcharon a ocupar su puesto en los frentes de lucha. El Partido puso al pueblo en pie para la guerra de salvación de la Patria contra la invasión de las tropas de los intervencionistas extranjeros y contra la sublevación de las clases explotadoras derrocadas por la revolución. El Consejo de la Defensa obrera y campesina dirigía el envío de hombres, víveres, equipos y armas a los frentes. El paso del sistema voluntario al servicio militar obligatorio llevó a las filas del Ejército Rojo a centenares de miles de hombres de refuerzo, y en poco tiempo el Ejército Rojo se convirtió en un ejército de un millón de combatientes.

Las victorias del Ejército Rojo comenzaron a llegar. El general Krasnov fue repelido de Tsaritsin, cuya toma daba por segura, y rechazado más allá del Don. Las andanzas del general Denikin quedaron localizadas dentro de una región reducida del Cáucaso Norte, y el general Kornilov fue muerto en combate contra el Ejército Rojo. Los checoslovacos y las bandas de socialrevolucionarios y guardias blancos fueron desalojados de Kazán, Simbirsk y Samara y arrojados a los Urales. La sublevación del guardia blanco Savinkov en Yaroslavl, organizada por el jefe de la Misión inglesa en Moscú, Lockhart, fue aplastada y Lockhart detenido. Los socialrevolucionarios, que habían asesinado a los camaradas Uritski y Volodarski y perpetrado el atentado criminal contra la vida de Lenin, fueron sometidos al terror rojo en respuesta al terror blanco desencadenado por ellos contra los bolcheviques, siendo aplastados en todos los puntos más a menos importantes de la Rusia central.

Pero el Partido bolchevique comprendía que estos éxitos del Ejército Rojo no resolvían el problema, que no eran más que los éxitos iniciales. Comprendía que le aguardaban nuevos combates, aún más encarnizados, y que el país sólo podría recobrar las regiones perdidas, que eran sus fuentes de abastecimiento de materias primas y de combustible, a fuerza de una larga y dura lucha contra sus enemigos. Por eso, los bolcheviques comenzaron a prepararse intensivamente para una larga guerra y decidieron poner a toda la retaguardia al servicio del frente. El Gobierno Soviético implantó el comunismo de guerra, colocando bajo su control además de la gran industria, la industria pequeña y mediana, con el fin de acumular los artículos de primera necesidad para abastecer de ellos al ejército y al campo. Implantó el monopolio del comercio del trigo, prohibió el comercio privado de cereales e introdujo el sistema de monopolización de los productos agrícolas, con objeto de movilizar todo el sobrante de los productos recolectados por los campesinos, formar un stock de trigo y abastecer de víveres al Ejército y a los obreros. Finalmente, implantó el trabajo obligatorio, extensivo a todas las clases de la población. Esta incorporación de la burguesía al trabajo físico obligatorio permitía utilizar a los obreros para otros trabajos más importantes con vistas al frente, y con ella el Partido ponía en práctica el principio de «el que no trabaja, no come».

Todo este sistema de medidas impuestas por las condiciones extraordinariamente difíciles en que había que organizar la defensa del país, tenía carácter provisional y se englobaba bajo el nombre de comunismo de guerra.

El país se preparaba para una larga y dura guerra civil contra los enemigos exteriores e interiores del Poder Soviético. A fines del año 1918, hubo necesidad de triplicar el contingente del ejército. Este ejército exigía que se acumulasen los medios necesarios para abastecerlo.

He aquí cómo se expresaba Lenin, por aquellos días: «Hemos decidido tener un ejército de un millón de hombres para la primavera; ahora, necesitamos un ejército de tres millones de hombres. Podemos tener este ejército y lo tendremos».

La guerra civil continuó y en medio de ella los bolcheviques organizaron la Tercera Internacional; se produjo la derrota de Alemania en la guerra mundial a finales de 1918; se frustró la revolución en varios países.

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