11 De Septiembre De 1973, El Golpe De Estado De Pinochet

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Salvador Allende llega al poder en Chile por la vía electoral en el año 1970, la coalición de partidos agrupados en la Unidad Popular fue el sostén del nuevo gobierno, en donde se agrupaban varios partidos socialdemócratas, partidos reformistas y el Partido Comunista de Chile (de orientación Jrushevista). La Unidad Popular diseñó un programa para el “tránsito pacífico” de un país capitalista subdesarrollado al socialismo por la vía pacífica, que en el caso chileno y en palabras del mismo Salvador Allende, era “la revolución con sabor a vino tinto y empanadas”.

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La revolución pacífica al socialismo pregonada en todo el mundo por los partidos seguidores de los revisionistas soviéticos partían de falsas suposiciones, consideraban que el imperialismo mundial se había ablandado y por lo tanto no era necesario el uso de la violencia revolucionaria y la lucha de clases, consideraban oportunistamente que el Estado Capitalista era una institución por encima de las clases sociales y que mediante la lucha parlamentaria se podía colocar al servicio del pueblo; negaron la lucha de clases bajo el socialismo y entregaron el poder de los trabajadores en la URSS a la nueva burguesía roja, desbaratando el socialismo. Fue el mismo Jrushev quien desvirtuó el leninismo con la elaboración de las tres pacíficas y los dos todos, traicionando al proletariado mundial, renegando de la solidaridad internacional del proletariado y estropeando el gran campo socialista. Aun así el Partido Comunista de la URSS contaba con mucha simpatía mundial y organizaba y financiaba a muchos partidos afín a sus postulados. Es en Chile donde por primera vez llevarían a la práctica sus teorías políticas con resultados nefastos para las masas populares.

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Contraria a la suposición del ablandamiento del imperialismo y a la emulación moral de la parasita burguesía mundial por la superioridad moral del proletariado, la realidad mundial atestiguaba lo contrario: la terrible violencia y genocidio para aplastar al pueblo de Vietnam y de Argelia alzado en luchas de liberación nacional; el cruento genocidio en Indonesia con el exterminio de más de 500.000 militantes del Partido Comunista de dicho país; la guerra de los seis días para aplastar a los pueblos palestinos y árabes; sumados a los innumerables golpes de Estado y dictaduras militares por todo el mundo; demostraban que lejos de tal ablandamiento del imperialismo, éste se había agudizado por la guerra fría, igualmente el parlamento demostraba en todo el mundo ser una herramienta al poder de la burguesía mundial, pues cuando éste ya no cumplía y servía a los fines del sistema, era clausurado por la bota militar. Toda la realidad jugaba en contra de las suposiciones elaboradas por la Unidad Popular y Salvador Allende.

La burguesía chilena y sus oscuros partidos financiados y adoctrinados por la CIA y el imperialismo norteamericano no cesaron ni un instante en la lucha por destronar al gobierno de la Unidad Popular: combinaron el sabotaje económico, el bloque económico, el asesinato selectivo, el terrorismo y los complots, logrando agrupar a las fuerzas militares para sublevarlas en contra del gobierno de la Unidad Popular. Hechos bastante alarmantes se presentaron antes del trágico 11 de septiembre de 1973, que pronosticaban la negra tormenta que se avecinaba sobre las masas chilenas y que hubieran puesto a cualquier gobierno obrero a organizar inmediatamente la lucha por defender el poder y frenar la arremetida reaccionaria, pero tal papel no fue desempeñado por Unidad Popular. El duro golpe desatado en contra de las fuerzas populares chilenas no solo fue responsabilidad del imperialismo norteamericano y la burguesía chilena a través de sus partidos, sino también de parte de los partidos de la socialdemocracia cristiana quienes se sumaron al sabotaje y a la lucha en contra del poder. También los mismos revisionistas soviéticos le dieron la espalda a Chile y no movieron un solo dedo para prestar ayuda en contra de semejante arremetida, toda vez que no querían ver comprometidas sus “buenas relaciones diplomáticas” con los Estados Unidos. El pueblo chileno estaba rodeado de falsos amigos y enfrentándose a sanguinarios enemigos desorganizadamente, la catástrofe estaba por venir.

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A tan solo tres años de poder, el gobierno de Salvador Allende no pudo llevar a la práctica ninguna medida “socialista”, la simple amenaza de nacionalizar empresas extranjeras fue el toque de trompeta para que la reacción chilena se lanzara al asalto. Primero fue el Tanquetazo, la sublevación militar del 29 de junio de 1973, que les dio confianza a los militares para ampliar la organización golpista al interior de la Armada de Chile, al que posteriormente se sumaron los altos mandos de la Fuerza Aérea y grupos dentro de Carabineros. Días antes del golpe, el mismo Salvador Allende nombró a Augusto Pinochet comandante en jefe del Ejército de Chile, quien sería la cabeza del complot y que el mismo 11 de septiembre dirigió el bombardeo del Palacio de la Moneda, de donde resultó muerto Allende.

La rabiosa tormenta reaccionaria se desató en todo el país a través de la fuerza militar y paramilitar, miles de activistas y militantes de Unidad Popular fueron detenidos, torturados y desaparecidos. El estadio de Chile fue convertido en un campo de concentración donde se llevaba a las personas para torturarlas y asesinarlas, el gran cantautor Víctor Jara fue conducido allí por sus verdugos, torturado, mutilado y asesinado brutalmente. Los militares igualmente organizaron por todo el país el régimen de terror abierto y al igual que los nazis europeos, organizaron quemas masivas de libros marxistas, literatura y revistas políticas de todo tipo. Una dura derrota sufrieron las masas chilenas a causa de la falsa y errónea dirección en su lucha revolucionaria, una derrota temporal, pues el pueblo chileno demostró en las pasadas y poderosas luchas desatadas a través de las huelgas políticas de masas, que avanzó aún en pandemia, a pesar de no contar con la necesaria dirección revolucionaria.

Aun a pesar de sus errores Salvador Allende fue un gran hombre, quien en nada debe ser comparado con los revisionistas soviéticos, ni mucho menos con Jrushev, aun sin adelantar ninguna medida “socialista”, bajo su dirección el pueblo chileno luchó por la realización de la reforma agraria, luchó por la nacionalización de las compañías extranjeras, luchó por la democratización de la vida del país y por arrancar a Chile de la influencia norteamericana. Allende apoyó enérgicamente los movimientos antiimperialistas de liberación en América Latina y convirtió su país en refugio para todos los combatientes por la libertad perseguidos por los reaccionarios y las juntas militares de América del Sur. Respaldó sin reservas los movimientos de liberación y antiimperialistas de los pueblos y se solidarizó consecuentemente con la lucha que libraron los pueblos vietnamita, camboyano, palestino y otros.

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Todo eso le da un sello de hombre progresista con fines utópicos, imposibles de realizar bajo la fase imperialista del capitalismo, un ejemplo de cuan cierto es el leninismo y cuan dañino fue el papel desempeñado por los revisionistas tras las muerte de Stalin. La derrota chilena deja enormes lecciones a los pueblos del mundo sobre la imposibilidad de la vía reformista y pacífica al socialismo, sobre la necesidad de crear un auténtico partido guiado por el marxismo revolucionario, el cual debe organizar a las masas y sublevarlas en contra del poder, organizándolas militarmente para destruir todo el viejo aparato estatal y edificar otro nuevo de dictadura proletaria. La derrota chilena demostró cuan necesaria es la guía leninista de la revolución.

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