¡TODOS LOS IMPERIALISTAS SON ENEMIGOS A MUERTE DE LOS PUEBLOS DEL MUNDO!

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Es frenética la competencia de los países imperialistas por extender sus redes del capital financiero que estrangulan a países, naciones y pueblos; por la posesión de los recursos naturales y las fuentes de materias primas; por el control de los mercados incluido el de la fuerza de trabajo; por tomar el dominio colonial y semicolonial de países y ocupar territorios bajo influencia de sus competidores… Son las expresiones de una de las contradicciones más importantes del sistema imperialista mundial: la contradicción de los países imperialistas entre sí y entre los grandes grupos monopolistas. Contradicción intrínseca del imperialismo e insoluble por los imperialistas, dada la ley del desarrollo desigual de sus países y la necesidad esencial imperialista de monopolizar la vida económica y política de los países dominados. Contradicción inter-imperialista que los compele a enfrentarse en guerras mundiales de matanza humana como ya lo hicieron en dos ocasiones. Contradicción que los divide y debilita, convirtiéndose en una reserva indirecta que favorece el avance de la Revolución Proletaria Mundial como también ocurrió en las dos guerras mundiales del siglo pasado.

En los últimos ocho años, la profunda crisis económica del capitalismo mundial, además de mostrar la caducidad de este sistema basado en la explotación del trabajo asalariado y de revelar materialmente su irreversible descomposición, ha exasperado las contradicciones inter-imperialistas e inter-monopolistas en un grado tal, que el peligro de guerra mundial es inmediato, porque se disputan militarmente territorios ya repartidos, porque la carnicería humana mundial es una industria que les permite ganar lo que pierden en la crisis, quemar capital obsoleto y la mano de obra sobrante.

Las exacerbadas contradicciones inter-imperialistas convierten cada reunión mundial de sus representantes políticos, en convite de fariseos donde sobre la mesa firman acuerdos de cooperación y respeto, mientras por debajo afilan sus cuchillos para degollarse mutuamente; hablan de la paz mundial a la vez que se preparan febrilmente para la guerra mundial; condenan y pisotean a países enteros por el supuesto cargo de poseer armas de destrucción masiva, pero consideran que ellos, los países imperialistas, si tienen derecho a fabricarlas y utilizarlas en defensa de sus intereses; alegan defender la libertad, democracia e independencia de todos los países, al tiempo que se erigen en gendarmes mundiales con derecho a intervenirlos, invadirlos y arrasarlos.

Habla por sí sola la historia reciente de las sanguinarias agresiones imperialistas contra los pueblos de Palestina, Afganistán, Irak, Libia, Mali, Yemen, Ucrania… y de Siria hoy, donde detrás del enfrentamiento del ejército de Bashar Al-Assad gobernante al servicio del imperialismo ruso, contra los mercenarios del «Ejército de Liberación de Siria» y del «Estado Islámico» al servicio de los imperialistas yanquis y europeos de la OTAN, está la confrontación de los regímenes gobernantes en Siria e Irán lacayos del imperialismo ruso, contra los regímenes gobernantes en Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes, lacayos de la OTAN; y detrás de éstos, está la lucha inter-imperialista entre Rusia y Estados Unidos por el dominio hegemónico de ese territorio rico en petróleo y un enclave para el control estratégico de toda esa zona del planeta llamada «Gran Medio Oriente».

La confrontación inter-imperialista en Siria, no es exclusivamente a través de fuerzas lacayas armadas al tope por los países imperialistas. Ahora participan directamente las fuerzas armadas imperialistas, pero todavía no en combate entre sí, sino en apoyo a sus lacayos, donde el reaccionario ejército «Estado Islámico» fue convertido en comodín para atacar a los enemigos de sus respectivos amigos. Aviones imperialistas de Estados Unidos combaten desde septiembre de 2014 en apoyo al «Ejército de Liberación de Siria» contra el gobierno de Al-Assad; han hecho en el Golfo Pérsico una base de apoyo con el destructor McFaul y los portaaviones George H.W. Bush, Theodore Roosevelt y Carl Vinson cada uno con capacidad para 5.000 personas, 50 aeronaves, sistema de misiles antibuque (Phalanx CIWS), lanzadores de misiles guiados (Rolling Airframe Missile), sistema de 21 misiles anti-aéreos RIM-116 guiados con rayos infrarrojos y lanzadores Mk-29 con 8 ESSM (Evolved SeaSparrow Missile); desde finales de octubre pasado desplegaron en tierra 50 miembros de fuerzas especiales de EU para «asesorar» al ejército opositor. Fuerzas armadas imperialistas de Francia desde el 27 de septiembre bombardean con 6 aviones de guerra en apoyo al ejército opositor. Fuerzas armadas imperialistas de Rusia construyeron aceleradamente en la región de Latakia sobre la costa oriental Siria en el Mar Mediterráneo una base militar con capacidad para medio centenar de aviones y helicópteros de combate de última generación, y desde el pasado 30 de septiembre apoyan al ejército sirio de Al-Assad bombardeando al ejército opositor.

Las principales víctimas de esta endemoniada matanza imperialista en Siria, no son otras que las masas populares de obreros y campesinos, quienes desarmados unos y armados otros peleando una guerra que no es su guerra, en cuatro años han puesto 250.000 muertos, 7,6 millones de desplazados dentro del país y 4 millones de refugiados, muchos de los cuales al buscar salvación en Europa encuentran la prolongación de su tragedia como discriminación, cárcel, desempleo, hambre, porque el causante de sus males es el sistema imperialista, el mismo que los asesina y destierra de su natal Siria.

Esta horripilante tragedia del pueblo Sirio, demuestra que los imperialistas y sus lacayos guerrean por sus exclusivos beneficios, no por los intereses del pueblo; que no hay imperialistas menos malos, todos son enemigos a muerte de los pueblos del mundo; que los obreros y campesinos dejarán de ser carne de cañón en las guerras reaccionarias, cuando se organicen independientemente y empuñen las armas para defender sus propios intereses, no los intereses de sus enemigos.

El estado de indefensión de las masas populares en Siria y en muchos países, no es culpa de los trabajadores sino de la crisis del movimiento comunista internacional, el único que puede transformar la crisis social creada por el imperialismo, en crisis revolucionaria, en guerra de los explotados y oprimidos contra los explotadores y opresores, en Revolución Proletaria Mundial que borre de la faz de la tierra al imperialismo, antes que éste acabe con la sociedad humana.

Siempre la exacerbación de las contradicciones en el seno de la burguesía imperialista, produce en el seno de los comunistas realineamientos proclives al oportunismo, como ocurrió en la primera guerra mundial con los socialistas transformados en social-chovinistas defensores de la burguesía imperialista de su país; como sigue ocurriendo hoy con organizaciones y partidos comunistas que apoyan a los imperialistas rusos y chinos por el hecho de estar enfrentados a los imperialistas yanquis y europeos, olvidando que todos los imperialistas son enemigos a muerte de los pueblos del mundo; que apoyan a regímenes reaccionarios y sus ejércitos por el hecho de enfrentarse a unos imperialistas, olvidando que su «anti-imperialismo» es de lacayos al servicio de otros imperialistas, es un anti-imperialismo reformista y reaccionario, no es un anti-imperialismo objetivamente revolucionario puesto que no se propone librar al pueblo de sus enemigos, sino reemplazar a sus verdugos. Los comunistas y proletarios no se someten a «escoger entre la peste y el cólera» con el incorrecto y trillado argumento de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo», ajeno a todo análisis de clase, que impone primero y ante todo colocarse del lado de los intereses de las masas trabajadoras. Los comunistas y proletarios solo pueden apoyar movimientos anti-imperialistas de otras clases que sean objetivamente revolucionarios, que no impidan la lucha y organización independiente del proletariado, que no coarten la agitación y propaganda de su programa donde la emancipación de la clase obrera exige la abolición de la propiedad privada y de las diferencias de clase, propósitos que unen a los proletarios del mundo por encima de sus diferencias nacionales, religiosas, de razas, de costumbres y culturales.

El verdadero anti-imperialismo exige considerar a todos los imperialistas enemigos a muerte de los pueblos del mundo. El anti-imperialismo consecuentemente revolucionario exige ligar la lucha anti-imperialista con la lucha por el derrocamiento de las clases explotadoras, considerando que el imperialismo estratégicamente es un tigre de papel que irremediablemente será batido por la lucha de los países, naciones, pueblos y proletarios del mundo; que tácticamente el imperialismo es un tigre de verdad estrangulador de la sociedad, artificialmente sostenido en la destrucción de la naturaleza, en la superexplotación del trabajo mundial y en el respaldo oportunista cuya política de reformas y conciliación de clases, distrae, desvía y obstruye la lucha anti-imperialista revolucionaria de los proletarios y pueblos del mundo.

De ahí que resolver la crisis del movimiento comunista internacional es en últimas depurarlo de las teorías y prácticas oportunistas, es arraigar las ideas comunistas en lo profundo de las masas combatiendo y aislando la influencia oportunista, es encontrar en las mismas contradicciones del imperialismo las fuerzas sociales que le darán sepultura, es confiar firmemente en la revolución porque es la corriente principal en la época de los monopolios y de las guerras imperialistas, porque contrario a los deseos de los opresores y explotadores, la crisis económica profundiza más la crisis social y agudiza más la lucha entre clases antagónicas en todos los países, encendiendo chispas de rebeldía y hogueras revolucionarias ya no solo en los países oprimidos sino también en las propias entrañas de los países imperialistas, avivando guerras de resistencia y guerras populares, que darán fin al poder económico y político de los reaccionarios. Frente a los criminales propósitos de los imperialistas, el trabajo de los comunistas y proletarios no puede perder la perspectiva: o la revolución detiene la guerra, o la guerra desata la revolución.

Comité Ejecutivo – Unión Obrera Comunista (mlm)

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