LAS ELECCIONES Y LA LUCHA DE CLASES

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LAS ELECCIONES Y LA LUCHA DE CLASES 1

En el intento vano por ocultar la contradicción principal de la sociedad, que enfrenta a la burguesía y al proletariado, desde la campaña de Duque se plantea como propósito acabar con los odios y la lucha de clases que según él, Petro representa, y el último se esfuerza por demostrar que no es partidario de la lucha de clases sino, por el contrario, de conciliar los odios de clase. Y la verdad es que Duque defiende abiertamente a los explotadores, incluidos los sectores de la mafia y el paramilitarismo, y Petro solo quiere humanizar la explotación; por consiguiente sus divergencias son de orden secundario puesto que ambos defienden la propiedad privada y la explotación asalariada como explícitamente confiesan.

Influidos por la falsa polarización, confundidos por los partidos oportunistas y con la intención de oponerse a la facción más reaccionaria de las clases dominantes, un sector importante de la juventud, de obreros y de campesinos apoyan al candidato Petro quien promete hacer algunos remiendos a los males sociales pero sin tocar su causa más profunda. Sin embargo, para no ser engañados por los discursos de sus enemigos y falsos amigos, para no verse burlados por las clases defensoras de la putrefacción que carcome la sociedad colombiana deben saber que la alharaca de acabar con los odios y la lucha de clases es un imposible; por el contrario, el gobierno del próximo presidente atizará la lucha de clases, como indica la Agenda Empresarial de los gremios económicos que será el programa real del próximo mandatario, sea Duque o Petro; tal agenda es una declaración de guerra contra la clase obrera y los campesinos pobres, como ya se denunció en este medio (ver Contra la farsa electoral y el plan de gobierno de los explotadores) y se resume a continuación:

En cuanto a la tributación el plan busca ampliar el IVA a todos los productos; imponer la renta progresiva para quienes devenguen más de 2,5 salarios mínimos y gravar las pensiones de más de 6 salarios mínimos; lo cual significa en términos concretos rebajar por la vía fiscal el salario real de los trabajadores.
Por otro lado, se propone ajustar la legislación laboral para generalizar la tercerización laboral; ampliar la brecha entre el salario mínimo y el salario medio (rebajar aún más el salario mínimo); abolir la estabilidad laboral reforzada, dándoles a los explotadores autonomía para contratar y despedir a los trabajadores lisiados en la producción; eliminar el pago de incapacidades por enfermedad común, y cargarle al Estado las enfermedades de alto costo. Tales medidas significan generalizar la inestabilidad laboral, desechar a los trabajadores enfermos sin reparación alguna, no pago de incapacidades, y de conjunto son una rebaja general del salario.
Acompañado de estos despropósitos va el aumento de la edad de jubilación, igualarla para hombres mujeres y terminar de privatizar el régimen público pensional.
El plan se propone además eliminar las obligaciones patronales para salud, ICBF, Sena y cajas de compensación familiar; rebajar la tributación de los grandes capitalistas; adecuar la educación poniéndola al servicio directo de la producción generalizando la educación técnica y la enseñanza del inglés; adecuar el sistema de transporte a la necesidades del capital e inversión en el mismo, complementando e integrando el de carreteras, con el fluvial y el férreo; dar un nuevo impulso a las Tecnologías de Información y Comunicación – TIC vinculándolas a todos los procesos: producción, tributación, transporte, comercio, exportación…
En cuanto al agro, sobre la base del acuerdo con los jefes de las Farc, cuya esencia es la legalización del despojo, propone quitar los obstáculos para legitimar la propiedad de los beneficiarios de la guerra contra el pueblo, tanto de los predios supuestamente adquiridos de buena fe por los grandes capitalistas en las zonas donde ocurrieron masacres, como los terrenos baldíos conseguidos por los capitalistas fuera de programas de reforma agraria, así como quitar los obstáculos legales en materia ambiental para la libre explotación del suelo. Y para darle un nuevo impulso al desarrollo del capitalismo en el campo, se propone «acelerar el desarrollo sin ampliar la frontera agrícola», habilitando para la producción agrícola gran parte de la tierra hoy dedicada a la ganadería y mediante el desarrollo de infraestructura de drenaje y riego, entre otras; a la vez disminuir la cantidad de hectáreas de las Unidades Agrícolas Familiares – UAF, de tal forma que garanticen mano de obra barata para la grandes plantaciones agroindustriales; como complemento, no legalizar la propiedad de los segundos ocupantes de las tierras usurpadas por las Farc. Y de remate, acabar con las consultas populares que limitan la libre explotación del suelo y la destrucción de la naturaleza.

Como se puede apreciar, es falsa la afirmación de los apologistas del capital que asustan con el cuento de que «la confrontación es entre dos modelos de país diametralmente opuestos». La espuma creada por los politiqueros y los medios al servicio de la dictadura de los explotadores alrededor de la segunda vuelta, haciendo aparecer que en las elecciones se va definir el porvenir de la sociedad y los candidatos van a cambiar la historia del país son un sofisma de distracción. A ese respecto de las actuales discusiones, frases, declaraciones y promesas de los candidatos cabe aquí una magnífica reflexión de Lenin:

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden —y, por su situación social, deben— constituir la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas para la lucha.»
(Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo).

En ese sentido el pueblo trabajador no debe caer en el juego de los politiqueros y los loros cagatintas pagados por los potentados y el Estado que intentan dividirlo poniéndolo ante la disyuntiva de escoger entre Petro y Duque. Un truco que además les sirve a los dueños del país y del poder para ocultar las profundas contradicciones que sí dividen y polarizan la sociedad en dos bandos opuestos y antagónicos: el de los capitalistas explotadores y opresores y el de los trabajadores explotados y oprimidos; el de los ricos holgazanes y el de los pobres creadores de la riqueza social; el de la burguesía, los terratenientes e imperialistas y el de la clase obrera y sus aliados campesinos, quienes sostienen la sociedad con su trabajo; dos bandos enfrentados en una lucha a muerte.

La lucha de clases no es un invento de los comunistas o de los políticos sino una ley de las sociedades que están divididas en clases antagónicas, como la colombiana, por causa de la superexplotación asalariada que hace cada vez más ricos a los holgazanes capitalistas y más pobres a los trabajadores. Esa lucha, que en ocasiones se transforma en una verdadera guerra porque los intereses de las clases son irreconciliables, no se puede suprimir por decreto como promete Duque, ni se resuelve «enriqueciendo a los pobres sin quitarles a los ricos» como propone Petro; la única solución para suprimir la lucha de clases, esa acabar con la división de la sociedad en clases y ello exige poner fin a la explotación asalariada del trabajo y abolir la propiedad privada sobre los grandes medios de producción.

Por eso gane quien gane el pueblo trabajador no tiene otra salida que responder con la confrontación y la lucha revolucionaria a la nueva arremetida de los explotadores. Independiente de quien sea el próximo presidente los obreros y campesinos están obligados a luchar, a preparar y organizar un gran Paro Nacional Indefinido o Huelga Política de Masas que ponga freno a la voracidad de sus enemigos. Esa es la razón por la cual el proletariado revolucionario ha enfatizado en sus consignas ¡NO VOTAR! ¡Unir y Generalizar la Lucha Obrera, Campesina y Popular!

Por otra parte, los proletarios y campesinos pobres deben desechar las ilusiones reformistas de la pequeña burguesía y el oportunismo porque sus aspiraciones de hacer un «capitalismo más humano», cuando más solo prolongaría la existencia del sistema moribundo poniendo emplastos inservibles a las lacras creadas por la propiedad privada y la explotación asalariada; además esas ilusiones constituyen en el fondo una aspiración reaccionaria por cuanto se propone devolver la rueda de la historia con la idea de la prosperidad de la pequeña producción hoy acorralada y arruinada por los monopolios, y cuya subsistencia solo es posible a cuenta de la superexplotación de los trabajadores y la vida miserable de los campesinos. En ese sentido, lo que el candidato Petro y los partidos reformistas y oportunistas proponen, como es «desarrollar el capitalismo e incentivar la pequeña producción», no es solución alguna, porque los problemas actuales fueron creados justamente por el desarrollo del capitalismo; la solución real están en las manos de los trabajadores que deben mirar hacia adelante y confiar en sus propias fuerzas para tomar las riendas de la sociedad.

Los obreros y campesinos deben hacer conciencia respecto a que la única forma de acabar con la lucha de clases es acabar con la propiedad privada, fuente de todas las diferencias de clase, cuya solución solo es posible mediante la revolución violenta que destruya el Estado de los explotadores, construya un nuevo Estado que expropie a los expropiadores e instaure la sociedad socialista, sentando así las bases para acabar con la clases y con el propio Estado.

El proletariado revolucionario reconoce la existencia de la lucha de clases y se propone dirigir la lucha de su clase, la clase más revolucionaria de la época, única capaz de dirigir a sus hermanos campesinos a la victoria sobre quienes los explotan y oprimen. Llama a los compañeros hoy engañados a desechar las ilusiones en la farsa electoral, a no marchar a la cola de los partidos reformistas y a sumarse a los esfuerzos que están haciendo los obreros conscientes por construir su propio partido independiente.

Los comunistas proclaman que el pueblo trabajador no está condenado a vivir en la esclavitud ni a seguir tolerando la opresión y la infamia de quienes no trabajan. Se proponen construir un partido que no traicione los intereses de los trabajadores; un partido que no se preste para aplastar al pueblo al participar en la vagabundería del Gobierno de los explotadores; un partido no para la farsa electoral sino para luchar por cambiar de raíz las injusticias y construir una nueva sociedad socialista donde no existan ricos ni pobres, donde todos tengan que trabajar y los frutos del trabajo beneficien a toda la sociedad y no sean acaparados por un puñado de holgazanes.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)

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