LA CRISIS ECONÓMICA Y LA GUERRA CONTRA EL PUEBLO, INDICAN QUE LOS TIEMPOS NO SON DE PAZ CON LOS ENEMIGOS, SINO DE LUCHA REVOLUCIONARIA CONTRA LA SUPEREXPLOTACIÓN Y LA DICTADURA DE LOS CAPITALISTAS.

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—Informe sobre la Situación Nacional y la Táctica de los Comunistas—

En Colombia, país capitalista oprimido, la economía se hunde más en la crisis actual del capitalismo mundial. Frente a este hecho, la política del Gobierno Santos —administrador general de los grandes negocios de los capitalistas y al frente del Estado defensor de sus intereses y privilegios de clase—, está centrada en intensificar la superexplotación de los proletarios y de los pequeños y medianos propietarios de la ciudad y del campo, para garantizar que los dueños del capital transfieran los costos de la crisis a las masas trabajadoras, y brindar máxima rentabilidad al capital financiero imperialista. La política gobernante de superexplotación, cambió su ropaje de «cinco locomotoras» por el de «paz, equidad y educación», tres monumentos de la patética hipocresía y demagogia burguesas para hermosear las funestas consecuencias de la crisis económica sobre las masas trabajadoras principalmente de la clase obrera: racha de despidos masivos, cierres de empresas, despidos selectivos de dirigentes y activistas sindicales, persecución a los sindicatos de trabajadores temporales, leyes anti-obreras que generalizan el leonino negocio de la subcontratación, rebajan el salario y suprimen derechos como la estabilidad laboral reforzada de los obreros lisiados a causa del trabajo, reformas pensional y tributaria, aumento de tarifas del transporte y servicios públicos, cierre de hospitales públicos, fortalecimiento del negocio privado de la salud y de la educación, dilación y engaño a los desplazados, muerte y cárcel a dirigentes obreros y populares, incremento de las desapariciones forzadas, de la represión y la brutalidad policial contra las protestas y movimientos de las masas populares.

En esta situación, donde la riqueza sigue acumulándose en manos de burgueses, terratenientes e imperialistas, en tanto la miseria cunde en las clases trabajadoras que agrupan a la inmensa mayoría de la población, donde los privilegios y emolumentos del parasitismo estatal contrasta diametralmente con la situación de empobrecimiento de las masas, la tal «prosperidad para todos» pregonada por el Gobierno, es en realidad el rótulo falso del ensanchamiento y profundización de la crisis social, que significa acentuación de la lucha de clases por todo el país y fortalecimiento de la tendencia objetiva a la lucha política de las masas del pueblo contra el Estado —órgano de fuerza y representante político de todos los explotadores— camino en el cual, fue un simple altibajo pasajero la distensión sufrida en el segundo semestre de 2015 por influencia de los partidos reformistas incluidos los oportunistas con su nociva e intensa propaganda a la «paz social» y a «esperanzarse» en los resultados de la farsa electoral. En la realidad ninguno de los problemas inmediatos del pueblo colombiano se ha resuelto, y por el contrario todos se han agravado. De ahí, que las clases dominantes oculten la cruel superexplotación del pueblo colombiano bajo los velos de la «paz, equidad y educación», y camuflen su plan inmediato de dictadura de clase, tras los supuestos beneficios del «Acuerdo de paz en La Habana y el post-conflicto».

Los imperialistas, principalmente estadounidenses, apoyan la paz de los ricos en Colombia, porque sirve a sus preparativos de guerra mundial, a la necesidad de evitar conflictos militares en su patio trasero y así concentrar fuerzas en los frentes de sus guerras reaccionarias, además de tener la disponibilidad de las fuerzas armadas lacayas, como en efecto lo están haciendo en Yemen utilizando bajo la forma de mercenarios a soldados profesionales del ejército colombiano.

La falsa paz de los ricos es hoy el principal contra-ataque a la lucha de las masas, de los revolucionarios y comunistas.

La paz que ofrecen los ricos tiene doble filo para el pueblo colombiano: del lado de los trabajadores los induce a bajar la guardia en sus posiciones de lucha, mientras de lado de los explotadores les deja el campo libre para arreciar su dictadura y terrorismo de Estado, apelando como siempre a las fuerzas paraestatales llámense como se llamen. Esta falsa paz es el principal ataque actual contra la voluntad y disposición de lucha de las masas trabajadoras, contra los esfuerzos de los revolucionarios por unir sus distintas manifestaciones de lucha alrededor de una misma Plataforma y reorganizar las filas del pueblo con independencia de sus verdugos explotadores y de sus falsos amigos politiqueros, contra la labor comunista de construir el Partido político del proletariado en el curso mismo de canalizar la lucha de clases en el rumbo de la Revolución Socialista.

Ataque que se vuelve aún más peligroso, en cuanto los jefes políticos reformistas y oportunistas de los partidos pequeñoburgueses, de las organizaciones guerrilleras y de las centrales sindicales, que en las palabras se declaran contrarios y opuestos al Gobierno Santos, en la práctica sirven de instrumentos para inocular la venenosa política de paz del Gobierno, en las propias entrañas del movimiento de masas y del movimiento sindical. Son ellos los cabecillas de la propaganda burguesa a la paz entre el proletariado y la burguesía —clases irreconciliables principales de la sociedad colombiana—, para refrenar las luchas de resistencia y políticas de la clase obrera y desestimular la necesidad de construir su propio Partido. Son ellos quienes transmiten directamente a los oídos del pueblo la reaccionaria idea de la paz con sus opresores y explotadores centenarios, para disuadir la rebeldía masiva de la lucha directa de masas, desmovilizar las huelgas políticas y desviar la atención hacia la «esperanza» en que sus problemas sean resueltos en el establo parlamentario y en las «mesas de paz» o “de post-conflicto” o como las vayan a llamar. Son ellos los voceros directos de la hipócrita propaganda imperialista a los «acuerdos de paz», en oposición a la lucha de clases y a su desenlace revolucionario; en contra de la violencia revolucionaria de las masas, necesaria para acabar la violencia reaccionaria de sus enemigos; en contraposición a la guerra popular, de obreros y campesinos, necesaria para echar a tierra el poder político de los explotadores capitalistas y suprimir para siempre su propiedad privada sobre los medios sociales de producción, y con ella, su privilegio a explotar trabajo ajeno.

La abierta y desvergonzada colaboración pacifista de los jefes políticos del reformismo y del oportunismo con los enemigos del pueblo colombiano, dada su experiencia y el gran poder de los medios burgueses a su disposición, logrará algún apoyo popular de gente que cree que sí se va a terminar la guerra contra el pueblo; pero será un apoyo fugaz que no podrán consolidar, porque la vida misma enseña con letras de sangre que bajo el poder de la burguesía no cesa la guerra contra el pueblo, es cada vez mayor la inequidad social en que viven las masas trabajadoras, sigue el despojo cotidiano de sus derechos laborales, en educación, salud, vivienda y territorio. El engaño pacifista urdido por los explotadores en asocio con los jefes políticos reformistas y oportunistas, fracasará y los hundirá más en el desprestigio, en el desprecio y profundo odio de las masas del pueblo.

La agudización de la lucha de clases objetivamente sirve al camino de la guerra revolucionaria, no a la conciliación y la paz social.

Contrario a los deseos pacifistas de los enemigos del pueblo, el inocultable agravamiento de la crisis social significa más exacerbación de las contradicciones de la sociedad colombiana, más agudización de lucha de clases, mejores condiciones para la preparación de la guerra revolucionaria. La contradicción principal entre el proletariado y la burguesía, ha sido la más agudizada por la crisis económica y es la que principalmente caracteriza la crisis social, puesto que el proletariado es la clase que peor sufre la superexplotación, y la que involucra a la mayoría de la población trabajadora. Así como el trabajo de la clase obrera es el principal motor de la economía colombiana, también su contradicción con la burguesía —irreconciliable enemigo de clase—, es el principal motor de la revolución, tal como hoy se manifiesta en la ascendente lucha de resistencia obrera contra la superexplotación, desde la base donde los obreros tercerizados, peor pagos, sin contratación directa, quienes marchan a la vanguardia de la lucha sindical, enseñando a sus hermanos de clase más viejos que los derechos de organización y de huelga se conquistan por la vía de los hechos, ejerciéndolos, contra las leyes y las fuerzas del Estado, contra la voluntad de los jefes de las centrales sindicales preocupados solo de apaciguar los ánimos; lucha de resistencia económica que dadas la amplitud social y el rigor de la superexplotación, inevitablemente se convierte en la lucha común de los obreros de distintas fábricas y ramas, en lucha de clase contra la política anti-obrera del Gobierno, en lucha política de clase contra el Estado representante de todos los patronos, contra la brutalidad de la fuerza policial protectora de todos los explotadores. El supuesto «aumento» decretado de $45.104 mensuales en el salario mínimo, otra vez demostró que su negociación es una gran farsa, y que tal «aumento» es un claro indicativo de las «bondades» de la paz de los ricos; esta nueva afrenta contra el salario —única entrada de los trabajadores para sostenerse junto con su familia—, despertó una gran indignación en la masa del pueblo que espontáneamente rechaza el pírrico «aumento» del salario mínimo y llama a organizar un Paro Nacional, porque en realidad lo que necesitan los obreros y demás trabajadores explotados es un alza general de salarios que no se conquista con la mera lucha económica de los obreros aislados por empresas, sino con una lucha política de toda la clase obrera contra la clase burguesa, de todas las masas populares contra el Estado; por ser el alza general de salarios una sentida necesidad común al movimiento sindical y al movimiento de masas, es muy oportuna y bienvenida la iniciativa de lucha de los trabajadores, que los revolucionarios consecuentes con la Plataforma de Lucha del Sindicalismo Independiente y con la Plataforma de Lucha del Pueblo Colombiano, deben respaldar y canalizar hacia una gran Huelga Política de Masas, combatiendo la perniciosa influencia de los jefes políticos de las centrales sindicales y de los partidos oportunistas, quienes intentarán canalizar el movimiento hacia la pasividad de las «mesas de trabajo» y hacia la desmovilización en espera de las demandas contra el decreto del salario mínimo.

La superexplotación es la causa del mísero salario mínimo, problema íntimamente ligado a la situación de desempleo, hambre, despojo, desplazamiento, miseria, que caracterizan la aguda crisis social, que aumentan la explosividad de la contradicción entre el pueblo en general y sus enemigos burgueses, terratenientes e imperialistas, como se manifiesta en las cotidianas movilizaciones y huelgas políticas de las masas en campos y ciudades contra los costosos y malos servicios de salud, transporte, electricidad, vías de comunicación, destrucción de cultivos, envenenamiento del aire y el agua, desapariciones forzadas y criminalización de sus protestas. Gracias a los oficios colaboracionistas de los jefes políticos reformistas y oportunistas de los partidos, de las organizaciones guerrilleras y de las centrales sindicales, esta contradicción en los últimos meses del 2015 fue temporalmente aplacada con el desmovilizador sedante de la paz y las elecciones; pero fue un apaciguamiento pasajero porque en el fondo ha aumentado el antagonismo de la contradicción, dado que las «mesas de trabajo» impuestas por influencia de los jefes colaboracionistas para «resolver» las exigencias de anteriores huelgas políticas de masas —como fueron los paros campesinos, de camioneros, pequeños transportadores, maestros, desplazados, estudiantes, trabajadores y médicos de los hospitales quebrados por las EPS, de los pobladores contra la destrucción minera de páramos, bosques y ríos…— han sido todas «mesas» de palabrería, burlas y nuevos engaños para las masas del pueblo. Hoy luchar contra la superexplotación significa en cuanto a las reivindicaciones luchar por un alza general de salarios, por salud, educación y vivienda para el pueblo, rechazar las imposiciones tributarias e impuestos antiobreros y antipopulares como el IVA; y en cuanto a las fuerzas sociales, significa aunar la lucha por la Reestructuración del Movimiento Sindical con la lucha por enfrentar con las Huelgas Políticas de Masas al Estado, representante de todos los explotadores. Los problemas de la inaceptable rebaja a la que ha llegado el salario real de los obreros, y de la pérdida de vitales reivindicaciones conquistadas hace tiempos, son consecuencias directas de la política del sindicalismo burgués predominante en el Movimiento Sindical, cuya crisis no la resuelven los pequeños cambios contra el burocratismo al interior de la CUT promovidos por la corriente que dice llamarse «clasista». La crisis actual del Movimiento Sindical exige una Reestructuración total de su contenido y de su forma en la independencia de clase, y la fuerza principal para tal Reestructuración está en los obreros tercerizados, en los más de abajo y los más explotados, y por tanto los más dispuestos y decididos para la lucha, los mismos que ya empiezan a tomar en sus propias manos la organización de sindicatos y federaciones independientes, los mismos que ya llevan a la práctica los métodos de trabajo, organización y lucha del sindicalismo independiente y revolucionario.

También existe otro tipo de contradicciones, las inter-burguesas que enfrentan y dividen a los enemigos del pueblo, y por tanto son reservas indirectas para la lucha de las masas trabajadoras. Contradicciones inter-burguesas generadas por la crisis económica, por la baja en los precios del petróleo, por la subida del dólar, por la caída de las exportaciones, por los mega-negocios de la minería, del contrabando, de los sicotrópicos, del azúcar, de la salud, de la contratación estatal, de las privatizaciones, por las relaciones internacionales con los países vecinos y con los países imperialistas… De ellas, la contradicción inter-burguesa que más divide a las clases enemigas en la actualidad, es frente al producido económico y político de la guerra contra el pueblo, y se manifiesta como una contradicción política frente al proceso de paz en La Habana adelantado por la facción burguesa gobernante comandada por Santos, con la oposición a ciertos aspectos políticos y jurídicos de ese proceso por parte de la facción burguesa mecenas del paramilitarismo, defensora abierta de lo más cavernario en ideología y bajo el mando de Uribe. La apariencia de esta contradicción como «oposición entre guerra y paz», es una sensación engañosa, pues ambas facciones burguesas se identifican en la política de la paz mentirosa de los ricos, y en la política estatal de guerra contra el pueblo; su choque por el trato jurídico y político a los jefes de las Farc, más allá de los cánones burgueses sobre justicia e impunidad, expresa una contradicción por el botín económico de la guerra, en disputa por la tajada de esos jefes, y en defensa de lo apropiado ya en los ocho años del régimen de Uribe.

En estas condiciones, cuando los jefes políticos reformistas y oportunistas de los partidos, de las organizaciones guerrilleras y de las centrales sindicales, han declarado abiertamente su apoyo y colaboración con la paz mentirosa de los enemigos del pueblo, y éstos tienen profundas fisuras en sus filas, es un momento muy propicio para que los comunistas enseñen a los trabajadores a distinguir a sus verdaderos amigos y enemigos, para denunciar en vivo el papel objetivamente contrarrevolucionario del reformismo y del oportunismo, mostrando que en los hechos están con los enemigos y contra el pueblo, que su política solo se lamenta de las consecuencias de la explotación, del autoritarismo de las clases dominantes y de los abusos de los monopolios, pero se opone a la lucha revolucionaria para derrocar la dictadura proimperialista de las clases dominantes y acabar de raíz la explotación asalariada. Unir las filas del pueblo es una obligación sagrada de todo revolucionario, contrario al ejemplo negativo de la experiencia en Venezuela, donde las contradicciones inter-burguesas en vez de ser reserva indirecta para las luchas del pueblo, dividen al pueblo, lo enfrentan entre sí, lo debilitan, lo convierten en reserva directa de una lucha inter-burguesa.

El compromiso abierto con la política de paz de las clases dominantes por parte de los jefes políticos reformistas y oportunistas de los partidos, de las organizaciones guerrilleras y de las centrales sindicales, es de por sí ya un gran peligro para las masas trabajadoras sometidas a su influencia; un peligro que se agrava con la pose «revolucionaria» de esos jefes, obligados por la presión de las bases, a combinar su discurso de paz con el llamado a la lucha por salarios, contra las privatizaciones, contra el alza en impuestos y tarifas. De esta gente comprometida en la defensa de la paz de los explotadores, no se puede esperar más que un apoyo de palabra a la lucha directa de los trabajadores, o a lo más, una participación en la lucha siempre y cuando ésta no sea revolucionaria. No obstante, por su posición dominante en organizaciones sindicales y de masas, por sus recursos y ayudas que les brindan los medios de comunicación, por su experiencia y habilidad para presentarse como «amigos del pueblo», es indispensable no dar el brazo a torcer en la lucha por denunciar, desenmascarar y aislar su nociva influencia en la dirección del movimiento de masas; esto sigue siendo la dirección del golpe principal de la táctica revolucionaria en el momento. Y aquí juega en favor de la lucha revolucionaria un nuevo factor, surgido en la agudización de las contradicciones sociales, cual es, la división de posiciones al interior de los partidos reformistas y oportunistas, en rechazo al apoyo promovido por sus jefes a los empresarios azucareros, contra el papel de los jefes de las centrales sindicales en la concertación del salario mínimo con los empresarios y el gobierno; posiciones divergentes que llaman a la movilización, a la huelga, a la lucha directa de los trabajadores. Estas divisiones objetivamente sirven a la lucha de clases y se oponen a la paz social; son reservas directas para la lucha de las masas y para la tarea de los revolucionarios de aislar la nefasta influencia de los jefes políticos reformistas y oportunistas en la dirección del movimiento sindical y de masas.

Las condiciones son magníficas para elevar el grado de conciencia y de organización revolucionaria de las masas y para avanzar en la construcción del Partido del Proletariado

Ahora, cuando la crisis económica muestra que el régimen económico de la moderna esclavitud asalariada y el régimen político de la dictadura de clase de la burguesía, los terratenientes y el imperialismo, sirven solo a una minoría parásita y succionan toda la energía vital del resto de la sociedad, es un momento muy propicio para que los comunistas revolucionarios cumplan con más entusiasmo, con más intensidad y sin descanso, su papel de elevar la conciencia de las masas sobre la caducidad del capitalismo y la necesidad del socialismo, enseñen a los obreros y demás masas trabajadoras, que para liberarse del parásito capitalista, es necesario enrumbar sus luchas económicas y políticas inmediatas no solo en el propósito de resistir a la superexplotación y la represión estatal, sino también y principalmente en el propósito de construir la alianza obrero-campesina, fuerza principal de la Revolución Socialista en Colombia, de la insurrección que como parte de la guerra popular derroque el poder político de los explotadores, destruya su Estado reaccionario que es la fuerza que los sostiene, y construya un nuevo Estado de Obreros y Campesinos armados que proceda a expropiar a los expropiadores. El actual es un momento muy propicio para el trabajo comunista de elevar la conciencia de las masas sobre el carácter de clase del Estado, de sus leyes e instituciones, de combatir la fe supersticiosa del pueblo en el poder del Estado como una fuerza casi sobrenatural y por encima de las clases, superstición infundida por la ideología dominante y reforzada por la política reformista y oportunista que silencia el carácter de clase del Estado, que elude la cuestión de la dictadura de clase como la esencia de todo Estado, que predica la sumisión al poder político de la burguesía, y que siembra a diario en las mentes de los trabajadores la ilusión y esperanza en los intermediarios politiqueros del Congreso y del Gobierno. Contra esa cizaña los oprimidos deben empuñar la bandera revolucionaria de ¡Abajo el podrido Estado burgués! ¡Viva el futuro Estado de los obreros y campesinos! Y contra el colaboracionismo pacifista con los enemigos del pueblo, se deben generalizar las consignas revolucionarias: ¡Ni el Estado ni los politiqueros, solo el pueblo salva al pueblo!, ¡Abajo la farsa de la paz en La Habana!, ¡Ni paz con los explotadores, ni paz con los opresores!, ¡Ningún apoyo a los victimarios!, ¡Santistas y Uribistas la misma plaga son!, ¡Santos y Uribe asesinos del pueblo son!

Tanto los padecimientos del pueblo a causa de la crisis económica, como el desbarajuste y caos de la crisis social, indican que no basta resistir, es necesario cambiar de raíz el modo de producción capitalista y el régimen de dictadura de clase que lo sostiene; que el socialismo no es un deseo utópico sino una necesidad real y urgente de la sociedad colombiana hacia la cual tiende la enconada lucha de sus clases; que lograr ese gran objetivo, implica transformar la rebeldía y lucha espontanea de los trabajadores en lucha consciente revolucionaria, para lo cual es indispensable construir el Partido político propio y de vanguardia del proletariado, lo cual hoy significa: avanzar en la preparación del Congreso, construyendo células en las fábricas y haciendo de la vinculación a las masas consciente y organizada, la tarea principal de los comunistas en lo inmediato; liberar al movimiento sindical y de masas de la mordaza reformista y oportunista en su dirección, confrontando y denunciando en toda parte su colaboración pacifista con los enemigos del pueblo; no temer a los acuerdos prácticos en el movimiento de masas, pero siempre rechazar la imposición de dar apoyo al acuerdo de paz de La Habana y a la paz entre clases irreconciliables, y exigir completa libertad de propaganda; mantener infatigable la lucha contra la política del sindicalismo burgués de sometimiento a los designios de los empresarios y el gobierno, y avanzar en la Reestructuración del Movimiento Sindical con el método de la unidad consciente, por la base y al calor de la lucha y con la política de la independencia de clase que básicamente consiste en fundir la lucha de los obreros y sindicatos de base con los principios, objetivos, reivindicaciones y métodos, resumidos en la Plataforma del Sindicalismo Independiente; continuar el trabajo de fundir las Huelgas Políticas de Masas con las ideas de la independencia en la lucha y organización de los trabajadores, presentadas en la Plataforma del Pueblo Colombiano, tomando la lucha contra la superexplotación que refleja el costo social de la crisis económica, como el hilo conductor de unión de las fuerzas del pueblo; intensificar el esfuerzo por fundir todas las manifestaciones de lucha de los obreros y demás trabajadores con las ideas socialistas que señalan el camino hacia la emancipación definitiva, ideas expuestas en el Programa para la Revolución en Colombia y explicadas resumidamente en su Versión Popular.

Estas necesidades de la revolución y obligaciones inmediatas de los comunistas en Colombia, los obliga a luchar mancomunadamente contra la impotencia de sus organizaciones locales y dispersas; a luchar conscientemente por la unidad en un solo Partido, lo cual presupone deslindar los campos con el oportunismo de derecha y de «izquierda», un reto puesto por la Unión Obrera Comunista (mlm) desde su fundación y resaltado hace varios años en medio de la lucha contra el revisionismo que dio al traste con el Movimiento Revolucionario Internacionalista —MRI. Si se entiende que el Programa de unidad y de lucha no es una declaración voluntariosa de los comunistas, sino la expresión teórica, consciente, del desarrollo económico de la sociedad, de sus relaciones de clase, de sus contradicciones sociales y políticas, de sus fuerzas reales, de los objetivos revolucionarios y de los medios para alcanzarlos, entonces la línea programática trazada por la Unión Obrera Comunista (mlm) a finales de los 90 en el Programa para la Revolución en Colombia, sigue siendo correcta porque se corresponde con las entrañas de la sociedad colombiana, mostradas abiertamente tanto por la guerra de las últimas décadas contra el pueblo, como por la crisis económica del capitalismo mundial de los últimos ocho años, y merece el reconocimiento de los comunistas leales al Marxismo Leninismo Maoísmo y buscadores de la verdad en los hechos.

Frente a la situación de crisis del Movimiento Comunista Internacional, también asiste a los comunistas de Colombia la obligación de contribuir a la lucha por la construcción de una nueva Internacional Comunista basada en el Marxismo Leninismo Maoísmo, a la lucha por la unidad internacional de los comunistas que hoy exige la derrota del revisionismo avakianista, del centrismo y de todas las formas de oportunismo, como insistentemente lo han declarado los marxistas leninistas maoístas de diversos países. Como parte y respuesta a esa obligación, la Unión Obrera Comunista (mlm) en este nuevo año 2016 presentará a consideración de los comunistas del mundo, una Propuesta de Línea General para la Unidad del Movimiento Comunista Internacional.

RESOLUCIÓN GENERAL SOBRE LA SITUACIÓN NACIONAL Y LA TÁCTICA DE LOS COMUNISTAS

CONSIDERANDO QUE:

  1. Ante la crisis de la economía colombiana como parte de la crisis económica del capitalismo mundial, la política de las clases dominantes y del imperialismo a través del Gobierno Santos, bajo el señuelo de «paz, equidad y educación· defiende a ultranza los intereses de los explotadores, a costa de más superexplotación de los obreros y demás trabajadores, más despidos masivos, más supresión y pisoteo de los derechos laborales y sindicales, más desempleo e informalidad, más impuestos y recargos en los servicios públicos, más humillaciones y sufrimientos del pueblo trabajador.

  2. La crisis social propia del capitalismo, además de su exacerbación causada por la guerra contra el pueblo, ha sido agravada aún más por la crisis económica actual, atizando todas las contradicciones sociales, y con ellas, agudizando la lucha de clases en todo el país, situación propicia no para la prédica de la paz con los enemigos del pueblo, sino para el avance de la lucha revolucionaria de las masas, aprovechando las contradicciones inter-burguesas que dividen y debilitan el poder de los explotadores.

  3. La lucha espontanea de los obreros, principalmente de los esquilmados por la subcontratación, presenta en su avance importantes manifestaciones de actividades comunes de trabajadores de diversas empresas y ramas, ya no solo contra sus patrones particulares, sino como destellos de lucha política contra el Gobierno y el Estado, y contra la política del sindicalismo burgués que amordaza, desmoviliza y debilita a los sindicatos.

  4. El apaciguamiento de las Huelgas Políticas de Masas en los últimos meses causado por la política pacifista y electorera de los jefes políticos reformistas y oportunistas, pronto será superado por la fuerza de las contradicciones sociales y la indignación de los trabajadores de la ciudad y el campo ante las burlas, dilaciones y engaños a que han sido sometidas sus exigencias en las «mesas de trabajo», y ante la nueva rebaja al salario decretada por el Gobierno.

  5. Los jefes políticos reformistas y oportunistas de los partidos pequeñoburgueses, de las organizaciones guerrilleras y de las centrales sindicales, han hecho frente común con la burguesía para engañar al pueblo con la farsa de paz en La Habana y hacerla extensiva a las clases antagónicas de la sociedad.

  6. La clase obrera y las masas trabajadoras siguen huérfanas de un verdadero Partido político revolucionario del proletariado, que unifique, organice y dirija todas sus manifestaciones de lucha por sus reivindicaciones inmediatas en la perspectiva de la Revolución Socialista contra todo el poder político y económico de los enemigos del pueblo colombiano.

RESUELVE

LLAMAR A LOS COMUNISTAS Y REVOLUCIONARIOS A REDOBLAR ESFUERZOS EN LA VINCULACIÓN A LAS MASAS

  1. Principalmente de la clase obrera para avanzar en la construcción de la organización comunista en las fábricas, en la conquista de la independencia de clase en el movimiento sindical y en la preparación del Congreso del Partido político del proletariado, y en la lucha por la unidad internacional de los comunistas.

  2. Para coadyuvar a que los obreros, campesinos, pequeños y medianos propietarios, y todo el pueblo trabajador, persistan en unir y generalizar sus Huelgas Políticas de Masas, cerrando filas contra la intensificación de la superexplotación, en la cual se concentra el ataque económico de los capitalistas contra el pueblo. ¡Por alza general de salarios, salud, educación y vivienda para el pueblo! ¡Adelante!

  3. Para movilizarlas en campos y ciudades a rechazar la mentirosa paz de los ricos, que es un proyectil almibarado dirigido directamente a desarmar el espíritu de lucha del pueblo, a disuadirlo de la necesidad de la violencia revolucionaria de las masas para conquistar la verdadera paz sin opresión ni explotación del hombre por el hombre. ¡Ni paz con los explotadores, ni paz con los opresores!, ¡Ningún apoyo a los victimarios!, ¡Santistas y Uribistas la misma plaga son!, ¡Santos y Uribe asesinos del pueblo son!

  4. Como la mejor forma para aislar a los jefes políticos reformistas y oportunistas de la dirección del movimiento de masas, denunciando en directo su colaboración pacifista con los enemigos del pueblo, mostrando en vivo su papel de lugartenientes de los explotadores y defensor de la esclavitud asalariada y de la sumisión a la dictadura de los capitalistas.

VI Reunión Plenaria del Comité de Dirección X Asamblea

Unión Obrera Comunista (mlm)

Colombia, Enero 2016

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