Más allá de la farsa electoral se ve venir un nuevo estallido social

¡Abajo la farsa electoral que divide a los trabajadores!

Una gran conmoción causaron las recientes declaraciones del candidato Gustavo Petro sobre la posible suspensión de las elecciones y un golpe de Estado. Aunque la “bomba” fue desinflada inmediatamente por el régimen, los candidatos Fajardo y Hernández llamaron a no “echarle gasolina al incendio” y el diario El Espectador editorializó, regañando a Petro y a Pastrana diciéndoles que “están jugando con candela”, la posibilidad de un golpe de Estado no es un chisme como dicen algunos medios, sino una maniobra que están considerando algunos sectores de las clases dominantes.

Los hechos muestran la profunda división existente entre las clases dominantes y se manifiesta como una crisis política, donde la mafia gobernante, con el apoyo de sectores de la gran burguesía y los terratenientes, no quiere abandonar el poder y está dispuesta a retenerlo, incluso mediante el golpe de Estado. Un hecho que de presentarse, tendrá grandes repercusiones políticas, y a pesar de que Petro se apresure a llamar a la calma, se debe tener en cuenta que un golpe militar o un abierto fraude electoral, pueden ser las chispas inmediatas detonantes de la bomba social armada por la enorme desigualdad económica entre las clases, y se presente un nuevo levantamiento popular, por cuanto la situación del pueblo es insoportable, así como irreconciliable es su odio contra el régimen mafioso.

La crisis política, donde los de arriba ya no pueden gobernar más que por medio del terror, tiene sus causas más profundas en las antagónicas contradicciones que desgarran la sociedad colombiana entre las clases explotadoras dominantes socias y lacayas del imperialismo y el pueblo trabajador explotado y oprimido. Crisis política, donde los de abajo no quieren seguir gobernados por la mafia, situación que desató la rebelión popular con contundentes demostraciones en el gran paro de noviembre de 2019, en las cruentas protestas de septiembre del 2020 y, especialmente, en el poderoso levantamiento popular iniciado el 28 de abril del año pasado.

Una rebelión que sigue madurando porque la situación del pueblo se agravó aún más que en los tiempos de los levantamientos anteriores; por eso no está dispuesto a seguir viviendo como antes. Una rebelión latente pues fue contenida temporalmente por las clases dominantes otorgando algunas dádivas, pero sobre todo, con la feroz represión ejercida por las fuerzas militares y paramilitares; contención a la cual contribuyó además la actitud cómplice de los jefes de los partidos de la oposición y los jefes vende-obreros de las centrales sindicales quienes condenaron los bloqueos y las acciones más radicales de las masas.

Una rebelión donde la gran debilidad de los comunistas y revolucionarios, la fragilidad de las formas organizativas de las masas, la falta de claridad en los objetivos de la lucha, influyó para que el levantamiento social fuera encauzado hacia la salida reformista planteada por la democracia pequeñoburguesa, agrupada principalmente en el Pacto Histórico y su candidato Petro, un hombre sumiso al imperialismo yanqui, defensor de la explotación asalariada y del Estado de los explotadores que, ante la posibilidad de que le impongan la dictadura desembozada de la mafia y el paramilitarismo, nuevamente llamará al pueblo a mantener la calma.

Para el proletariado revolucionario es claro que en una situación así, cuando los de abajo no quieren seguir siendo gobernados como antes, y los de arriba no pueden seguir gobernando como antes, se hace necesario que los comunistas, los revolucionarios, los dirigentes y activistas, y las masas de obreros y campesinos desplieguen la iniciativa para transformar la crisis política en una situación revolucionaria, donde pueda abrirse paso una verdadera revolución, ya no para un cambio constitucional del gobierno, sino para derribar todo el poder político de las clases dominantes, destruyendo el viejo Estado de los explotadores y tomando en sus manos las riendas de un nuevo poder en la sociedad.

Para los comunistas es claro que, aun en el caso de que las clases dominantes acepten la presidencia de Petro para controlar el estallido social sin apelar al golpe de Estado, el nuevo gobierno se verá impedido para resolver los grandes y angustiosos problemas del pueblo, pues los imperialistas, la burguesía y los terratenientes no están dispuestos a renunciar a sus privilegios de clase; por el contrario, ya tienen listas las nuevas reformas antiobreras y antipopulares para paliar su crisis y mantener las ganancias a flote a cuenta de aumentar los padecimientos y la opresión sobre el pueblo trabajador.

Así las cosas, quede quien quede en la presidencia, y con mayor razón si se presenta un golpe de Estado, es inevitable un nuevo levantamiento popular, proclive a transformarse en una insurrección que derribe a los explotadores y destruya su viejo y podrido Estado.

Y en una situación así, los comunistas y revolucionarios, la clase obrera y los campesinos se verán obligados a lanzarse a una lucha decisiva y por tanto deben prepararse para “tomar el cielo por asalto”, esto es, acometer la tarea de poner fin a la explotación asalariada y la dependencia semicolonial imperialista. Como se dijo hace un año desde este portal en el editorial ¡Por un Gobierno de los Obreros y Campesinos, no de los Explotadores!:

• Hacer la Revolución, [es una] ley ineludible en la sociedad, mediante la cual las clases oprimidas derrocan a sus opresores. La Revolución que necesita Colombia debe descargar su filo contra los imperialistas, la burguesía y los terratenientes, clases socias y lacayas del imperialismo.
• Constituir como destacamento de vanguardia, el Partido político de la clase obrera, fuerza social dirigente de la Revolución.
• Concretar la alianza obrera campesina, fuerza principal de la Revolución, y de estas clases con todas las fuerzas democráticas partidarias de cambiar el sistema capitalista basado en la explotación del trabajo por un nuevo sistema socialista basado en la cooperación de los trabajadores.
• Garantizar el armamento general del pueblo para asumir el poder político en la forma de un nuevo Estado, como condición indispensable para proceder a la abolición de toda clase de explotación, confiscar sin indemnización los bienes y capital financiero de los monopolios, eliminar las imposiciones políticas y militares, constitutivas del yugo imperialista estrangulador de la sociedad colombiana, socializar los grandes medios de producción capitalista y nacionalizar toda la tierra y los recursos naturales. Los obreros y los campesinos deben ser los dueños y administradores de toda la producción social.

Camaradas y compañeros, la situación madura para grandes días que pondrán a prueba la capacidad de los dirigentes para conducir al pueblo a la victoria sobre sus enemigos, días que exigirán una lucha despiadada y enormes sacrificios, pero este es el único camino cierto para acabar con la guerra contra el pueblo, conquistar la verdadera libertad e independencia y hacer avanzar la sociedad hacia la igualdad.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Mayo 26 de 2022

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