EL CORRUPTO ESTADO BURGUÉS NO PUEDE ACABAR SU CORRUPCIÓN SISTÉMICA

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EL CORRUPTO ESTADO BURGUÉS NO PUEDE ACABAR SU CORRUPCIÓN SISTÉMICA 1

A iniciativa de Claudia López y otros politiqueros como Antonio Navarro, Angélica Lozano, Antonio Sanguino, Rodrigo Romero, Jaime Navarro y Ángela Robledo, y sustentada en la recolección de varios millones de firmas, fue aprobada la «Consulta Anticorrupción». «Sorpresivamente», el 6 de junio, en vísperas de la segunda vuelta a la presidencia y en una actitud politiquera y demagógica, todos los corruptos del establo parlamentario votaron hacer la consulta y el presidente Santos la convocó para el 26 de agosto. Como era de esperarse, culminado el circo de la segunda vuelta, gran parte de los politiqueros, encabezados por el uribismo, recularon y en los medios se siembra la idea de que quien no apoye la consulta es un uribista y amigo de la corrupción.

En teoría, la consulta pretende que mediante votaciones se aprueben 7 puntos, entre los cuales está rebajar los salarios de los altos funcionarios del Estado a 25 salarios mínimos, no ocupar cargos de elección por más de tres períodos, y varios puntos sobre contratación pública y cárcel para los corruptos. En la práctica, la consulta solo puede resolver que los corruptos congresistas que, según palabras de Claudia López, se negaron a tratar su propuesta durante 4 años, ahora legislen sobre los puntos aprobados. Ahora bien, la letra dice que de no hacerlo el Congreso lo hará el presidente, el títere del uribismo que ya tiene sobre la mesa una propuesta alternativa para invalidar la consulta, alegando que 5 de los puntos consultados ya están en la legislación, y el primero y el séptimo sobre la rebaja de salarios de los altos funcionarios del Estado y sobre la limitación a 3 períodos son inconstitucionales.

Así las cosas, la flamante «Consulta Anticorrupción» no pasa de ser en una nueva burla para el pueblo. Una miserable estafa de los politiqueros. De los corruptos abierta y descaradamente, y de los politiqueros pequeñoburgueses, presas de su fe supersticiosa en el Estado, en los estafadores de «buena fe», al sembrar ilusiones en las corruptas instituciones del Estado burgués, terrateniente y pro-imperialista colombiano, al cual ya no le caben reformas. Su putrefacción solo muestra la decadencia política de las clases dominantes y la caducidad de las relaciones basadas en la explotación asalariada del trabajo.

El Estado burgués no puede acabar con la corrupción porque la corrupción es el sistema. Porque en la república democrática burguesa actual el gran capital ejerce su poder mediante la corrupción directa de los funcionarios a quienes ceba con salarios exorbitantes, soborna a través de los contratos y compra directamente mediante la financiación de las campañas; pero además ejerce su poder mediante la alianza del gobierno con los monopolios como claramente se observa ahora con la composición del gabinete ministerial uribista, donde todos los ministros, o son representantes de las agremiaciones capitalistas, o han sido funcionarios de las mismas.

En el capitalismo, donde el único móvil es la ganancia, ¡todo se vende y se compra! Se compran y se venden no solo hombres y mujeres en el matrimonio; también se compran y se venden jueces y cortes, carceleros, policías y soldados, curas y pastores; además se compran y se venden títulos, testigos, escrituras; se trafica con patentes y licencias, se roban y compran secretos empresariales, se estimula el espionaje, y hasta el «Zar Anticorrupción» en Colombia resulta ser un capo de los corruptos… es una sociedad donde la riqueza ha surgido de la corrupción y chorreando sangre, por consiguiente la corrupción es inherente al sistema capitalista y no existe otra forma de acabarla que destruyendo el sistema que la engendra y el Estado que lo salvaguarda.

De ahí que la burla de la «Consulta Anticorrupción» no solo es impotente e inocua, también es otra fuente de corrupción que le costará al pueblo colombiano más de 300 mil millones de pesos, y de remate es una nueva distracción para desviar a los obreros y campesinos de sus tareas para enfrentar la feroz arremetida que están ejecutando sus enemigos: asesinando dirigentes y activistas sociales, persiguiendo sus organizaciones y preparando las nuevas medidas antiobreras y antipopulares para acrecentar el capital y las ganancias de los parásitos explotadores, a cuenta de aumentar la súper-explotación de los asalariados, legalizar el despojo de los pobres del campo y arruinar a los pequeños industriales, comerciantes y transportadores.

El proletariado y los campesinos pobres no deben dividirse alrededor de esta nueva bufonada de los corruptos y politiqueros en campaña. En vez de distraerse con las urnas sirviendo a esta burla de los corruptos, los trabajadores deben confiar y proseguir en el camino de su lucha directa, en la preparación de los inevitables combates contra las criminales pretensiones de las clases dominantes, en la preparación y organización del Paro Nacional Indefinido que ponga freno a la voracidad de los capitalistas y mejore sus condiciones de vida; camino que sirve a la preparación de las futuras batallas por destruir el viejo Estado de sus enemigos e instaurar el nuevo Estado de obreros y campesinos.

Para acabar de verdad con la corrupción los trabajadores no tienen otro camino que establecer una sociedad basada en la cooperación de los trabajadores y un Estado donde todos los trabajadores puedan ocupar por algún tiempo funciones estatales. Y pueden hacerlo porque ese Estado, en cuanto máquina de opresión, solo tiene que ocuparse de ejercer la dictadura sobre la minoría correspondiente a las antiguas clases parásitas explotadoras, quedando las funciones del Estado reducidas a la administración de los asuntos económicos y sociales; tareas que cualquier trabajador, sabiendo leer y escribir, puede cumplir mucho mejor que los gobernantes o politiqueros actuales, a quienes no les importan los problemas y necesidades del pueblo, ni pueden tampoco darles solución porque son miserables adoradores del becerro de oro.

Este nuevo tipo de Estado no es cosa de locos ni un sueño utópico sino que ya fue llevado a la práctica y constituye una valiosa enseñanza que ha dejado la lucha de los trabajadores en la Comuna de París en 1871, en los Soviets en Rusia en 1917 y en la Comuna de Shanghai en China en 1965. Allí se establecieron unas medidas sencillas para el funcionamiento de un Estado barato sin burocracia privilegiada ni ejército permanente para oprimir al pueblo:

  • Un Estado gobernado por Asambleas de obreros y campesinos como instituciones legislativas y ejecutivas al mismo tiempo que sustituyeron los parlanchines congresistas y toda la burocracia gubernamental inservible.
  • Un Estado donde todos sus funcionarios sin excepción eran elegibles y removibles en cualquier momento y sus salarios eran iguales a los de cualquier obrero; acabando así con la politiquería y el tráfico de influencias.
  • Un Estado eficaz donde los obreros y campesinos armados controlaban directamente la ejecución de las decisiones tomadas, librándose de la burocracia también corrupta y encargada del «control» actualmente.

Solo un Estado así puede garantizar el ejercicio de la voluntad popular, la democracia real de los trabajadores y acabar de raíz la corrupción. En esa dirección deben mirar los trabajadores que ansían de verdad un cambio profundo de las cosas y dar fin al mundo de oropel que es todo cuanto puede ofrecer la asquerosa sociedad burguesa.

Comité de Dirección – Unión Obrera Comunista (mlm)
Agosto 19 de 2018

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