Siglo XXI y medievo: La falla histórica y política del sistema imperialista

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Siglo XXI y medievo: La falla histórica y política del sistema imperialista 1
Trabajadores protestan y enfrentan políticas en medio de la pandemia en Italia. Imagen: Yara Nardi/Reuters

Tomado de A Nova Democracia, 06 de abril 2020 Traducción de Revolución Obrera

Redacción de AND, 06 Abril 2020

Editorial especial Siglo XXI y medievo: La falla histórica y política del sistema imperialista La actual pandemia mundial reveló en pocos días todas las falencias históricas y la abominable existencia política del capitalismo en su fase monopolista, parasitaria y en descomposición y agonía. Dejó claro que los gobiernos imperialistas y sus lacayos mundos desprecian la humanidad y la crueldad con la que tratan a las masas. Como países desarrollados dejarían caer, como nunca en la historia y de forma patética la máscara exhibida jactándose como el mejor de los mundos, pero que nunca se prepararán para enfrentar calamidades de grandes magnitudes y totalmente probables, porque simplemente no les interesa ni les conviene. Lo que incuban, sí, es exactamente la extracción del lucro máximo, en todas las situaciones y por todos los medios, principalmente el de robar a los trabajadores hasta la última gota de sangre y lanzar guerras sobre las naciones oprimidas, promoviendo el exterminio de centenas de millares a millones de vidas, sobre el descarado pretexto de defensa de su vieja y corrupta democracia.

Es un siniestro revivir de épocas casi remotas de la historia de la humanidad, como a mediados del siglo XIV, la “peste negra” (peste bubónica) que afectó Europa y Asia, matando 200 millones de personas o así mismo 102 años atrás, la “gripe española”, con muerte de decenas de millones. Por eso es repugnante que, en pleno siglo XXI, con las conquistas de la ciencia y la tecnología, tener tantas vidas cortadas despiadadamente por la incapacidad de este sistema de explotación que no tiene la voluntad de ayudarlas. Incapacidad cabal por naturaleza de la clase explotadora que se choca en todo con los intereses de la Humanidad y la misma vida. Fue una desgracia terrible la “peste negra” y sus consecuencias, pero es comprensible dado el grado de atraso histórico de la época. ¡Pero el medievo en pleno siglo XXI es un crimen de lesa humanidad inaceptable! En todo el mundo el avance del coronavirus, abrumador, demuestra toda la decadencia de las sociedades imperialistas y las de los países oprimidos, así como la putrefacción de sus Estados y regímenes políticos. Un imperio colosal de riqueza en las manos de un puñado de parásitos, conquistado con esclavitud y muerte de las masas populares de todo el mundo y especialmente de los países oprimidos. Según la Oxfam, el 1% de los más ricos del mundo tienen mas del doble de la riqueza poseída por 6,9 billones de personas; y los billonarios del mundo que suman apenas 2.153 individuos, en el año de 2019, reunían más riqueza que 4.6 billones de personas. Y nada de esto importa para combatir una pandemia relativamente simple, al contrario, se explica. Los Gobiernos dejan morir a diestra y siniestra millares de personas por día, que luego sumaran millones en todo el mundo, todo para no tocar a los grandes magnates del capital financiero.

La situación, por lo tanto, en todo el mundo es de una creciente situación revolucionaria desigual en su desarrollo, y converge con la crisis general de descomposición del imperialismo que no da señales sólidas de recuperación con las políticas mas amargas aplicadas, al contrario, se agudiza su crisis de superproducción. Las explosiones de revueltas de las masas por todo el mundo en relación con estas políticas de cortes de derechos y restricciones de las libertades democráticas, anuncian el desarrollo, todavía desigual, de la situación revolucionaria a escala mundial. Casualmente en este contexto surge el coronavirus como pandemia.

Siendo resultante de una evolución biológica natural o una maquinación del imperialismo yanqui (hipótesis que no se puede descartar del todo, pues muy bien se callan los criminales “juegos de guerra” del Pentágono creyente ferviente del Maltusianismo), el coronavirus actúa como pequeñas bombas atómicas invisibles, aparentando otra forma de guerra mundial. No hay que olvidar los artefactos atómicos que los Estados imperialistas y algunos lacayos tienen en grandes cantidades en sus arsenales, para intimidar permanentemente a los pueblos. La cuestión es que con la pandemia y la negligencia de los gobiernos van a eliminar poblaciones por ellos consideradas excedentes, especialmente poblaciones envejecidas y enfermas. De modo general significa destruir fuerzas productivas, para luego justificar nuevos y milagrosos “planes Marshall” por recuperar la economía para una nueva expansión. La negligencia es deliberada, viniendo de la naturaleza del imperialismo y tergiversada con dosis regulares de dramatización por los monopolios – Red Globo a la cabeza en Brasil- para mitigar la revuelta de las masas. Es la ley del imperialismo: las crisis en este sistema solo son parcialmente derrotadas con destrucción de fuerzas productivas, matanza de operarios sobrantes (trabajadores y poblaciones “sobrantes”), concentración/centralización de capital y conquista de nuevos mercados (guerra con arsenales bélicos).

Se agudizan las contradicciones fundamentales, entre naciones y pueblos oprimidos, como principal, entre superpotencias y potencias en la disputa inter-imperialista y entre burguesía y proletariado en los países imperialistas. Las masas serán, en lo que concierne a los imperialistas, en sus propios países y en todo el mundo, víctimas indefensas del virus y después de la explotación despiadada con despidos, reducción de salarios y corte de derechos, mientras que las corporaciones monopolistas tendrán sus perjuicios resarcidos, como ya ocurre en varios países, inclusive en Brasil. En todo el mundo la reacción levanta la cabeza imponiendo el “toque de queda” y Estado sitio para mantener su orden reaccionario de hambre y muerte. Ciertamente, el plan imperialista de echar todo a espaldas de los pueblos oprimidos y de los trabajadores del primer mundo, golpeará en la intrépida decisión de las masas de combatir por sus derechos y por el fin de ese viejo orden. No hay solución posible que no sea la de avanzar a la revolución proletaria mundial en cada país.

II

La situación política nacional, a su vez, es bastante grave, con el aislamiento político del fascista Bolsonaro y las conspiraciones abiertas de los generales golpistas, como posibilidad sugerida y hecha pública por los generales de sustituir a Bolsonaro por Mourão, como un chantaje para hacer que el “presidente”, incluso en una revuelta, permanezca amarrado.

El hecho es que Bolsonaro acumula fracasos, uno después de otro, en su intento de asumir la dirección del golpe militar. Aislado en el propio Planalto, impuesto por el gobierno militar de hecho por los representantes generales del Alto Comando de las Fuerzas Armadas (ACFA) reaccionarias. Pero valiéndose del poder legal de mandatario de la nación, viene intentando elevar el apoyo de la opinión pública, apelando como el salvador de las decenas de millones de pobres que viven al margen de la economía, a los millones de pequeños y medios comerciantes desesperados para unirse a sus hordas de seguidores en la violación del “aislamiento impositivo”. Aislarse casi por completo y perder cada vez más el apoyo de las propias clases dominantes y sus grupos de poder, en el parlamento y en el poder judicial. Basta ver el retiro de Ronaldo Caiado, el distanciamiento de la bancada de los propietarios en el Congreso y hasta las afirmaciones de Paulo Guedes corroborando con la política de los generales del gobierno militar del hecho de “quedarse en casa”.

Aislamiento tal que Bolsonaro se vio obligado a disminuir el tono de su malestar de difundir que el aislamiento social no es más que una conspiración para paralizar la economía y derribarlo a costa de la miseria de la población. Saludo que busca acumular fuerzas y capital político, como el “perseguido” y “agraviado”, y conseguir mayor poder de presión sobre los generales, cuando la situación de la nación se desboca en el desorden inevitable. Su plan naufraga y la dirección de los generales en el golpe contrarrevolucionario toma impulso. El sello de “presidente operativo” dada al general Braga es más un paso para hacer del gobierno militar de hecho al gobierno militar de derecho.

La crisis del capitalismo burocrático, agravada ahora, lanzará en un corto período nuevos millones de personas a la situación de miseria. El viejo Estado que entrega generosos “paquetes de incentivos” de billones a algunas decenas de monopolios financieros es el mismo que ofrece una migaja a las decenas de millones de masas. Y sin saberse hasta cuando y por cuanto tiempo, solo para intentar apagar la llama de la explosión de revueltas populares.

¿Por qué ese bando de reaccionarios no dedica sus esfuerzos para entregar a todas las masas del país los materiales de protección contra el contagio (Alcohol en gel, máscaras y otros) y las pruebas? ¿Por qué no obligan a esas redes monopolistas de salud a abrir sus estructuras para atender toda la población ayudando al limitado y abandonado sistema público? La vida de los ricos vale más que la de los pobres, ¿Es así? ¿Por qué en vez de amenazar, arrestar y reprimir las masas, el canalla que gobierna el país no pone todos los médicos de las Fuerzas Armadas y sus camas al servicio de los miserables condenados a muerte, sin acceso a nada y que sin siquiera tienen condiciones de aislarse en sus casas pequeñas y apretadas? Son estos explotadores criminales, culpables directos y los negligentes que están detrás de algo más que un genocidio de las clases populares.

Todos los actos apuntan para tal situación en la cual las masas están desalentadas y entrando en desespero. Exigen una solución a sus problemas, y el deber llama, a todo pulmón, a los verdaderos demócratas y revolucionarios a actuar. Por pequeños grupos, movilizarlos por las calles, predios, barrios, villas y favelas, como en el campo, en comités de salud de defensa popular. Exigir a los gobiernos los equipos de emergencia de prevención, el tratamiento, el suministro de alimentos y utensilios de primera necesidad. Sin embargo, luchar por establecer redes con el objetivo de sentar bases para un futuro sistema sanitario popular, sobre el control, gestión y dirección de las organizaciones de la clase popular.

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