Coronavirus y Lucha de Clases en Italia

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Coronavirus y Lucha de Clases en Italia 1

Tomado de Maoist Road, 21 de abril 2020.

Reporte del Partido Comunista maoísta Italia

En Italia, estamos a más de un mes y medio de emergencia por la pandemia. Comenzó en la segunda más grande ciudad del país, Milán, en Lombardía, en cuya área hay dos grandes concentraciones industriales de nuestro país, Bérgamo, la más afectada, y Brescia. La pandemia ha afectado a otras regiones, también con un alto nivel de presencia industrial, como el noroeste, el Piamonte, y el noreste, el Véneto. Cerca de este cinturón norteño está Emilia Romagna, llena de pequeñas y medianas industrias de diversos tipos y grandes concentraciones de logística, con algunas ciudades como Piacenza, Módena, donde la pandemia ha golpeado fuertemente. Además de estas áreas, en las regiones centrales y la misma capital, Roma, hubo niveles mucho más bajos de expansión de virus y aún más baja, al menos hasta ahora, es la influencia en las regiones del sur: de Nápoles a la Puglia y Taranto, a la Sicilia.

Nuestro partido y sus organizaciones de masas intentaron de inmediato dar orientación a la clase obrera y a las masas, inicialmente luchando contra la información terrorista y alarmista que llevaba a las masas a una especie de miedo ciego y parálisis, sin poder comprender lo que era realmente la pandemia y cómo lidiar con ella.

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, cayó en esta fase y las fuerzas del movimiento feminista de la pequeña y media burguesía agrupadas bajo el cartel “Ni Una Menos”, como en Argentina y España, inmediatamente dieron marcha atrás a los planes de movilización y huelga de las mujeres programados para esos días. La burguesía aún no había declarado el “estado de emergencia”, excepto en algunas zonas del norte de Italia. Por lo tanto, en el resto del país la situación permitía huelgas y manifestaciones, pero el movimiento feminista burgués y pequeño burgués inmediatamente se retiró, en línea con lo que los sindicatos de base ya habían hecho. El Movimiento Feminista Proletario Revolucionario, fuertemente apoyado por el Slai Cobas para el Sindicato de Clase, que es la organización de clase y combativa dirigida por el PCm, mantuvo sólidamente tanto la huelga como las manifestaciones planificadas, dando indicaciones para concentrarlas principalmente en el sur de Italia, donde había mejores condiciones de viabilidad política y social. Fue precisamente en la víspera del 8 de marzo que el gobierno extendió el estado de emergencia a todo el país y, por lo tanto, ejerció su presión para revocar la huelga y las manifestaciones.

En particular en Palermo, la presión fue ejercida directamente por la policía y su oficina política, pero las compañeras se mantuvieron firmes y tuvieron tanto la huelga en algunas realidades de trabajadoras precarias, como las sentadas ante los Palacios del poder y en el centro de la ciudad. La participación fue menor de lo habitual pero aún significativa.

En Taranto el Día se vinculó con la movilización de las trabajadoras del comercio contra los despidos y la acción en la calle, aunque con la significativa ausencia de todas los grupos del feminismo pequeño burgués, vio la participación de la organización de los jóvenes comunistas de uno de los pequeños partidos neo-revisionistas existentes.

En el norte y especialmente en la ciudad que aún no se había convertido en el epicentro de la pandemia, Bérgamo, los trabajadores desafiaron las prohibiciones, encontrando la reacción agresiva de todo el frente formado por patrones, gobierno y sindicatos oficiales.

Sin embargo, en el día internacional de la mujer la bandera de la lucha revolucionaria del proletariado se mantuvo alta, y continuó estando muy presente y activa en las siguientes semanas, cuando, con la pandemia en progreso y el estado de emergencia, la condición de las mujeres empeoró enormemente, no solamente al trabajo, sino también en los barrios, dentro las casas, donde deben luchar por problemas vitales, con los hijos en casa por las escuelas cerradas, y contra la opresión familiar que transforma la casas en prisiones y posibles lugares de feminicidio, debido al efecto de la eterna presencia del patriarcado. El MFPR continuó esta lucha literalmente cuerpo a cuerpo, para que todo esto alimente y empuje el espíritu de rebelión de las mujeres.

Mientras tanto, la pandemia se estaba extendiendo y en los principales centros industriales del norte de Italia, los obreros y los trabajadores reaccionaron de inmediato: huelgas y abstención del trabajo, espontáneas u organizadas por las Cobas, tocaron una masa cuantificable en 50 mil trabajadores. A menudo hubo presión policial, intimidación de todo tipo, pero eso no impidió las huelgas y abstención masiva del trabajo.

Incluso una parte del sindicalismo oficial en Lombardía se vio obligado a declarar la huelga en las fábricas metalúrgicas.

Estas huelgas fueron muy importantes por varias razones: mostraron que los obreros y trabajadores no aceptaban ser “carne de cañón”; rechazaron la ostentosa insistencia de los patrones a decir que “todo iba bien”, “todo era seguro” y que la producción tenía que ser asegurada en cualquier caso; demostraron que no había estado de emergencia que pudiera parar la lucha de los obreros para su salud y seguridad; expusieron la hipocresía de los patrones y el gobierno que, por un lado, querían encerrar a toda la población en su casa y, por el otro, tener las fábricas llenas y los grandes centros de la logística comercial con trabajadores explotados hasta el hueso y sin dispositivos de seguridad elementales.

Podemos decir con certeza que las huelgas de trabajadores impidieron la propagación masiva de COVID-19 en las fábricas.

No solo eso, sino que esta reacción de los obreros y trabajadores, para la cual fueron decisivos los Cobas, en las diversas organizaciones en las cuales están estructurados, incluida la organización combativa y de clase dirigida por nuestro partido, obligó al gobierno y a los patrones a dar un primer paso atrás. Se subscribieron protocolos de seguridad que, aunque insuficientes, fortalecieron las estructuras de protección de los trabajadores y, sobre todo, permitieron a los trabajadores rehusar, si el protocolo no estaba aplicado, a trabajos peligrosos.

La propagación de la pandemia, precisamente en algunas de las áreas con mayor concentración de obreros, fortaleció su resistencia y empujó al gobierno a dar un paso más atrás, indicando cuales fábricas podrían permanecer abiertas, en cuanto necesarias a la producción de productos y servicios esenciales, y las que debían cerrarse. Pero el gobierno y los patrones, con la complicidad de los sindicatos oficiales, incluyeron las multinacionales imperialistas de la industria de guerra como estratégicas, las compañías siderúrgicas y otras unidades productivas que ciertamente no producen “servicios esenciales”. Así que la lucha y resistencia en las fábricas, ahora explícitas y de hecho, siguieron.

Mientras tanto, ocurrieron otros eventos importantes fuera de las fábricas y otros lugares de trabajos.

Estalló furiosamente una revuelta de los prisioneros. Uno de los disturbios más grandes en las cárceles de las últimas décadas en nuestro país. Los detenidos comprendieron de inmediato que no era posible defenderse del virus y, por lo tanto, se rebelaron a partir de la prisión de Módena. La reacción del Estado se volvió de inmediato violenta, hubo fuertes enfrentamientos dentro y fuera de las cárceles, los detenidos ocuparon alas de las cárceles, incendiaron y devastaron partes de las estructuras para convertirlas en medios de resistencia y enfrentar la violencia asesina del Estado. En pocos días la revuelta se extendió a todas las cárceles del país, de norte a sur, y también impulsó a los familiares y organizaciones de solidaridad a movilizarse en apoyo. Dentro de las cárceles una masacre dejó 16 muertos oficiales, y numerosos prisioneros heridos, torturados, deportados y sometidos a las medidas más severas que se aplicaban, en particular, a los presos políticos de las Brigadas Rojas. Frente a las prisiones de Milán y otras ciudades, la policía asaltó las manifestaciones de familiares y organizaciones de solidaridad.

El Socorro Rojo Proletario llevó incansablemente su voz de denuncia y apoyo, desenmascarando las mentiras del estado que afirmaba que los prisioneros asesinados en realidad habían muerto de sobredosis y al mismo tiempo dieron voz a cada escrito proveniente de las cárceles y los familiares, haciendo esto en todo el territorio nacional.

La rebelión obtuvo resultados concretos, con la disposición de liberar a los prisioneros con penas menores, pero el Estado excluyó de cualquier beneficio decidido a los detenidos que habían participado en la revuelta. El resultado es claro, en comparación con los diez mil prisioneros que tenían que ser liberados, según afirman las asociaciones democráticas, incluso las más pro-institucionales, hasta el momento han salido no más que dos mil. Entonces la lucha continúa. Los prisioneros tenían razón en rebelarse. En los días siguientes, hubo casos de contagio de COVID-19 en las cárceles, aún si mantienen ocultos los muertos, excepto uno, y el tamaño de estos contagios.

Los trabajadores en lucha no dejaron de hacer sentir su solidaridad a través de los Cobas e insertaron la amnistía en su plataforma.

Pero en todas estas semanas en la primera línea, frente al estallar de la pandemia que convirtió a Italia en una “segunda China”, han sido los médicos y trabajadores de la salud que, durante varias semanas, fueron dejados sin la precauciones necesarias, aprovechando de su absoluto, y en ciertas ocasiones heroico, espíritu de abnegación al trabajo para salvar la vida de los enfermos. Hasta ahora, esto ha provocado la muerte de 126 médicos y numerosas otras muertes entre el personal de enfermería y atención médica en general, principalmente en el epicentro pandémico, la Lombardía.

Pero el corazón de este epicentro es la ciudad de Bérgamo, donde hay una fábrica cada 50 habitantes, que se convirtió en hospital y cementerio al aire libre, la “Wuhan de Italia”. Aquí también militantes de nuestro partido y activistas sindicales vieron morir a sus padres, y el entrelazamiento entre la incapacidad de las administraciones locales y una salud privatizada construida como salud para los ricos, signada por la corrupción, llevó a la explosión de la pandemia en las Casas de Retiro para los ancianos, con miles de muertes y números reales aún ocultos, que incluso la prensa burguesa se ve obligada a reportar, hablando de contagios diez veces mayores que los datos oficiales y muertes tres veces más de las declaradas.

En este contexto, la reacción de los trabajadores de la salud y contingentes obreros y de trabajadores de clase no se hizo esperar. Sin abandonar sus trabajos comenzaron a denunciar, a reclamar y gritar: “¡Golpear a los responsables que transformaron la pandemia en masacre!”.

Aún en el área de máxima expansión de la pandemia, otros trabajadores, más jóvenes, fueron expuestos a la infección, y solo debido a su corta edad no hubo un mayor nivel de masacre. Los carteros, los jinetes, los trabajadores de la infame Amazon intentaron resistir día por día, reclamando la reducción del trabajo a los servicios esenciales y una efectiva protección personal.

En la parte central y meridional del país, la situación se presentó de manera diferente. La lucha en las fábricas solo tocó algunas plantas automotrices y la ArcelorMittal de Taranto. Incluso en estas fábricas, los trabajadores respondieron ausentándose del trabajo, en unos días en forma masiva e intentando organizar huelgas, parcialmente exitosas y boicoteadas por los sindicatos oficiales. Los decretos ad hoc del gobierno ofrecieron la cobertura necesaria para que los patrones exigieran la continuidad de las fábricas con varios miles de trabajadores adentro. Esto, aunque con pase aún lento, ha llevado el virus a las fábricas, a la ArcelorMittal de Taranto por ejemplo, y probablemente el juego aún no ha comenzado realmente.

En el centro-sur, desde los suburbios de Roma a las grandes concentraciones de trabajo negro, trabajadores itinerantes en Campania, a los jornaleros inmigrantes en el campo, a los pobres de la Sicilia, con el virus ha llegado el fin del trabajo, la falta de ingresos, la dificultad de vivienda producto de la precariedad y el desempleo.

Pero incluso aquí, la estructura de las organizaciones, centros sociales, comités de vivienda, las estructuras de los sindicatos de base han tratado de dar una respuesta, reclamando ingresos y casas, en medida mucho mayor que las limosnas otorgadas por los decretos del gobierno.

En Palermo, Nápoles y Roma también ha habido iniciativas de rebelión abierta, criminalizadas, reprimidas y atacadas por el Estado y los medios de comunicación.

Esta es la imagen general de lo que ha convertido a Italia no solo en el epicentro europeo de la pandemia durante varias semanas, sino también en el sitio de una intensa lucha proletaria significativa por calidad y cantidad, que ha servido para difundir en Europa otro contagio, el contagio de la lucha de clases.

Ahora estamos en la víspera de la “fase 2” en la que los patrones y el gobierno quieren volver a sacar ganancias, basadas en la explotación, a pesar de que la pandemia sigue estando en plena actividad, pero las masas proletarias y populares y sus organizaciones, sean nacidas de la espontaneidad, sean ya organizadas, incluidos los maoístas, sus estructuras y sus organismos generados, trabajan para una huelga general que podrá tener un carácter revolucionario si logra construir su dimensión masiva en un estado de emergencia cada vez más acentuado.

La experiencia que nuestro Partido ha sacado en este contexto ha sido importante. Cómo mantener su estructura y su trabajo a pesar del confinamiento en las casas y el máximo control impuesto. Y la respuesta que está dando es muy positiva: su actividad no se ha detenido ni un minuto y no se ha limitado a los sitios web. Los camaradas han violado el estado de sitio para intervenir en las fábricas, han fortalecido su trabajo de formación teórica a través de Internet, con la ayuda de intelectuales marxistas, y los camaradas están creciendo teórica y políticamente. Una formación no estereotipada y doctrinaria, sino un esfuerzo alto y profundo para armarse con el marxismo para dar una respuesta estratégica y programática a la situación internacional de crisis del imperialismo que produjo la pandemia y el escenario actual.

La acción determinada del Partido en todas las condiciones ha permitido el crecimiento de su influencia y reconocimiento en todo el campo de los revolucionarios de otras tendencias, del sindicalismo de clase y combativo, del movimiento de las mujeres y de las organizaciones que apoyan la lucha contra las cárceles.

Por supuesto, nos espera un salto cualitativo difícil, pero los vínculos con las vanguardias y las masas que hacen los maoístas italianos diferentes y avanzados son un gran factor de fuerza y solidez que nos da la esperanza de que el salto cualitativo será logrado.

Pcm Italy

21-4-2020

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