Volveré a las Calles, Regresaré a la Lucha

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En el ir y venir de estos primeros días del 2021, me puse a pensar en las condiciones en que estamos las mujeres con las labores domésticas, el cuidado de los hijos, el trabajo en casa si se corre con suerte y se tiene teletrabajo; la inquietud de que los hijos volverán al colegio y posiblemente estén en peligro de contagio… Entre todas esas reflexiones, me detuve a cavilar sobre si tiene sentido “¡Volver a las calles, regresar a la lucha!”, como lo decían en días pasados en el programa Vanguardia Obrera. De inmediato sentí un escalofrío, repasé los pro y contra de esta decisión tan importante que debemos tomar. ¿Salir a las calles? volví a pensar. Entonces recordé todo lo que sucedió el año pasado y a qué se debía esta propuesta.

Recordé algunas noticias, giré la mirada, pensé en mis familiares, mis amigos, en mis conocidos, en el vendedor ambulante, en el repartidor, en la obligatoriedad del confinamiento y a quién beneficia realmente. En ese momento volvió a mí una consigna de inicios de pandemia “¿Quédate en casa o muérete en casa?”. Por varios minutos hice un análisis de cómo se incrementó la miseria, que ya era enorme antes de la pandemia.

Entonces, pensé en toda la mierda que trae de por sí este sistema capitalista, en la desigualdad, en la impunidad, en que a nivel mundial 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia de género; según INDEPAZ, en Bolivia 83 mujeres fueron asesinadas entre enero y agosto del 2020, mientras en Colombia 445 hasta septiembre, de las cuales más de 200 fueron feminicidios, entre otros… todo esto en el marco de la pandemia, aunque no lo crean estos son solo los casos conocidos.

Por otro lado, según información del DANE, en Colombia hasta noviembre de 2020 la tasa de desempleo fue 13,3%, en comparación con el mismo mes en el 2019 que fue de 9,3%. Aproximadamente 4,2 millones de trabajadores fueron despedidos y en general las mujeres entre 25 a 54 años fueron las más afectadas, teniendo en cuenta que una gran parte se desempeñaban en labores domésticas informales, pero, además, teniendo en cuenta que la discriminación y el machismo hacen que primero se despida a una mujer que a un hombre, por ello el desempleo afecta más a las mujeres.

El confinamiento con la consigna “quédate en casa” trajo más desempleo, y que algunos hombres incursionaran en las labores domésticas, pero sobre todo que las mujeres continuaran siendo trabajadoras domésticas no remuneradas; mucho más limitaciones para conseguir nuevamente empleo, con excusas de recuperación económica, de los años de experiencia para ciertos cargos, etc., etc., lo cierto es que mientras los capitalistas recibieron jugosas ayudas, una inmensa mayoría del pueblo pasó a engrosar el llamado ejército de desempleados.

Aunque no lo crean, los impactos del desempleo a largo plazo traen consigo que cuando uno lleva tiempo sin estar activo laboralmente, al momento de volver a conseguir empleo hace que la mano de obra se venda muy por debajo; además, el desempleo hace que se pierda la experiencia ya ganada, que se pierdan habilidades y que les sirva de excusa a los capitalistas para circular la mano de obra barata cada vez que se les antoje, contratando y despidiendo con el argumento de que hay miles de hojas de vida esperando para ser tenidas en cuenta. Adicionalmente, el ejército de desempleados engrosado sobre todo por mujeres jóvenes hace que perdamos la autonomía económica y, seamos más sometidas por quien “trae la papita a la casa” (hermanos, padres, hijos, esposo) como ya lo muestran las cifras de violencia.

Su tal regulación de la circulación de personas para prevenir el contagio es un arma de doble filo para el proletariado, de aquí la importancia de la consigna “¡Volver a las calles, regresar a la lucha!” porque si no luchamos estamos perdidos, sobre todo los que no tenemos nada que perder, ya ni siquiera el empleo.

Con la pandemia se hace mucho más necesario el acceso y uso de la tecnología, y eso lo enfrentan sobre todos nuestros hijos; lo cual no debería ser malo, ya que la exigencia de involucrarse con la tecnología era cada vez más necesaria y esto obligó a que se diera un gran paso, pero desafortunadamente el acceso a los medios no está al alcance de todos, los gobiernos representantes del Estado burgués no están dispuestos a usar los recursos del pueblo para el pueblo, prefieren dejar que se los roben o malgastarlos, además de la amenaza de los pedófilos, abusadores y ladrones que rondan por la internet, haciendo que incluso un niño que se manifieste exigiendo garantías para la educación en tiempos de pandemia sea amenazado de muerte.

Pensándolo bien son muchas cosas las que dejó el 2020 y la experiencia de la pandemia: muchachos en las calles robando porque el desempleo es terrible y más para los migrantes que, además de sufrir esa condición de explotados y oprimidos cargan con la desgracia de estar “en tierras lejanas”, en donde algunos por influencias xenofóbicas promovidas desde el mismo Estado burgués, hacen que la lucha sea más dura, pero eso no es impedimento para que los hermanos de clase sin importar de dónde vengan puedan considerar la posibilidad de no dejarse empujar al nefasto hueco de la lumpenización, sino engrosar las fuerzas de la revolución y ¡Volver a las calles, volver a la lucha!, pues para los trabajadores, lo más importante es nuestra condición de explotados y oprimidos y no la nacionalidad, sexo, raza, idioma, creencias religiosas, etc. Los obreros somos una clase internacionalista.

Otro aspecto importante a tocar en tiempos de pandemia es la salud mental, según la Gaceta Médica, “a estas alturas de la pandemia, nadie duda de los efectos psicológicos y sociales directos e indirectos de la enfermedad en la mayoría de la población.” Imaginemos lo terrible que es ver morir a un allegado y no poder hacer el duelo como es; también en los niños que no pueden compartir y relacionarse con sus amigos, sus docentes; en los médicos que día a día ven morir infinidad de gente no solo por la pandemia sino por la deficiencia del sistema de salud; también en el desespero de no tener completo el dinero para el arriendo, para el mercado y saber que le aumentan más el salario a los congresistas parásitos que viven de la burocracia y de legislar contra el pueblo; rabia da saber que muchos han perdido lo que incansablemente han conseguido durante años; también el aumento de suicidios y autolesiones, abuso de alcohol y sustancias psicoactivas como consecuencia de la crisis de los ricos, la cual deberían pagar ellos; toda una tragedia social, que como todo bajo el capitalismo se incrementa de acuerdo a la clase a la que se pertenece; y la pandemia con sus consecuencias no podía ser la excepción, los efectos psicológicos y sociales caen como una mole de concreto sobre las clases trabajadoras.

Bueno, pero pensé nuevamente, es necesario romper las medidas y arriesgarse a salir a las calles. Entonces vinieron a mi mente las masacres y muertes de líderes sociales, según INDEPAZ 381 personas fueron asesinadas en 91 masacres perpetradas en el 2020; también recordé desalojos como el de Lucía Cupitra y sus 5 hijos en una invasión de Ciudad Bolívar en Bogotá, a mediados de mayo del 2020, originaria de la comunidad indígena de Pijao, quien llegó a la capital por desplazamiento forzado y quien es madre soltera; aunque Lucía rogó a las fuerzas del Estado burgués que por lo menos esperaran para salvar sus cosas, no la escucharon, tumbaron su rancho y la dejaron en la calle, todo esto en el marco de la pandemia, en el “quédate en casa”.

Quédate en casa por la pandemia, pero sal a producir porque el capital te necesita, quédate en casa y no salgas a protestar, pero sal de la casa porque la producción no puede parar, quédate en casa, porque puedes contagiar a tus amigos y familiares, pero sal a producir porque hay que salvar la economía… Quédate en casa pero sal a producir como la bestia de carga que eres para el capitalismo. La moraleja no podía ser otra: si puedo salir a producir, con mayor razón puedo y debo salir a protestar… Entonces, juzguen ustedes el por qué yo ¡volveré a las calles y regresaré a la lucha!

Una lectora

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