VOCES EN CONTRA DE LA DESTRUCCIÓN DE LA NATURALEZA

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VOCES EN CONTRA DE LA DESTRUCCIÓN DE LA NATURALEZA 1El 7 de diciembre algunos grupos de ecologistas se habían propuesto realizar una “velatón” al frente de las instalaciones de la Corte Constitucional en Bogotá, para pedir que se respeten los mecanismos de participación ciudadana como una forma legítima de las comunidades de oponerse a algunas iniciativas industriales o mineras que afectan los territorios y el medio ambiente. Un acto que si se realizó pasó desapercibido por cuanto el poder del capital es sordo a la razón y no escucha otros argumentos que no sean los hechos.

En el mundo la acción depredadora del capitalismo imperialista ha generado grandes tragedias, inundaciones, incendios forestales, sequias, contaminación del mar y calentamiento global que han dejado millones de personas muertas y damnificadas, además de un gran deterioro de los recursos naturales y cambios en los ciclos minerales y orgánicos del planeta ocasionando que en los últimos 50 años se hayan reducido en un 60% las poblaciones globales de peces, aves, mamíferos, anfibios y reptiles o que la selva tropical del Amazonas perdiera un 20% de su extensión.

En Colombia la explotación de sectores mineros o industriales han encontrado el rechazo de la población pues a la burguesía, los terratenientes e imperialistas no les importa el agotamiento o la contaminación de las fuentes de agua, la exagerada producción de residuos sólidos y la contaminación ambiental. En ese sentido, las consultas populares y consultas previas a las comunidades indígenas, comunidades negras y la comunidad en general de los territorios en donde se planean o se están realizando proyectos mineros o industriales sirvieron como voz de protesta. Y aunque las consultas no tengan ningún valor efectivo en contra de las grandes explotaciones, sí se convirtieron en un obstáculo para el gobierno nacional y los monopolios porque afectan la imagen de sus proyectos y su puesta en marcha.

En los últimos años se han realizado consultas en varios municipios como manifestación del repudio de la población ante los proyectos mineros, como por ejemplo, la de Piedras (Tolima), que en 2013 obligó a postergar el proyecto minero La Colosa (Anglo Gold Ashanti), la de Tauramena (Casanare) que frenó la sísmica de Odisea 3D (Ecopetrol), la de Cabrera y Arbeláez (Cundinamarca), de Cumaral (Meta), de Pijao (Santander), de Sucre y Jesús María (Sucre) y en todas ha ganado el no.

Obedeciendo a la Agenda Empresarial de los gremios, la Corte Constitucional respaldó a los monopolios expresando que prima el interés económico y opresor de los capitalistas a través de su Estado por encima del punto vista o el clamor de las comunidades y en octubre del 2018, prohibió que los movimientos ciudadanos desconozcan “que el Estado Colombiano tiene la propiedad del subsuelo”.

La sentencia de la Corte muestra que en realidad es la propiedad privada y el sistema capitalista quienes defienden la explotación irracional de la naturaleza, pues el Estado como representante supremo de los explotadores da prioridad al interés de la ganancia del capital por encima de los daños ambientales. En realidad, defiende a rajatabla el interés de los monopolios y el resto es falsa prédica jurídica ambientalista para guardar las apariencias.

La clase obrera, las comunidades indígenas, comunidades negras y los ecologistas solo tienen la organización, la movilización y la lucha como medios para conseguir sus objetivos, así como para enfrentar las políticas antipopulares y frenar la destrucción de la naturaleza y sus recursos. Por tanto, de nada sirven las solicitudes respetuosas o las protestas simbólicas como las velatones frente a la Corte; en estos momentos, la única forma de frenar la destrucción acelerada de la naturaleza es con un paro nacional indefinido donde se incluya ésta como parte de las reivindicaciones populares; no se trata de pedir una limosna a los adoradores del becerro de oro sino de conquistar el derecho a la protección del medio ambiente con la lucha directa en las calles y como parte de la lucha general del pueblo colombiano contra el sistema capitalista. No se puede perder de vista que la supervivencia del capitalismo es incompatible con la existencia de vida; este es un sistema devorador de hombres y depredador de la naturaleza.

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