La verdadera democracia en el Paro Nacional

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El Paro Nacional de estos días ha demostrado que las masas son poderosas si actúan de forma organizada contra las clases parásitas de la sociedad. Son innumerables las acciones de fuerza manifiestas en bloqueos, marchas, mítines, asambleas e incluso cacerolazos masivos que en diferentes partes del país han realizado las masas populares para oponerse a las medidas antipopulares y antiobreras que el régimen uribista de Duque quiere imponer para favorecer a los dueños del capital. En diferentes escenarios las masas se han reunido para deliberar y decidir sobre su futuro. El presidente títere apeló al terminacho «conversación nacional», para dilatar las soluciones que el Paro requiere.

Sin embargo, en medio del conflicto, han quedado en evidencia dos métodos para solucionar las contracciones que representan dos políticas de clase que se corresponden con dos caminos opuestos: el burgués y el proletario, el de la dictadura de los ricos y el de la democracia de los de abajo, el del “consenso y disenso” y el del centralismo democrático.

Empezando por las clases reaccionarias y asesinas del pueblo, el régimen mafioso de Uri-Duque implementó la tal “Gran Conversación Nacional” en la cual por medio de una plataforma digital están recibiendo todo tipo de propuestas sobre diferentes temas para “enriquecer la conversación”, cosa que en su momento también hizo el expresidente Juan Manuel Santos en 2015 cuando creó otra plataforma llamada “La conversación más grande del mundo” y por medio de la cual el gobierno recibió 10.527 propuestas y denuncias de diferentes formas como poemas, pinturas y demás, que no sirvieron para absolutamente nada, porque al final, si no hay un mecanismo de presión que use la fuerza del paro por parte de las masas, los dueños del capital terminan ejecutando sus planes antipopulares a su antojo. Esa es la política burguesa, dilatar y apagar los conflictos sociales y engañar a las masas con unos supuestos mecanismos democráticos que no son de utilidad para el pueblo trabajador.

De otro lado, los autonombrados jefes del paro nacional ―porque nadie los eligió democráticamente― usan el método del “consenso y el disenso” para también imponer sus decisiones sobre la mayoría del pueblo que es el que mayoritariamente está luchando en las calles. La política del llamado consenso consiste en no aprobar por mayoría las decisiones de las asambleas, sino, en una muestra de una supuesta “ultrademocracia”, tener en cuenta todas las opiniones y propuestas de los asistentes, para al final, en la práctica, imponer las decisiones que tomen o ya hayan tomado los que se encuentran dirigiendo la mesa, lo que es una muestra real de “antidemocracia” como quedó en evidencia en la Asamblea Nacional Popular del 6 y 7 de diciembre.

Por el contrario, el método del centralismo democrático, es la expresión más alta de unidad a la que puede llegar una asamblea; pues después de discutir, intercambiar ideas y tratar de llegar a la unidad, se vota para decidir qué decisión va a tomar la mayoría de las masas, esa es la etapa democrática. Después de votar y decidir se pasa a la etapa centralista, en la cual todos los miembros del colectivo se someten y cumplen con lo decido, así hayan quedado en minoría. Dicha minoría tiene el derecho de continuar haciendo propaganda para convencer a la mayoría, pero a la vez, debe cumplir a cabalidad lo decidido mayoritariamente. Esa es la muestra más alta de unidad y la mejor forma de actuar para que las masas resuelvan todo lo concerniente con sus asuntos.

El centralismo democrático es la mejor forma para resolver prácticamente las diferencias que puedan existir en el seno del pueblo, pues las discusiones no son eternas, sino que buscan siempre llegar a la unidad de voluntad, pero sino es posible lograrlo, tampoco lleva a una anarquía en la cual cada individuo resuelve qué hacer según le parezca.

Los comités de paro o de huelga deben regirse por el centralismo democrático para evitar que siga sucediendo lo que está pasando hoy en día, en donde después de las reuniones por localidades y de llegar a unas conclusiones y decisiones, no son tomadas en cuenta en el Comando Nacional de Paro y se imponen peticiones que no estuvieron contempladas en las reuniones, o se dejan por fuera decisiones tomadas por localidad, también porque en las relatorías no se toman en cuenta, acorde al método burgués de dirigir las reuniones.

Las bases deben estar alerta a la hora de ver recogidas sus propuestas y decisiones en las relatorías que se hagan y de velar porque se cumplan las decisiones que se tomen en las asambleas. Ahora los jefes del comité de paro quieren posar de democráticos presentando un pliego de más de cien puntos, cuando la lucha iniciada el 21 de noviembre estaba recogida en 13 bloques de 22 puntos.

La lucha obrera y popular debe continuar, uniendo a más sectores del pueblo oprimido y explotado. Implementando en las reuniones el centralismo democrático como método para tomar las decisiones y ejecutarlas disciplinadamente. Ésta será la verdadera garantía de que la democracia del pueblo dirija este importante e histórico conflicto.

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