Sobre la Asamblea de la OEA

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Finalizó la 49ª Asamblea de la OEA y como denunció Revolución Obrera días atrás, esta fue una reunión llevada a cabo por el imperialismo norteamericano y los países satélites bajo su dominio para discutir la agenda de agresión a Venezuela, disfrazando su mezquina intervención e injerencia en el hermano país bajo el pretexto de “ayuda humanitaria” o en “defensa de la libertad y la democracia”. Su hipócrita actitud en “defensa de los migrantes venezolanos” es un mal chiste frente al trato que Estados Unidos les da a los inmigrantes centroamericanos, además de que la Asamblea de la OEA no decidió nada que beneficiara a los migrantes venezolanos salvo la repetida y aburridora cantaleta del apoyo irrestricto a Juan Guaidó. Pura demagogia para generar una corriente de opinión favorable a una posible intervención militar en Venezuela.

Además, la desfachatez y mentira de los representantes de la OEA no tienen límites; Luis Almagro, su presidente, destacó en su discurso de instalación de la 49 Asamblea en Medellín la importancia de la “sociedad civil”: “Ustedes son los que nos sostienen”. Una mentira que los mismos miembros de organizaciones sociales invitados al evento tuvieron que desmentir, ya que el espacio que se les dio para participar no solo no fue suficiente sino que los temas que plantearon no fueron tenidos en cuenta en la discusión de los países miembros. Inclusive a muchos ni siquiera se les permitió el ingreso aun estando acreditados al evento. Por eso las denuncias frente al asesinato sistemático de dirigentes sociales y defensores de derechos humanos en Colombia a manos de militares y paramilitares en beneficio de los grandes capitalistas y monopolios, solo recibieron de la Asamblea el silencio. La OEA solo busca maquillar sus reuniones y asambleas, en donde se adelantan preparativos de intervención militar sobre Venezuela, haciéndolas aparecer en “beneficio de la sociedad civil”, una estrategia publicitaria para la manipulación mediática.

Nicaragua también fue tema de “ardua discusión” en la OEA, un asunto orientado bajo la misma “ruta de navegación” que Venezuela; denuncia del régimen y necesidad de intervenirlo para imponer otro gobierno más proclive al imperialismo estadounidense. Las pretendidas ayudas de la OEA al pueblo venezolano y nicaragüense se desmoronan y dejan ver el trasfondo de sus verdaderas intenciones, ya que frente a países como Haití y Honduras donde existen crisis sociales y humanitarias peores que en Venezuela y Nicaragua, no solo la OEA se abstiene de enviar “ayudas humanitarias” sino que guarda un silencio absoluto; en esos países la rebeldía popular de las masas se enfrenta en las calles en contra de sus respectivos gobiernos, que son socios a la vez de la OEA. Las verdaderas intenciones del imperialismo yanqui sobre Venezuela y Nicaragua son sus recursos, su mano de obra barata y su lucha contra el imperialismo asiático y europeo, una pugna por un mejor posicionamiento y agrupación de fuerzas para una futura Tercera Guerra Mundial.

Después de la proclamación de la lucha contra el terrorismo bajo el gobierno del genocida Bush, ninguna de las “intervenciones humanitarias, por la paz y la democracia” que adelantó el imperialismo yanqui trajo consigo un grano de humanidad, paz y democracia para los pueblos invadidos y saqueados militarmente; basta ver qué fue de Afganistán, Iraq, Libia y Siria tras las “bondadosas” ayudas de EE.UU. Dichos países fueron destruidos, sus pueblos masacrados de mil formas, sus recursos saqueados, sus mujeres y niños violados por los mismos soldados norteamericanos, su economía arruinada y los sobrevivientes reducidos al hambre y la miseria.

La crisis social en Venezuela, Nicaragua, Haití y los demás países centroamericanos hace parte de la misma crisis que afronta el sistema imperialista mundial que se descompone y agoniza. Igualmente, los países del llamado Socialismo del Siglo XXI y sus afines no escapan a dicha crisis, por ser países insertos en la esfera del capital y de los monopolios. El Socialismo del Siglo XXI es en realidad reformismo burgués que se alza para tratar de paliar las consecuencias sociales del imperialismo sin acabar de raíz con las causas que la generan, o mejor dicho en palabras de Federico Engels: “La característica esencial del socialismo burgués es que pretende conservar la base de todos los males de la sociedad presente, queriendo al mismo tiempo poner fin a esos males”.

Las masas en el mundo no cuentan con salvadores supremos, ni con imperialistas buenos ni capitalismo humanitario; muy al contrario, el mundo atraviesa por un periodo de descomposición y agonía del sistema imperialista mundial y hoy el proletariado, la clase más numerosa y revolucionaria de la historia, nunca antes tuvo una oportunidad tan clara y objetivamente estuvo tan favorecida para sepultar dicho sistema con la Revolución Proletaria Mundial.

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