“Revolcón en la Policía Nacional”, Más Terror Estatal Contra el Pueblo

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“Revolcón en la Policía Nacional”, Más Terror Estatal Contra el Pueblo 1

Hace unos días presentaron con bombos y platillos el llamado “revolcón” en la Policía Nacional. La prensa oficial presentó principalmente el cambio de los uniformes; el Ministro de Defensa, Diego Molano y el actual General de la Policía Jorge Luis Vargas mostraron una reestructuración que pretende exhibir una institución más eficiente contra la criminalidad, supuestamente formada en el respeto de los derechos humanos y unos incentivos económicos y asensos para sus huestes.

Uno de los sistemas que mejor ha perfeccionado el maquillaje de la realidad es el capitalismo, por tanto, siempre es necesario escrudiñar detrás de las frases de democracia, libertad, derechos humanos, paz, etc., lo que en verdad dicen los de arriba a través de sus representantes en el Estado y de sus medios masivos de comunicación.

Lo primero que se debe advertir es que el abuso policial se ha incrementado en el último tiempo, precisamente en el que todos los Estados decidieron atender la pandemia con medidas restrictivas, lo que ha generado, según un informe de la Organización Mundial contra la Tortura, el aumento de la violencia policial en el mundo, y en Colombia ha sido de tal magnitud, que originó el levantamiento contra los CAI el 9 y 10 de septiembre. Ante este hecho, tanto el pueblo como las fuerzas represivas aprendieron algunas lecciones, y era claro que el enemigo de clase no se iba a quedar quieto.

La reestructuración la presentaron como una mejora para que la policía atienda con eficacia la criminalidad que ha ido en aumento; apenas lógico después de ser despedidos tres millones de trabajadores, de impedirle al pueblo vivir del “rebusque”, de bajar los salarios… mientras aumentó el precio de la comida, los servicios públicos, los peajes, etc. Según el ministro y el general con los nuevos uniformes se facilitará el trabajo de los policías, por su comodidad y porque es más fácil portar los bolillos modernos retráctiles, el taser (una de las armas con la que mataron a Javier Ordoñez) y otras armas “no letales”.

La pregunta es, ¿por qué a lo primero que recurren para combatir la criminalidad es a reforzar las fuerzas represivas del Estado? Porque en realidad no les importa acabar con el hurto, el asesinato, la extorsión, el microtráfico, la explotación sexual de niños…, pues por un lado, son producto del sistema económico de explotación que ellos protegen y, por otro, porque una buena parte de las bandas criminales son de la misma policía.

Lo que en realidad buscan con la modificación de los uniformes, así sean más visibles los nombres de los agentes, la placa y las patrullas, medidas de las cuales estarán contentos los que creen que se puede democratizar el pilar central del Estado burgués, es reprimir al pueblo que se levante, que luche, que se insubordine. Alegarán que van a tener mayor cátedra de derechos humanos y que incluso su asenso dependerá de su buen comportamiento, todo eso se lo pasarán por la faja, porque están amparados en un principio fundamental consagrado en la Constitución Política: la protección y garantía de la propiedad privada y por encima de eso no ha ni dios ni ley. A eso se refería el general Plazas Vega cuando dijo, mientras bombardeaba y asesinaba a los ocupantes del Palacio de Justicia: “aquí defendiendo la democracia, maestro”.

En cuanto a los incentivos que les van a dar a los patrulleros, hace parte de mantener a sus huestes cebadas, pues en el seno de ellos tienen divisiones; una de ellas es que la inmensa mayoría de los que la componen proceden de la clase obrera y de los campesinos, que viven cotidianamente la misma situación de todo el pueblo; otra, son las mismas divisiones clasistas y jerárquicas que la institución tiene, en la que como en cualquier empresa, las posibilidades de ascenso y por consiguiente de mejor salario no son para todo el mundo. Para garantizar el mayor control requieren unas fuerzas represivas unidas.

En cuanto a los otros puntos de la tal reestructuración, son meras formalidades: un mayor código disciplinario, agilidad en los trámites de procesos de abuso policial que están ¡colapsados!, lo que puede entenderse como mayor impunidad; ¡ah! y las cámaras de cuerpo que tendrá cada policía en su uniforme que se “activarán” para cualquier procedimiento policial.

En esencia, aunque muestren una reestructuración que beneficiará a los ciudadanos, continuará el terror estatal, pues saben que se incrementará la lucha popular, la lucha callejera, ya que existen motivos suficientes, y se están preparando para esas batallas. En ese sentido el pueblo debe preparase para enfrentar el terrorismo de Estado, las ilusiones en que las fuerzas militares respeten los derechos humanos es un sofisma que solo se lo creen los cretinos socialdemócratas. La preparación de los grupos de choque, las guardias obrero populares, el entrenamiento de los jóvenes, el conocimiento de las leyes de la insurrección deben ponerse al orden del día. Al terror estatal hay que responderle con la lucha revolucionaria de masas.

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