Rechazamos la posible invasión yanqui a Venezuela

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Rechazamos la posible invasión yanqui a Venezuela 1

Entre el 9 y 10 de marzo de 2020, las fuerzas armadas venezolanas pusieron en marcha el llamado “Ejercicio Militar Escudo Bolivariano II 2020”, un despliegue de fuerzas en distintas zonas del país y sobre todo a lo largo de la frontera con Colombia. “Garantizar la Paz y la Soberanía” son las banderas que han enarbolado desde el gobierno de Nicolás Maduro para continuar con esta campaña armamentista que busca mostrarle al mundo, y sobre todo a Estados Unidos y Colombia, que tienen la capacidad para enfrentar cualquier intervención militar que se esté planeando desde El Pentágono.

Por su parte, desde el mismo 9 de marzo, fuerzas conjuntas de los ejércitos de Colombia y Estados Unidos desarrollaron en la Guajira, lo que llaman “´Ejercicio Vita´, entrenamiento combinado –de militar a militar-” En este caso, no lo reconocen como ejercicios militares para posibles enfrentamientos armados, sino como supuestas jornadas de capacitación entre los dos ejércitos para “operaciones estratégicas, médicas y tácticas, fortaleciendo sus competencias y preparándolos para responder y reaccionar de manera asociada ante desastres humanitarios”, según un informe de la Cancillería colombiana.

Las tensiones entre Colombia y Venezuela no son nuevas, como tampoco lo es la posibilidad de que se pueda desencadenar una guerra de grandes proporciones entre los dos países; sin exagerar, todo pende de un hilo, y la cuchilla que puede cortarlo está sin duda alguna en el centro de poder de los Estados Unidos, quienes no pueden ver con buenos ojos que otros países imperialistas sigan ganando terreno en su histórico “patio trasero”, como han tratado a todos los países de Centro y Suramérica desde hace muchas décadas. Los cuentos de buscar derrocar la dictadura de Maduro en Venezuela y de “reconquistar” una supuesta “democracia perdida” son solo una cortina de humo para esconder lo que les duele a los gringos en realidad; y es que el gobierno de Venezuela haya resquebrajado el poder omnímodo yanqui en ese país, abriéndole las puertas al poder de los rusos y los chinos y con ello, le hayan aumentado el boquete a la hegemonía yanqui en la región. Otro gallo cantaría si Maduro se hubiera vuelto abiertamente pro-yanqui y se hubiera divorciado del poder de Oriente.

Por su parte, el gobierno de Colombia, en una refrendación de sumisión absoluta y abyecta a su amo y socio del norte, no tiene ningún pudor para obedecer mansamente y dejar que las tropas asesinas gringas vengan a ejercer su poder y, convertir a Colombia en portaaviones para alistar sus ráfagas de muerte contra el pueblo de Venezuela. La sed de sangre de todos los imperialistas, del Norte, de Asia, de Europa, no tiene forma de saciarse; por todo el mundo van sembrando la muerte y la destrucción, llevando consigo todas las porquerías que una guerra reaccionaria trae como consecuencia; y para el caso, no es sino mirar a Siria, Afganistán, Irak, Somalia, Turquía, Ucrania, Yemen, etc.; donde queda claramente graficado todo lo que hacen estos asesinos por disputarse el control del mundo.

Nadie, con un mínimo sentido de defensa de los intereses del pueblo, debe salir a justificar la posible intervención militar en el territorio venezolano, como tampoco ponerse del lado de Maduro para defender su gobierno que es, además de pro-imperialista ruso, un azote para la mayoría del pueblo de Venezuela, a quienes tiene en profundos niveles de miseria, y a una buena parte deambulando como parias por distintos países sobre todo de Centro y Suramérica.

Para muchos demócratas, incluso para algunos revolucionarios, les es inadmisible que se condene al gobierno de Venezuela, por el hecho de estar ante un posible ataque militar de los gringos. Dicha postura surge de la errónea idea de que los Estados Unidos son el “enemigo #1” del mundo, y por ende, todo lo que les suene “antiyanqui” debe ser apoyado sin restricciones, lo cual es una terrible equivocación, ya que le salva el pellejo a otros no menos asesinos y reaccionarios países imperialistas y a ejércitos asesinos de la talla de los talibanes; incluso, para no ir tan lejos, en Colombia habría que ponerse del lado de sectores hasta de la talla de algunos paramilitares que han levantado sus voces en contra de los Estados Unidos. Pero volviendo al caso de Venezuela, si se llegara a dar el caso de una intervención militar, según esta postura política, habría que llamar a movilizarse militarmente en defensa del gobierno de Nicolás Maduro.

O la revolución impide la guerra, o la guerra desata la revolución; es la postura correcta frente a una posible intervención militar, caso en el cual, no es correcto ver solo la posibilidad de los “2 bandos”. Para el pueblo de Colombia, habría que llamarlo con toda firmeza y contundencia a no sumarse a las filas de ninguno de los dos bandos en disputa, a condenar la participación y a movilizarse contra la guerra y por desterrar a las fuerzas militares extranjeras del territorio colombiano; y, al pueblo de Venezuela, a convertir la guerra reaccionaria en Guerra Popular revolucionaria; es decir, a derrotar y desterrar las fuerzas invasoras, a romper el vínculo umbilical con otros poderes y fuerzas armadas imperialistas y a derrocar con el pueblo en armas al poder burgués lacayo de Maduro, destruir el Estado reaccionario que ha mantenido el falso “socialismo del siglo XXI” y construir el poder armado de obreros y campesinos, para darle rienda suelta a la construcción de una verdadera patria socialista y hondear con toda fuerza la bandera de la Revolución Proletaria Mundial.

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