Pasar De Un Día De Movilizaciones Al Paro General Indefinido

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La Minga del suroccidente llegó a Bogotá el 18 de octubre, luego de hacer un largo recorrido desde el Cauca, de donde salió el 10 del mismo mes. Los motivos de esta grande y ejemplar movilización, expresados por sus dirigentes fueron: “Marchamos porque nos están matando”«La vida no tiene precio, la vida no se negocia, la dignidad del pueblo no se negocia, el territorio no se negocia».

Recorrieron calles y carreteras protestando contra las masacres, desplazamientos, asesinatos de campesinos y comunidades negras e indígenas; contra la criminalización de la protesta, la militarización de sus territorios y la presencia de grupos “ilegales”; contra la megaminería, el ‘fracking’ y para que suspendan las concesiones mineras, pues los títulos otorgados por la ANLA (institución del Estado burgués) a las grandes empresas explotadoras, se están imponiendo en todo el territorio; exigen el cumplimiento de los acuerdos de paz y los acuerdos hechos en la Minga anterior; la aplicación de la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos y no a la aspersión con glifosato, denunciando la terrible situación de las familias que desde el 2017 se acogieron al programa y están aguantando hambre, porque el Estado no les ha cumplido con nada.

A pesar del señalamiento y estigmatización a la Minga por parte del gobierno uribista de Duque, la Minga cumplió el objetivo de llegar a Bogotá, esperando que este los recibiera para saber cuáles eran las “garantías” del Estado a su levantamiento. Precisamente otro motivo de su lucha fue por la defensa de la movilización, vulnerada con los protocolos, el Código de policía y la inversión millonaria para fortalecer todo el aparato represivo del Estado.

Como era de esperarse, el títere Duque no quiso hablar con ellos, por lo cual los indígenas procedieron a hacerle un juicio político por “el incumplimiento a sus deberes como presidente y garante de los derechos de las comunidades.” Y con la Sentencia 01 del 19 de octubre de 2020, “lo declaran responsable de vulnerar los derechos milenarios y constitucionales de los pueblos indígenas, afro y campesinos”.

Los compañeros regresaron a su lugar de origen, luego de participar en la movilización del 21 de octubre, pues como ellos mismos declararon: la Minga es de todo el pueblo, no solo de indígenas; y por eso comprenden que los derechos de las masas han sido quebrantados y arrebatados para enriquecer cada día más a los parásitos ricachones del campo y la ciudad. Es de exaltar el trabajo, organización, combatividad, ejemplo y gran esfuerzo de la Minga por defender sus derechos; su paso por las diferentes ciudades ganó en todo lugar un gran reconocimiento.

Y si bien cumplieron uno de sus principales objetivos, hacerle un juicio político a Duque, hay que ir más allá; al final de cuentas es un simple títere manejado por la mafia uribista al servicio de los explotadores del país y del imperialismo para hacer cumplir sus preceptos a costa de la sobreexplotación, opresión y represión de los obreros y todo el pueblo trabajador. Al gobierno de Duque, o a cualquier gobierno, se le exige y obliga a negociar en terrenos de las masas en lucha, en las calles, con la unidad, organización independiente; en estos momentos, con la Huelga Política de Masas o Paro General Indefinido; ese es el mejor juicio político, que más que a Duque, es a los explotadores y a su Estado.

Precisamente hacia allá avanza la lucha, hacia una gran Huelga Política de Masas; es el camino por el que vienen andando hace rato y que se manifestó de forma magnífica el 21 y 22 de noviembre de 2019 y se mantuvo incluso hasta comienzos de 2020, cuando algunos factores la aplacaron y detuvieron temporalmente, en esa frenada tuvieron un papel claro las direcciones burócratas de las Centrales sindicales a través del Comité Nacional de Paro, que como era de esperarse, actuaron como bomberos para apagar la llama de la lucha de masas; por otra parte el Estado se aprovechó hábilmente de la llegada de la COVID-19, para encerrar al pueblo y así decretar una lluvia de medidas en beneficio de los burgueses, terratenientes e imperialistas.

Pero con el paso de los meses la rebeldía de los explotados creció también, se potencializó mucho más en medio de la encerrona; han retomado las calles con mayor radicalidad y combatividad, porque los problemas crecieron y abarcan ahora a muchos miles más. Las masas están retomando su iniciativa, creatividad y autonomía para salir masivamente a las calles sin contar con las direcciones traidoras y vendeobreras. Su indignación contra el terrorismo de Estado y todas las medidas impuestas por los enemigos del pueblo, se ha manifestado de diferentes formas; son las masas quienes han tomado la decisión, han salido a las calles y claman por un paro de verdad con una dirección correcta, porque no se sienten representadas en el mal llamado “Comité Nacional de Paro”.

Los directivos de las Centrales sindicales, reactivan una y otra vez su comité de bolsillo, salen a la luz obligados por la presión de los explotados y oprimidos, y utilizan sus aparatos para posar de convocantes al “paro” del 21 de octubre pero no trabajaron realmente por él. Hacen reuniones previas con diferentes organizaciones supuestamente buscando la “unidad” y escuchando propuestas de cómo preparar ese “paro”; pero como siempre, terminan haciendo lo que les da la gana, utilizan al pueblo pero toman las decisiones en su contra, ya todo lo tienen amarrado para desmovilizar; además que la languidez es su método predilecto a la hora de dirigirse al pueblo, a los luchadores.

Efectivamente, el 21 de octubre fue una gran marcha nacional, miles salieron a las calles dispuestos a confrontar al gobierno y sus medidas reaccionarias; pero los directivos de las Centrales volvieron a hacer de las suyas, se pusieron al frente para tomarse las tarimas a decir sus discursos abrogándose ser los responsables del levantamiento de las masas y nuevamente, prometiendo otra gran jornada para el 21 de noviembre, es decir, más de lo mismo.

Conquistar significativas reivindicaciones para el pueblo, está única y exclusivamente en manos de los explotados y oprimidos del planeta. Para avanzar hacia allá se necesita hoy en Colombia, la preparación y realización de un Paro General Indefinido que inicie cuanto antes, que bien podría ser el próximo 21 de noviembre, conmemorando las grandes luchas del año anterior; ese día no puede ser para que las camarillas sindicales y jefes reformistas lo tomen de nuevo como un jornada más y sigan obstruyendo el estallido social de las masas que enfrentará a los explotadores y su Estado, con Duque hoy a la cabeza; no para presionar que este títere se vaya porque eso no soluciona nada, es para tocarlos donde más les duele, las ganancias, y obligarlos a echar atrás todas las medidas antiobreras y antipopulares; y de paso, acumular fuerzas y experiencias hacia una lucha más noble y poderosa capaz de abolir la opresión del hombre por el hombre.

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