NO SON LOS «FUMONES» Y ROCKEROS EL PELIGRO PARA LA SOCIEDAD

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NO SON LOS "FUMONES" Y ROCKEROS EL PELIGRO PARA LA SOCIEDAD 1

A pocos días de suspender un concierto de rock–metal en Bogotá, el presidente firmó el decreto que permite el decomiso de la dosis mínima de sustancias prohibidas. Dice Duque que «…los colombianos no pueden sentirse cómodos, ni mucho menos tolerantes» ante el incremento del consumo de drogas en el país; una problemática que el títere de la mafia puso como agravante de la salud pública y un gran «precursor de muchos caminos de criminalidad». Así mismo, el concejal de la familia –como se hace llamar- Marco Fidel Ramírez, armó tremendo escándalo por la presentación de una banda de metal en Bogotá, con el argumento de que era satánica y seguramente venía a corromper a los jóvenes y a las «familias de bien» de la capital.

¡Qué preocupados están los ilustres dirigentes del país, por los valores de la sociedad! Tanto, que calladitos se quedan frente a los miles de hectáreas de cultivos ilícitos y al negocio del narcotráfico que sin ningún escrúpulo mantienen con el apoyo del Estado, hoy precisamente representado por el sector mafioso del uribismo. Qué convenientes son los dirigentes ilustres que al reprimir la dosis mínima aumentan las ganancias de los grandes narcotraficantes al encarecer la mercancía, a la vez que atizan la guerra entre las bandas (entre ellas la policía) por el control del micro-tráfico. Qué bien cumple Duque su papel de títere, aprobando todo cuanto favorece a sus jefes mafiosos y sus obscuros negocios. Qué audaces estos «padres de la patria» para imponer sus decretos y leyes a favor del bolsillo de la clase que representan y criminalizar la juventud.

Pero además, la gran preocupación demostrada por estos dirigentes como el concejal de la familia, al «impedir» la «satanización de la juventud con música diabólica», no es más que una patraña para reprimir todo género musical que se oponga al orden establecido por los ricos; en el caso del rock, éste ha sido uno de los géneros más críticos del sistema capitalista de miseria para los pueblos del mundo, de los políticos corruptos e inservibles, del Estado represor, de la iglesia y su dominio ideológico, para garantizar el sometimiento de los jóvenes y del pueblo en general a los representante de los poderosos. No por nada varios rockeros y bandas han sido perseguidas por la secta reaccionaria del Opus Dei y por la mafia aquí en Colombia.

¡Hipócritas! Los supuestos representantes de la familia colombiana y el títere presidente con sus alegatos y medidas, pues no pretenden proteger a los jóvenes, ni mucho menos preservar los valores del pueblo, por el contrario quieren restringir la libertad conquistada por el pueblo con su sangre, impedir la difusión de las ideas de avanzada y convertir a la juventud en un redil obediente de normas retrógradas y absurdas. ¡Hipócritas! Porque no les interesa la vida de los niños y jóvenes del pueblo cercados por hambre, torturados, violados y asesinados incluso por miembros de las mismas instituciones del Estado; no les importa la vida de los jóvenes que ante la falta de oportunidades, perseguidos y criminalizados por el Estado encuentran en las drogas un escapa a su vida miserable; tampoco les importan las miles de mujeres empujadas a la prostitución por la miseria, ni las que son golpeadas a diario, violadas o asesinadas, producto de la degradación general de su asquerosa sociedad y su ideología reaccionaria que infunde la creencia de que las mujeres son una mercancía o un objeto disponible para los deseos de los hombres. ¡Hipócritas! Pues mientras hablan de la libertad individual y del derecho al libre desarrollo de la personalidad, persiguen a quien piensa distinto y vulneran la supuesta libertad consagrada en su Constitución.

El «precursor de muchos caminos de criminalidad» no son los drogadictos, es el Estado burgués que defiende a sangre y fuego la explotación y el enriquecimiento de los parásitos capitalistas, dueños y beneficiarios del negocio de las drogas; por eso «…los colombianos no pueden sentirse cómodos, ni mucho menos tolerantes» con el Estado compuesto por una banda de criminales mafiosos, parapolíticos y usurpadores de tierras; de ladrones de cuello blanco, serrucheros y chanchulleros; de cerebros y ejecutores del asesinato de dirigentes del pueblo, de masacres y de los llamados falsos positivos…

El pueblo colombiano no debe dejarse confundir con las anacrónicas ideas de los representantes de la explotación y la podredumbre, no solo por su doble moral e hipocresía, sino porque quieren aplastar todo brote de inconformidad o disidencia. Si el pueblo se deja imponer medidas como la prohibición de la dosis mínima y la censura de la música, los gobernantes le impedirán levantar la cabeza y rebelarse contra la voraz explotación y la feroz opresión que piensan incrementar para imponer las reformas antiobreras que empeorarán las condiciones de vida los trabajadores y de la sociedad en general en beneficio de un puñado de ricos holgazanes y sus socios imperialistas. Si el pueblo y sobre todo su juventud no se levantan ahora, nublarán su horizonte y su responsabilidad de destruir el Estado hipócrita, corrupto, inservible y retrógrado que hoy solo sirve para defender los intereses de sus enemigos.

¡No son los consumidores de droga, ni los rockeros el peligro para la sociedad, el peligro es el Estado burgués terrateniente y proimperialista defensor del infierno de la explotación asalariada!

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