No Habrá Solución Para los Campesinos Bajo el Capitalismo

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No Habrá Solución Para los Campesinos Bajo el Capitalismo 1
El Valle del Cauca, que ya está repartido, es una muestra de lo que será en el resto del país. Luego de las abundantes e inhumanas masacres perpetradas por el Estado en alianza con paramilitares, la mayor parte de las tierras indígenas de la región fueron repartidas entre unas pocas familias. Y esas familias, aun detentan el poder político. En cambio, mientras en diciembre de 1991, 20 indígenas que habían entrado a invadir la Hacienda El Nilo para “recuperar la tierra”, fueron asesinados. En esa masacre participó la Policía Nacional, según lo confesó después el Estado colombiano ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y al momento no hay capturas de ningún mando policial por tal crimen, pero en cambio sí se dictó 18 años de cárcel para el dirigente indígena Feliciano Valencia por el supuesto secuestro de un esbirro infiltrado del régimen en el seno de las movilizaciones de la comunidad. Esa es la visión que tienen las clases dominantes de quienes producen los alimentos y esa es la verdadera cara de la justicia en Colombia para los campesinos y las minorías indígenas. Esta es la democracia que existe en Colombia: ¡dictadura contra el pueblo laborioso!

Al 2016, el 53 por ciento de la tierra aprovechable en Colombia estaba en manos de 2.300 personas. Y aun cuando la pequeña burguesía se encarga de sembrar ilusiones en la pequeña propiedad y en las Zonas de Reserva Campesina producto del nuevo acuerdo de paz, la situación no cambiará, porque éste es un acuerdo entre despojadores para legalizar las tierras usurpadas y legitimar la propiedad de los grandes propietarios.

Colombia tiene una de las más altas concentraciones de las tierras en manos privadas: ¡el 41 % de los 113 millones de hectáreas de uso agrícola está en manos del 0,4 % de propietarios! La concentración de la tierra ha crecido de manera sostenida en los últimos 55 años, mostrando que el despojo de los pobres del campo es una política sistemática de las clases dominantes y una condena de las leyes propias del sistema de explotación asalariada, que exige la acumulación y concentración de todo el capital y la tierra. Un ejemplo de la concentración de la tierra son los ganaderos que tienen más de 40 millones de hectáreas, cuando sus ganados podían pastar perfectamente en 23, pero el Estado y el nuevo acuerdo con los jefes de las Farc les respetará la tierra arrebatada a los campesinos pobres y medios.

No es posible una solución capitalista para el campo colombiano, porque la renta capitalista de la tierra, basada en la explotación asalariada y en la inversión sucesiva de capital en la tierra, conllevan el despojo de la pequeña y mediana propiedad, el despoblamiento del campo y la destrucción de la naturaleza. De ahí que el acuerdo de paz entre el gobierno y los jefes de las Farc no revertirá la tendencia a la concentración de la tierra y el despojo de los campesinos, por cuanto tal acuerdo solo adecua las condiciones para dar un nuevo impulso al desarrollo del capitalismo en el campo, a cuenta de legalizar el despojo y de amarrar a una parte del campesinado a la tierra para abastecer de mano de obra barata las nuevas plantaciones agroindustriales, bien sea a través de las Zonas de Reserva Campesina o de los llamados “proyectos asociativos” o de la entrega de una porción de tierra mediante las llamadas Unidades Agrícolas Familiares (UAF), formas todas calculadas para que las familias campesinas se vean obligadas a redondear el salario vendiendo su fuerza de trabajo en las grandes explotaciones.

Los campesinos, semiproletarios y desplazados deben oponerse al despojo mediante la lucha revolucionaria como lo enseñan los hermanos indígenas en el Cauca; es decir, con la unidad y la lucha por recuperar las tierras que les han sido arrebatadas, sin esperanzarse ni confiar en el acuerdo que no traerá la paz, ni en los gobernantes y politiqueros que durante décadas han prometido soluciones en época de elecciones; confiando sí en sus hermanos que también sufren la explotación y la opresión de burgueses, terratenientes e imperialistas, los obreros que han apoyado su lucha, se han solidarizado con los desplazados y se oponen al descarado acuerdo que legaliza el despojo, así como a la destrucción de la naturaleza por los grandes monopolios.

Además, los campesinos, semiproletarios y desplazados deben pensar en el futuro y desechar las ilusiones que pretenden devolver la rueda de la historia y buscar la solución del problema del agro en la producción individual y dispersa del pequeño campesino. Ya el capitalismo despojó a la inmensa mayoría de los trabajadores en Colombia, dejando más de 30 millones de proletarios concentrados principalmente en las grandes ciudades, con 5 millones de personas en el campo donde un alto porcentaje de ellas son asalariadas, mientras el resto posee pequeñas parcelas a las que se aferran como semiproletarios vendiendo su fuerza de trabajo durante la mayor parte del año a los medianos y grandes dueños de la tierra. La solución de raíz al problema agrario en Colombia es una revolución que nacionalice toda la tierra y la devuelva a los trabajadores asociados. Los campesinos, semiproletarios y desplazados del campo, tienen en el programa socialista para la revolución en Colombia, la mejor representación de sus intereses futuros.

Tanto la gran propiedad como la pequeña, características de la agricultura en Colombia, impiden el desarrollo de una agricultura racional. Por eso es reaccionario que los capitalistas culpen a los pequeños y medianos campesinos del atraso del agro colombiano, con la mentira de que ellos se oponen al desarrollo agrícola industrial, cuando son los grandes tiburones capitalistas, los principales responsables del atraso del campo y de la destrucción de la naturaleza, porque el interés de la ganancia los ha llevado, no solo a arrebatar a sangre y fuego las tierras de los pobres del campo, sino además a reemplazar la producción de alimentos por materias primas para la producción de combustibles y sicotrópicos.

La pretendida bonanza agroindustrial que prometen sacará al país de la crisis económica, solo dejará más pobreza, envenenamiento de ríos, sequía de cuencas y esterilización de la tierra. Pero si el proletariado tuviese el poder esto no sucedería, porque bajo el socialismo, como lo mostró por ejemplo la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, para el año 1938 producía la tercera parte del total del trigo, la mitad de la producción mundial de avena, y el 80% de la producción mundial de centeno, además de ocupar el primer lugar en la producción de azúcar de remolacha. Y esto no es un dato de menor cuantía, pues antes de la revolución de 1917 prácticamente no había agricultura en el imperio zarista y los trabajadores morían de hambre por miles.

El caso de la agricultura y alimentación en China socialista es aún más diciente, por ser este un país más atrasado todavía, sometido al opio y reprimido brutalmente por las potencias imperialistas de todas las latitudes hasta 1949. Allí la Revolución Socialista dirigida por el proletariado, la agricultura aumentó un 3% al año, en la misma proporción que la población. Hoy bajo el yugo de los nuevos mandarines chinos que restauraron el capitalismo, se castiga con superexplotación tener más hijos y la agricultura está sometida a la ciudad, al punto que han tenido que resolver el problema implantando una agroindustria imperialista en continentes como África.

Hacia 1970 China podía producir y distribuir los alimentos necesarios para evitar la hambruna y la desnutrición. Eso se logró por medio de un sistema de planificación centralizada que dirigía los recursos industriales a servir a la agricultura; un sistema de agricultura colectiva que promovía la movilización de base; control de inundaciones; inversión constante en la infraestructura rural, y distribución equitativa de alimentos a los campesinos para garantizar la canasta básica a todo el mundo. Hoy cerca de mil millones de personas sufren de desnutrición y hambruna en todo el mundo, pero esto no lo resolverá el imperialismo, porque lo que está al mando es la ganancia frente a la cual, no cuenta el propósito humanista de invertir para resolver el hambre en todo el orbe.

Compañeros obreros y hermanos campesinos: ¡Solo el socialismo puede resolver definitivamente el atraso del agro colombiano y equilibrar las relaciones con la naturaleza!

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