¡NO A LA GUERRA ENTRE PUEBLOS HERMANOS!

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¡NO A LA GUERRA ENTRE PUEBLOS HERMANOS! 1

Es un secreto a voces que en sus preparativos para una nueva guerra mundial Estados Unidos tiene como objetivo inmediato contrarrestar la progresiva presencia de Rusia y China en América Latina y el Caribe, cuyas inversiones durante los últimos años han crecido drásticamente, a la par con los tratados bilaterales, entre ellos los militares, estos últimos, especialmente entre Rusia y Venezuela.

En el documento de la XI Asamblea de la Unión Obrera comunista (mlm) Situación Actual Táctica Revolucionaria y Tareas de los Comunistas se dice: «La crisis política de Venezuela que muestra en primer plano una lucha inter-burguesa, no es ajena a las contradicciones inter-imperialistas, puesto que es el país con las mayores reservas de petróleo en el planeta, y aunque tradicionalmente ha sido de la esfera de dominación semicolonial del imperialismo de EU, durante el régimen chavista también ha sido fuertemente franqueado por los intereses económicos, políticos y militares de los imperialistas de Europa y de Asia, principalmente de Rusia y China”.

Pues bien, los tira y afloje alrededor de la participación de Maduro en la próxima «Cumbre de las Américas» a realizarse en abril en Perú, el anuncio de la presencia de Trump en ella y de su posterior visita a Colombia, no tienen otro fin que orquestar con sus aliados y lacayos, la reaccionaria intervención imperialista para «poner orden en Venezuela». La Cumbre es la culminación de las maniobras urdidas por Estados Unidos para aislar el régimen de Maduro y solicitar carta blanca a la intervención militar ante el fracaso de las intentonas de imponer un régimen fiel a sus intereses allí.

La guerra que preparan es la continuación de la política por otros medios, a la vez que la política es la expresión concentrada de la economía; en tal sentido, las causas de la guerra que preparan no es la «falta de democracia» o el «desorden», ni mucho menos la «preocupación humanista» de los imperialistas yanquis, sino los intereses económicos en juego.

Los discursos antimperialistas de Maduro y sus seguidores no les impiden seguir exportando a Estados Unidos la mayoría del petróleo producido y del que depende la economía venezolana; como tampoco les limita ampliar sus negocios con Rusia y China que se han disparado en los últimos años; según artículo de octubre de 2017 del portal Misión Verdad:

«Venezuela es el primer destino latinoamericano de inversiones chinas. Desde el año 2001 se han desarrollado casi 800 proyectos de cooperación que han permitido el desarrollo de áreas estratégicas como energía, petróleo, educación, salud, tecnología, comercio, agroindustria, agricultura, infraestructura, industria, cultura y deportes. Para 2013 el comercio bilateral había aumentado 13 mil 714 veces al pasar de 1,4 millones de dólares en 1974 a 19 mil 200 millones de dólares.

«Rusia cuenta con importantes inversiones en la Faja Petrolífera del Orinoco a través de la empresa Rosneft que se consolidaron y serán aumentadas luego del encuentro entre los presidentes Maduro y Putin en Moscú a comienzos de octubre. Asimismo aumentaría la cooperación agrícola mediante la puesta en marcha de plantas procesadoras de alimentos de tecnología avanzada.

«La cooperación militar involucra más de 11 mil millones de dólares en distintos sistemas de misiles, de defensa, tierra a tierra, tierra a aire, sistemas de artillería, de defensa antiaérea, fusiles, helicópteros, aviones de combate y equipamiento logístico. El intercambio comercial entre ambos países llegó a su punto máximo en 2013, cuando alcanzó 2 mil 450 millones de dólares.» (Ver Rusia y China ponen freno a la opción militar de Trump en Venezuela).

Como se ve, el régimen de Maduro a pesar de su dependencia de Estados Unidos, cuenta con el respaldado de sus socios rusos y chinos que se sienten lo suficientemente fuertes para disputar la hegemonía que los yanquis han mantenido históricamente en la región. Tales son las razones de los preparativos de un nuevo frente de guerra que hipócritamente a nombre de «la democracia, la libertad y el orden» tiene como fondo la disputa entre países imperialistas.

¡Ya están listos para la guerra! Desde enero fueron movilizados tanques y efectivos del ejército colombiano a la frontera con Venezuela en Norte de Santander, al tiempo que militares brasileños hacían lo propio en la cuenca del Roraima, paso fronterizo de Brasil con Venezuela.

En febrero, Rex Tillerson —hasta hace unos días secretario de Estado de EU— hizo una gira por varios países, entre ellos Colombia. Seguidamente, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Kurt Tidd, se reunió en Colombia con Santos, el vicepresidente Naranjo, el ministro de defensa Villegas, y con funcionarios de las fuerzas militares; visitó las bases yanquis en el país y observó los movimientos de las tropas en la frontera con Venezuela.

Estos movimientos coinciden con otros de los imperialistas rusos y chinos. Las visitas de Tillerson y Tidd se presentan pocos días después de realizarse el «II Foro Ministerial China-CELAC» en Santiago de Chile, que políticamente significó el respaldo al régimen de Maduro y su triunfo al desbaratar la intentona golpista de la oposición venezolana. Una ratificación de las declaraciones de Rusia y China meses atrás, frente a las sanciones impuestas por Trump y sus lacayos a raíz de la Constituyente considerada ilegal por las fuerzas antichavistas.

Los gobiernos de Colombia y Venezuela están listos para lanzarse a una guerra donde los únicos beneficiarios serán los imperialistas yanquis, rusos y chinos, y las clases dominantes de ambos países. Preparan una carnicería donde serán los pueblos hermanos quienes pondrán los muertos.

Se lanzarán a una guerra que les permitirá a los explotadores y opresores desahogar su crisis económica, social y política, manifestación de la decrepitud de este sistema de expoliación, destrucción y muerte. Los preparativos de guerra confirman la tesis de Carlos Marx según la cual, la empresa más heroica que aún puede acometer la vieja sociedad burguesa es la guerra nacional o la guerra entre países; un artificio utilizado por los explotadores con el fin de aplazar la lucha de clases que ponga fin a su dominio.

Ni la burguesía colombiana y el imperialismo yanqui son mejores que la burguesía venezolana y los imperialistas rusos y chinos; todos son enemigos de los proletarios y pueblos del mundo. Tanto Colombia como Venezuela padecen una profunda crisis económica y social producto de la explotación capitalista y la dominación semicolonial imperialista. En ambos países, las clases dominantes se ceban con el sudor y la sangre del pueblo trabajador y bregan por sostener a flote su sistema moribundo y la putrefacción de sus instituciones. Esa es la razón por la cual los partidos de las clases dominantes, a pesar de su palabrería mentirosa a favor de la paz, apoyan la guerra.

Los representantes de la pequeña burguesía, los demócratas pequeñoburgueses defensores de la democracia (burguesa), condenan el régimen de Maduro, apoyan soterradamente la oposición y algunos llegan al colmo de pedir la intervención extranjera como lo hizo Claudia López hace unos meses. De presentarse la guerra, respaldarán a los imperialistas yanquis y a la burguesía colombiana. Por eso no es extraño su silencio cómplice frente a los preparativos de la guerra.

Por su parte, los jefes oportunistas se pronuncian en contra de guerra y de la intervención imperialista yanqui, pero guardan silencio frente a los intereses de los imperialistas rusos y chinos. Por su oposición a la violencia revolucionaria aconsejarán la paz a toda costa y tratarán de impedir que el proletariado aproveche la debilidad de sus enemigos para derribarlos.

Todos ellos, defensores de la esclavitud asalariada, enemigos de la lucha de clases y cuando más, reformistas, se opondrán rabiosamente a la iniciativa de los pueblos por sacudirse de la explotación y la opresión y terminarán respaldando la guerra reaccionaria que busca darle un respiro al sistema moribundo.

De ahí que los proletarios y los pueblos de Colombia y Venezuela deban desechar los odios nacionales y, por el contrario, unirse para impedir la matanza entre hermanos; y de presentarse la guerra, convertirla en guerra civil contra sus comunes enemigos.

Le corresponde al proletariado revolucionario enarbolar la bandera del internacionalismo, pugnar por marchar a la vanguardia y transformar la confrontación fratricida en guerra revolucionaria contra la burguesía, los terratenientes y sus socios imperialistas.

¡No a las reaccionarias guerras imperialistas!

¡Ningún apoyo popular a la burguesía imperialista y sus lacayos!

¡Todos los imperialistas son enemigos a muerte de los pueblos del mundo!

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