Medellín: Altavista y la parte alta de la Comuna 16 en Belén bajo guerra

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Comuna 13. Resistencia contra la guerra en Medellín
Resistencia contra la guerra en Medellín

Desde mediados del año pasado a la fecha de hoy, en Medellín van 3 guerras urbanas provocadas por las disputas mafiosas a través de sus “combos”. La primera de ellas fue en la Comuna 13, le siguió por un largo tiempo la aun no terminada guerra en Bello iniciada este año, para ahora desatarse otra hecatombe en Belén parte alta y Altavista.

Se puede considerar como fecha de inicio de esta guerra en la Comuna 16 la última semana de agosto, donde las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), manifestaron la intención de “retomar territorio perdido” en esa zona; un objetivo trazado en una zona donde había una “guerra fría” entre los Chivos y los Pájaros, dos combos de la región que ahora se encuentran en pleno apogeo de la guerra. Las AGC son una organización de orientación paramilitar, responsable de parte de la “limpieza social” en Bello, término que emplean para eliminar miembros activos de otros combos con la intención de adueñarse de zonas y dominar las plazas de droga. En Belén parte alta y Altavista, la guerra es por los mismos móviles: las jugosas ganancias del tráfico y comercialización de drogas y el dominio sobre el territorio a través de la extorsión y la vacuna; nadie se salva de dar su vacuna a la mafia, desde los pequeños tenderos, hasta los sencillos trabajadores quienes pagan por un celador, por dejar vehículos en las calles, o por comprar pipetas de gas.

Hasta ahora el Estado y su fuerza pública hace presencia en las zonas de disputa, maniobra para obligar a los combos a que se sienten a negociar la paz, “demostrando resultados” con algunas capturas, tal y como ocurrió en Bello donde todos los combos implicados se sentaron a firmar un pacto de fusil para “calmar” Bello; por un lado, por la guerra de desgaste entre ellos, como por otro la presión de la fuerza pública para que negocien, tal reunión al parecer se realizó en San Jerónimo, un pueblo cercano a Medellín y de donde salió un acuerdo entre ellos. Por el momento se tienen bastantes indicios que la fuerza pública está aliada con las AGC, ya que ninguna captura ni señalamiento se ha hecho, como tampoco está interesada en realizar operaciones “Orión” para erradicar los combos, como sí lo hizo en la Comuna 13 en octubre de 2002 con miembros de las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y la Fuerza Aérea, con el apoyo de grupos paramilitares para aplastar los brotes revolucionarios allí.

En esas guerras interurbanas, no solo paga la juventud implicada en esas organizaciones, a donde acuden como una forma de sobrevivir al desempleo y la falta de educación, sino también pagan los trabajadores para quienes la convivencia se convierte en una zozobra, en donde la muerte puede acechar por traspasar una “frontera invisible”, no pagar una vacuna o perecer en una “balacera repentina”. Por lo menos se conoce el desplazamiento de 5 familias de Altavista, de otro lado 4 jóvenes fueron desplazados forsozamente al negarse a empuñar las armas para los combos, una negativa que le costó la vida a otro joven la semana pasada.

Frente a semejante situación trágica y victimizante para las masas populares, por ningún lado se escuchan los “chillidos y lamentos” de la burguesía y sus medios por el reclutamiento forzado de menores, por el alarmante armamento y logística con que cuentan los combos para la guerra, un hecho que ayuda a esclarecer a las masas trabajadoras sobre la mentirosa paz de los ricos y el terrible infierno que es la sociedad capitalista.

La mafia es una manifestación de la descomposición del capital, una descomposición que trasciende fronteras a través de la articulación internacional de las mafias, pues los combos y las disidencias tienen vínculos con el tráfico de drogas con carteles mexicanos, sino también en el intercambio militar y logístico, un problema que en esta sociedad no tiene solución ni mucho menos algún tipo de control; por el contrario, la grave crisis social aumenta el lumpen, que a su vez es reclutado por las mafias. Solo la sepultura de este sistema moribundo con una revolución social que desarme a la mafia y la haga pagar en tribunales populares por sus crímenes, su reiterado envenenamiento y adicción de la población, será la única forma factible y eficaz, tal y como lo vienen haciendo las masas en Filipinas a través de la Guerra Popular, o como valientemente lo hicieron en el Perú el Partido Comunista del Perú – PCP y el Ejercito Guerrillero Popular – EGP, conocidos como Sendero Luminoso, donde se desarrolló no solo una Guerra Popular contra las reaccionarias clases dominantes, sino también contra la mafia. Tal será la única forma de combatir y acabar con las mafias no solo en Colombia sino en el Mundo entero.

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