La represión estatal se enfrenta con lucha y revolución

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La justicia por la muerte George, solo puede darse acabando con el Sistema

La represión estatal se enfrenta con lucha y revolución 1

Harris, uno de sus mejores amigos fue claro:

“La forma en que murió no tiene sentido, Él rogó por su vida. Él suplicó por su vida. Cuando te esfuerzas tanto en confiar en este sistema, un sistema que sabes que no está diseñado para ti, cuando buscas constantemente la justicia por medios legales y no puedes conseguirla, comienzas a tomar la ley en tus propias manos.»

El asesinato de George Floyd, el “gigante amable” como lo llamaban sus amigos, no es un caso aislado, no es simplemente la acción de un policía descarriado que se sobrepasó; no puede serlo cuando son miles los videos que registran ese modus operandi en todas partes, en todos los países, e incluso no solo contra los manifestantes de raza negra; la represión violenta y los excesos contra la población, hacen parte de las políticas de coerción que el Estado implementa como una forma de contener la rebeldía del pueblo, hace parte del adoctrinamiento de los organismos represivos, que deben utilizar para dejar claro entre la población, que el Estado es el que manda, y que las fuerzas de seguridad son las que tienen el bastón de mando; por sobre ellos, según sus políticas, no puede haber ninguna fuerza superior.

Esas acciones represivas, obviamente tienen que estar acompañadas de la condena oficial por parte del Estado, y la promesa de que se harán las investigaciones correspondientes y que “habrá justicia”. De vez en cuando, claro que tiene que aparecer un sancionado, y hasta uno que otro despedido o llamado a “calificar servicios” para ser sacado como una “manzana podrida”, pero, el accionar no se detendrá, porque es una política de Estado.

Desde otra orilla del problema, mientras se descarga la represión asesina y violenta contra la población, se hacen fuertes campañas de pacificación y llamados a utilizar los mecanismos y métodos pacíficos, a unirse todos como nación, a preservar la democracia, a confiar en las instituciones, a amar su bandera, a conservar la calma, a manifestarse “civilizadamente”. Y todo vuelve al ciclo inicial, pues cuando el pueblo sale a manifestarse, llegan otra vez las mesnadas asesinas a golpear al pueblo, a disolver las manifestaciones, a devolver el “orden público”; siempre hay una justificación para sacar sus bastones, sus gases lacrimógenos, sus tanquetas y sus balas; siempre hay un por qué para lanzarse contra el pueblo.

El asesinato de George, el “gigante amable”, ha desencadenado la furia del pueblo; y no solo de los de raza negra, sino de todas las masas que tras de estar poniendo más del 90% de los muertos por el covid-19, ahora tienen que ver en pantalla como asesinan con tremenda sevicia a un hombre que lo único que buscaba era sobrevivir en este muladar en el que tiene convertido al mundo este asqueroso sistema capitalista de mierda. El pueblo enardecido, sobre todo en Estados Unidos, ha tomado las calles y en asonadas ha expresado de muchas formas, su repudio y condena al asesinato de George pero también contra el sistema.

En las manifestaciones hay que prepararse para el combate callejero

Lo que el Estado está dispuesto a permitir es que la población solamente salga a hacer manifestaciones, a gritar arengas, a sacar pancartas, a hacer concentraciones sin obstaculizar el funcionamiento de su economía, que sean ordenadas y por tiempos cortos; ese es el dogal que está dispuesto a soltar la democracia de los ricos. Aguanten hambre, muéranse; y si quieren hagan desfiles ceremoniosos para expresar sus inquietudes. Pero, la fuerza asesina de la represión estará al acecho, lista para salir a escena tan pronto pase algo diferente. Y claro, siempre pasará.

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Por eso, las masas tienen que pasar de la actitud defensiva, a la ofensiva, no pueden seguir saliendo desarmadas donde es seguro que habrá combates. Más aún, la única manera de poner freno a la represión violenta de los asesinos, es estando listos para la lucha. Los grupos de choque deben encabezar las manifestaciones, y hay que llamar a todos los que salgan a ellas a armarse con palos, bastones, escudos de protección, caretas antigases, etc. Solo así, se puede inculcar temor a las fuerzas represivas y advertirles lo que les vendrá si se atreven a golpear a los manifestantes; prepararse para la lucha, es la única manera de poner freno al terrorismo de Estado.

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El asesinato de George Floyde, el “gigante amable”, merece el mejor de los homenajes, y este no puede ser otro que el de avanzar en la lucha revolucionaria de masas, que los pueblos del mundo se lancen a las calles a tumbar las endebles bases sobre las que aún se sostiene este podrido sistema de explotación, hambre, miseria, asesinatos, destrucción y guerras reaccionarias. En todo el mundo, y hoy se ve muy claro en la propia bestia imperialista de los Estados Unidos, que la fuerza social compuesta por obreros y campesinos está lista para administrar la sociedad y sacar a la humanidad del atolladero del mundo capitalista.

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