La bancarrota del gobierno de los reformistas

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En los 12 años de este tipo de gobierno en la capital, están claras las cosas acerca de su papel.

Mientras el Polo Democrático y Progresistas con sus respectivos Alcaldes, fueron un surtidor de ilusiones para los obreros y las masas, no fue nada distinto a lo que hubiese hecho directamente algún representante de la burguesía.

En materia de vías, de trabajo, de servicios públicos, de salud pública, de niveles de miseria, de incremento del costo de vida, del detrimento de la educación pública, etc., el reformismo no hizo nada sustancial, ni podrá hacer nada, porque este es un sistema donde la ley absoluta de la acumulación capitalista, incrementa el nivel de miseria general; donde el grado de explotación del trabajo se intensifica permanentemente; donde el desempleo y los bajos salarios alimentan las enormes ganancias de los monopolios; donde la delincuencia y el empobrecimiento, son consecuencias del arrinconamiento de las masas, entre otras lacras sociales.

El reformismo en el gobierno es un auxiliador de la burguesía para desinflar la lucha de clases y alejarla de su tendencia a la confrontación directa y revolucionaria y por el socialismo. De ninguna manera, una tendencia política que pretende adornar el régimen de esclavitud asalariada en descomposición, podrá tener éxito. Eso sí es como blanquear una lápida que lleva adentro un cuerpo putrefacto. La vida de los trabadores en un país capitalista oprimido como Colombia, sumido en la crisis económica mundial como dominado, podrá mejorar por la voluntad de los humanistas y reformadores del sistema, por más honestos que sean (de esto si no dan cuentas los de aquí).

La situación social para las masas está más grave que nunca antes, precisamente cuando más capital hay concentrado en Bogotá y más presupuesto está destinado para administrar el gobierno. Que no vengan los reformistas a desafiar a las masas poniéndolas como ignorantes por no votar por Clara y sí por Peñalosa. Ambos, con sus partidos son igual de peores para el pueblo. Además, mientras la burguesía tenga el poder político y económico, cualquier administración será absorbida por la corrupción del Estado y la inoperancia administrativa de sus gobernantes, más aún si son reformistas.

«Así paga el diablo a quien bien le sirve». El Polo Democrático y Progresistas se arrastraron a las masas de sindicatos y asociaciones de masas importantes de la capital, alimentaron una burocracia para perpetuarse en el poder, desactivaron luchas importantes como las de los desplazados o de la juventud, y la burguesía les da una patada cuando ya no los necesita.

El gran cataclismo por la pérdida del poder del reformismo en Bogotá, vendrá para la burocracia que mamaba de las tetas del multimillonario presupuesto de la capital. Esos empleados saldrán despedidos en su mayoría en los próximos meses, para que entre la cuota burocrática del nuevo partido en el Poder. Pero así son las cosas en este Estado y no podrán cambiar mientras la clase obrera no sea la clase dominante. Mientras tanto, para las masas todo seguirá siendo igual o peor. Es por lo anterior que lloran las plumas y cotorras del reformismo, no porque tengan razón del gran servicio que prestó cualquiera de estas administraciones a los oprimidos y explotados.

Solo la vía de la violencia revolucionaria, de la Guerra Popular, de la insurrección de los explotados y oprimidos, de la lucha armada revolucionaria del pueblo podrá contra el poder del Estado capitalista y la violencia reaccionaria de los explotadores. Usar la vía democrática burguesa, amputada y corroída, para conquistar la libertad de los oprimidos, como lo propone el reformismo y el oportunismo, es una invitación a seguir bajo la dictadura de clase de los capitalistas.

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