Fútbol profesional colombiano: hay Circo, pero no hay Pan

Fútbol profesional colombiano: hay Circo, pero no hay Pan 1

Panem et circenses es la forma latina de la frase peyorativa que en español traduce pan y circo; pero, el régimen uribista solo quiere circo para el pueblo y que se muera de hambre, mientras se distrae con su ex amada selección Colombia en eliminatorias al mundial, ya que no pudo desviarse con la Copa América que a partir de este fin de semana comenzó en la convulsionada Brasil, donde tampoco habrá pan para acompañar al circo.

El deporte, como actividad humana, es de las prácticas más recomendadas para la buena salud de la población; igualmente, como práctica competitiva, eleva aún más su calidad y puede considerarse como una forma de hermanar a los pueblos, de unirlos como una sola comunidad y elevar sus lazos de confraternidad sobre la base de una competencia sana entre ellos.

Pero el capitalismo todo lo corrompe, y bajo este sistema de explotación del hombre por el hombre y de destrucción sin límites de la naturaleza, las clases dominantes utilizan el deporte, y en este caso específico el fútbol, como un instrumento al servicio de sus intereses: el régimen criminal convierte al fútbol y a la selección Colombia en circo para adormecer las conciencias de la población y conducirlas por el camino de la pasividad y la resignación. Degradan al fútbol hasta convertirlo en un elixir que envenena, en un psicotrópico que desvía la atención de las masas de lo que está sucediendo en el país y a nivel internacional.

Fútbol y más fútbol para que el pueblo se aliene con triunfos ajenos, mientras miles mueren de física hambre en medio de este circo sin panAnteojeras en las cabezas del pueblo para que desvíe su mirada del hambre, la corrupción, la privatización… y se concentre en la pelota y en gritar los goles, mientras las bandas criminales al servicio del Estado silencian las arengas, las consignas y los alaridos en las barricadas, los puntos de bloqueo y los barrios populares de todo el país.

Pero el pueblo ya no es el crédulo que ellos quisieran; por eso, los últimos días han sido formidables por la manera como las masas han actuado frente a la pretensión del régimen narcoparamilitar. La primera hazaña fue intensificar la lucha callejera para impedir que se realizara en Colombia la Copa América: el pueblo dijo NO, y fue el Gobierno el que tuvo que resignarse. Luego, las masas se llenaron de indignación contra la selección y sus jugadores por la actitud indolente y pusilánime hacia quienes por décadas les han dado tanto apoyo y fuerza; con su silencio cómplice, la selección Colombia cumplió con su papel de instrumento del régimen asesino, por eso la furia del pueblo no se hizo esperar, nada de caravanas de celebración por los triunfos, nada de expresiones de júbilo del pueblo por el rodar del balón.

Si no hay paz, no hay fútbol, fue el grito de guerra de los miles de jóvenes que encabezaron las batallas callejeras a las afueras del estadio metropolitano de Barranquilla durante el partido contra Argentina. En las calles aledañas no se vieron las acostumbradas caravanas con camisetas y banderas para apoyar la selección, lo que había era un fortín resguardado por los perros asesinos del Gobierno para impedir que las masas sabotearan la realización del partido, como lo exigía la realidad del Paro General Indefinido.

Grande pueblo de Barranquilla, mientras en la grama se llevaba a cabo el circo, en las afueras se luchaba por el pan. Los barranquilleros fueron ejemplares al jugar uno de los mejores partidos de su vida, al encabezar una de las mejores goleadas contra el Gobierno asesino y al asestar una bofetada a la selección indolente. Mientras otros deportistas recibieron el apoyo popular por usar su fama para dejar en claro que en política no puede haber neutralidad –o estás con el pueblo o eres marioneta de sus enemigos–, la selección demostró ser servil al Gobierno criminal de Iván Duque.

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