Lágrimas hipócritas ante los “falsos positivos”

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Lágrimas hipócritas ante los “falsos positivos” 1

Los medios le han dado gran publicidad al sainete del expresidente Santos en la JEP “pidiendo perdón” por los llamados falsos positivos. Aunque algunas víctimas y sobre todo los partidos reformistas, se prestan para avalar esa práctica de los gobernantes criminales, se debe dejar claro que tales “arrepentimientos” pidiendo públicamente perdón por los asesinatos contra el pueblo, no son más que lágrimas hipócritas de los representantes de la burguesía, una clase que además de opresora es perversa, indolente y sanguinaria.

Ayer, el ejercicio de Santos en el Ministerio de Defensa del segundo gobierno del capo Uribe, y luego como candidato del uribismo y presidente por ocho años, demuestran el contubernio entre la burguesía tradicional y el régimen mafioso y paramilitar impuesto desde el 2002.

Hoy, las confesiones de Santos ante la JEP, expresan la división de las clases dominantes, división que las debilitan y se convierte en una reserva indirecta en favor del pueblo quien debe aprovecharlas para proponerse con su lucha tumbar el régimen uribista.

Juan Manuel Santos es un jefe burgués representante de la democracia republicana, que para el marxismo es la mejor envoltura política de la dictadura de clase burguesa; mientras que Álvaro Uribe es un jefe burgués representante de la democracia mafiosa que expresa más directa y abiertamente la dictadura de clase de los explotadores, sin renunciar del todo al manto democrático burgués.

La dictadura de los capitalistas bajo la envoltura democrático-republicana embota la conciencia del pueblo y nubla su visión con los espejismos de la igualdad social, de la libertad para todos los ciudadanos, de la paz entre las clases antagónicas, de la participación democrática en el gobierno y el Estado. Mentiras todas respaldadas por los partidos reformistas de la pequeña burguesía.

La democracia mafiosa uribista también encubre la dictadura de los capitalistas con las tradicionales mentiras de la burguesía, pero sobre todo, la ejerce abiertamente con el método de la mafia, el método del terror, el asesinato y la violencia extrema contra la población, de lo cual habla por sí misma la experiencia de la represión al Paro nacional. Por supuesto que el reformismo rechaza estos métodos, pero clama por una democracia (léase dictadura de clase) “más humana”, “más respetuosa de los Derechos Humanos” “más constitucional”.

En verdad ambas formas de democracia burguesa, son en esencia envolturas de la misma dictadura capitalista. Aunque Santos con apoyo de los jefes de las Farc firmó un Acuerdo de Paz cuya trampa es evidente en el asesinato de cientos de guerrilleros desmovilizados, y aunque Uribe no aceptó ese Acuerdo, ambos han sido jefes políticos de las matanzas en la guerra reaccionaria contra el pueblo colombiano; ambos son coautores de las ejecuciones extrajudiciales conocidas como “falsos positivos” tasadas oficialmente por la JEP en 6402, pero que en realidad son muchas más.

La consigna del pueblo en sus manifestaciones políticas y más concretamente en el presente Paro nacional ¡Ni Perdón Ni Olvido!, es una consigna correcta, porque los crímenes cometidos por las clases dominantes no tienen perdón y jamás se podrán olvidar. La revolución del pueblo más temprano que tarde los cobrará, destruyendo el viejo Estado que es su aparato de fuerza y máquina de guerra, y sometiendo a sus jefes al veredicto de los tribunales de la justicia popular.

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